Sebastian Staszewski: “La salida de Xavi salvó a Lewandowski en Barcelona”
Xavi estuvo a punto de romper a Lewandowski… y Flick lo resucitó.

El periodista y escritor polaco Sebastian Staszewski, autor de “Lewandowski: Prawdziwy” (“Lewandowski: el verdadero”), destapa en su biografía episodios desconocidos del delantero del Barcelona, desde la famosa cláusula de goles con el club azulgrana hasta su influencia en los banquillos de Bayern y Barça, pasando por su relación con Xavi y la química con Hansi Flick.
Xavi, la obsesión por ganar
¿Cómo definirías la relación real entre Lewandowski y Xavi? ¿Rivalidad, desgaste, choque de liderazgo?
El mensaje más importante del libro es que Robert tiene una obsesión por ganar. Es algo absolutamente loco. No solo en el campo, también jugando a las cartas, al ping pong, a lo que sea. Para entender sus decisiones y frases, hay que recordar siempre esa obsesión.
El inicio con Xavi fue bueno. Él fue una de las dos o tres personas que apostaron por fichar a Lewandowski, junto a Laporta, Mateu Alemany y Jordi Cruyff. Le llamaba, le apretaba, se reunieron varias veces y Robert pensó: “Sí, es el entrenador con el que quiero trabajar”. La primera temporada fue muy buena, ganaron la Liga y él fue máximo goleador.
Después algo cambió. Robert empezó a tener problemas con la preparación física y con el nivel del staff de Xavi. Venía de doce años en Alemania, donde la cultura del trabajo físico es muy diferente. Con esa obsesión por ganar, comenzó a quejarse: “Estamos haciendo esto de la manera incorrecta, no es suficiente”. No veía reacción y se quejaba cada vez más. Al final de la segunda temporada había muchas emociones negativas, los resultados no eran buenos, Xavi estaba cansado de tantas quejas y Robert, frustrado por su mala temporada y por el juego del equipo.
En mi opinión, si Xavi hubiera seguido, podría haber sido un gran problema para Lewandowski. Laporta me admite en el libro que, en realidad, la salida de Xavi salvó a Robert en Barcelona. La llegada de Hansi Flick le dio una segunda vida, un nuevo espíritu. Fue una temporada increíble, con título de Liga, semifinal de Champions y segundo máximo goleador solo por detrás de Mbappé. Robert no tiene nada contra Xavi como persona y probablemente si se encuentran, se darán la mano y tomarán vino. Pero a nivel profesional, llegó a la conclusión de que ya no era un entrenador que pudiera garantizar éxito. Y esa forma de presionar cambios de entrenador es algo que ya hizo en Bayern o en la selección de Polonia. Es típico Robert Lewandowski.
La cláusula de los 2,5 millones
En el libro cuentas que el Barça pidió a Lewandowski que dejara de marcar para no pagar un bonus al Bayern. Desde tu perspectiva, ¿se compromete la integridad deportiva al pedir algo así a un jugador?
Cuando escuché por primera vez esa historia, me sorprendió. No es algo que pase cada día, y menos en un club tan grande como el Barcelona. Pero soy realista y recuerdo perfectamente la situación financiera del Barça en aquellos años, era una locura. Laporta tenía un desafío enorme para mantener al club en la élite a nivel económico y el fichaje de Lewandowski fue un reto casi milagroso.
Gavi me dijo: “No creía que fuera a suceder hasta que llegó al Barcelona”, por los problemas financieros. Entiendo un poco al club, ya eran campeones, Robert lideraba la carrera por el Pichichi, quedaban dos partidos y la situación económica seguía siendo terrible. Si podían ahorrarse más de dos millones, dijeron: “Hagámoslo”.
Por lo que sé, no fue una petición directa de Laporta, sino de gente de la directiva. Y no creo que Robert se lo tomara a pecho. Es un tiburón, una máquina de hacer goles. Escuchó la petición, se sorprendió y probablemente dijo: “Sí, sí, por supuesto”. Pero recuerdo esos dos partidos y él lo intentó todo para marcar.
El fútbol no es un cuento de hadas. A veces pasan cosas detrás del telón que sorprenden a los aficionados, pero si llevas tanto tiempo en este negocio, sabes que suceden. Para mí, lo más importante es que nadie en los medios españoles ha dicho que no fuera cierto, no encontré ninguna declaración del Barça negándolo. Y, además, en la tercera temporada Robert superó los 25 goles y el club acabó pagando ese bonus al Bayern. Uli Hoeness dice en el libro que esos 2,5 millones fueron “el regalo más increíble” que pudo recibir de Lewandowski.
“Era un hombre dentro de un cubo de hielo… y en España empezó a derretirse”
Con tantas luces y sombras, ¿se arrepintió alguna vez Lewandowski de fichar por el Barcelona?
No, al contrario. El traspaso al Barça cambió su vida. Si algún día le preguntas cuál fue la mejor decisión futbolística de su carrera, estoy seguro de que elegirá el día en que decidió ir al Barcelona. No solo por fútbol —es doble campeón, semifinalista de Champions, ganó el Pichichi—, sino por la vida en España, el sol, la comida, el mar, la familia, la energía de la gente.
Me contó que le sorprendió muchísimo el comportamiento de Gavi, fue hacia él y le abrazó como un hijo abraza a su padre, algo que nunca había vivido en Alemania, donde la gente es más fría. A veces pienso en ese cambio como un hombre dentro de un cubo de hielo, cuando ese cubo llegó a España, el sol empezó a derretirlo. No sé si se ha derretido del todo, pero seguro que estamos mucho más cerca del Robert “agradable”, no solo del profesional.
También le ayudó el vestuario joven con Ansu Fati, Gavi, Lamine Yamal, Pedri… En sus primeras temporadas él era el veterano, pero ellos le enviaron energía fresca. Le devolvieron el placer de estar en el vestuario, llegar con una sonrisa, escuchar bromas, ver sonrisas jóvenes y pensar: “Es agradable estar aquí”. No se arrepiente en absoluto; da gracias cada día por haber tomado esa decisión.
Flick y Lewandowski
¿Cómo definirías la química actual entre Hansi Flick y Lewandowski en el Barcelona?
Hay dos caras en esa relación. La primera tiene que ver con la mentalidad. Si conoces la historia de Hansi Flick, sabes que, aunque no fue una superestrella como jugador, siempre fue totalmente profesional, decía “no” a las fiestas, descansaba, cuidaba su cuerpo. Robert es igual. Comparten esa mentalidad y hay un respeto total entre ambos.
La segunda es el fútbol. Flick también es un ganador. Lo ganó todo con el Bayern y casi todo con el Barça. Si ve que Robert tiene problemas físicos o técnicos, o que ya no puede jugar 90 minutos como antes, toma decisiones que no son agradables para un futbolista con un ego enorme. Ningún jugador disfruta cuando le sustituyen, pero eso no significa que haya algo malo entre ellos, son dos grandes egos, el entrenador con su plan y el jugador con el suyo.
A veces ves la cara de Robert y está molesto por no jugar todo el partido, pero así es la vida y las decisiones corresponden al entrenador. Estoy seguro de que saben cómo cooperar durante más tiempo y puede ser una de las razones por las que Robert se quede una temporada más en Barcelona. Si hay un técnico capaz de hacerle máximo goleador otra vez, es Flick. No tiene que ser el Lewandowski de 2021 o 2022, puede ser uno nuevo, que corra menos, más inteligente, ahorrando energía, pero que en el área siga siendo un asesino. Siempre que está en el área, puedes esperar goles. La clave es gestionarle bien, y Flick es el hombre adecuado para hacerlo.
“Los jóvenes no son niños… y Lewandowski tuvo que aprenderlo”
Sebastian Staszewski
En el Bayern compartió vestuario con estrellas consagradas y en el Barça, con un grupo muy joven. ¿Cómo le influyeron esos jóvenes?
Lo más importante fue la energía. El inicio no fue fácil, Robert es un tipo exigente y les pedía muchas cosas. El estilo de trabajo alemán es diferente al español y él se sorprendía de que no trabajaran tan duro como esperaba. Pensaba: “Ellos son la nueva generación, tienen que trabajar más, no puede ser que el veterano cargue solo con todo el peso”. Les presionaba: “Chicos, trabajad más, corred más rápido, haced más”. Y ellos al principio reaccionaban: “¿Qué quieres de nosotros? ¿Por qué gritas?”. Laporta me contó que incluso hacían bromas sobre eso.
El punto de inflexión fue cuando llegó Flick. Primero se reunió con Robert y le dijo: “Que tengan 19 o 20 años no significa que sean niños. Mira lo que hacen en el campo, son superestrellas, parte importante del equipo. No puedes tratarlos como niños”. Luego habló con los jóvenes: “Este es Robert Lewandowski. Ha logrado todo en el fútbol. Tenéis que respetarle. Si os presiona, es por su obsesión ganadora. Estamos todos en el mismo barco”.
Desde entonces, el Barça vivió probablemente su mejor temporada en cinco o seis años, con Liga y semifinal de Champions. Ambas partes se entendieron por fin. Si miras hoy al equipo, las celebraciones y comportamientos, ves un grupo muy diferente al de la primera temporada.
“En la élite se vive a 8.000 metros: lo que abajo parece un defecto, arriba es una virtud”
Sebastian Staszewski
Después de este trabajo, ¿cambió tu visión sobre los grandes clubes y las estrellas?
Lo que entendí es que los clubes pequeños y los grandes, en realidad, funcionan igual. Son el mismo organismo, son personas con ideas, con días malos, con fallos. Se cometen errores en el Barça, en el Madrid o en el Bayern igual que en el Getafe o en el Valladolid. Lo diferente es el tamaño, pero todo está ocurriendo de la misma manera. Y lo mismo con los futbolistas. La única diferencia es la presión.
En la élite la presión es inhumana. Wojciech Szczęsny, que conoce a Robert de la selección y ha jugado con Cristiano Ronaldo, Chiellini o Henry, me dijo una frase que me marcó: “Ese tipo de jugadores vive por encima de 8.000 metros, en una zona de muerte donde cualquiera estaría muerto… y ellos siguen ahí”. Era una metáfora perfecta del fútbol de máximo nivel.
Para sobrevivir ahí arriba no puedes ser “normal”. Necesitas ser un fuera de serie, casi una máquina. Y eso vale para todos, jugadores, entrenadores, presidentes, incluso empleados. La presión es tan brutal que moldea la personalidad.
Por eso en el libro aparecen escenas que, vistas desde abajo, parecen mal comportamiento o falta de empatía por parte de Robert. Pero cuando cambias la perspectiva y miras desde “esos 8.000 metros”, entiendes que muchas de esas actitudes no solo son comunes, sino que son necesarias para mantenerse ahí.
El propio Lewandowski me lo reconoció: “Quizá tuve un problema con la empatía, pero no estoy seguro de si estaría donde estoy sin esos problemas. Lo que en la vida normal eran desventajas, en el fútbol eran ventajas”.
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