Recusar a un árbitro, el poder de los clubes
Hasta la temporada 1985-86, los equipos españoles podían decidir que algunos colegiados no les arbitraran durante esa temporada. El Barcelona tuvo a Guruceta recusado más de una década.


Las polémicas con el arbitraje son cosas que, semana a semana, tienen protagonismo tanto en el fútbol actual como en el de antes. En el fútbol del siglo XX se utilizaron varias formas para evitar problemas, aunque, como se puede ver en la actualidad, sin éxito.
Desde los primeros años de la Liga y hasta la temporada 1985-86 existió la recusación, un sistema por el que los clubes tenían derecho a elegir una serie de colegiados que no podrían arbitrarles durante esa temporada. Con el sistema de recusaciones, el caso más paradigmático es el de Guruceta Muro. Este colegiado fue recusado por el Barcelona durante más de una década, tras un penalti pitado en contra del equipo azulgrana frente al Real Madrid.
Fue el caso más mediático, pero no el único. De hecho, era algo habitual; incluso en una temporada llegaron a estar recusados por algún equipo todos los árbitros del curso menos uno. Los clubes facilitaban a la Federación sus árbitros recusados antes del inicio de la temporada y, durante esa campaña, no se cruzaban con ellos en el césped. La desaparición de las recusaciones fue una reivindicación de los colegiados durante varias temporadas, hasta que se retiró definitivamente en la 1985-86.
Después llegó la coloquialmente conocida como la nevera, que era el castigo para los colegiados tras una actuación polémica y consistía en no arbitrar durante una serie de jornadas. Al igual que ocurría con las recusaciones, estas sanciones no eran públicas.
No obstante, rara era la temporada en la que los medios de comunicación no sacaran un listado —si no exacto, sí muy aproximado— de los árbitros que tenían alguna recusación. Habitualmente aparecía en los dos primeros meses de competición.
Pero si había debate tras la actuación de los colegiados, también lo había en la designación de los árbitros para dirigir los partidos. En los primeros tiempos, la designación era a dedo, es decir, los responsables decidían el colegiado que iba al partido con los únicos condicionantes de que no fuera de la misma región y no estuviera recusado por ninguno de los clubes implicados.
Este método fue ampliamente cuestionado y, por ello, en la década de los noventa se probó el sorteo. La idea era evitar que la elección estuviera condicionada por los encargados de designar. Sin embargo, las críticas se centraron en otro punto: el árbitro asignado podía no estar a la altura del partido que tuviera que dirigir, ser inexperto o ser un colegiado al que un club considerara perjudicial por sus decisiones en el césped. Teniendo en cuenta que las recusaciones ya no estaban activas, las polémicas semanales seguían muy presentes.
Ante estas críticas persistentes, se decidió volver a las designaciones y suprimir el sorteo. En esta nueva etapa apareció el caso Negreira, que volvió a desatar las suspicacias sobre las designaciones tal y como las conocemos. Aunque, en la actualidad, se están empezando a introducir cambios. Uno que ha sucedido esta temporada es la desaparición de la limitación geográfica; es decir, un colegiado andaluz ha podido dirigir un derbi sevillano, algo que hasta ahora no estaba permitido.
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En definitiva, en el mundo del arbitraje del fútbol las cosas han evolucionado como el propio deporte, pero hay una que se mantiene inalterable: los lunes continúan los encendidos debates de los aficionados sobre la actuación del árbitro que dirigió el partido de su equipo. Bueno, de uno solo no… ahora también está el árbitro de VAR.
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