Manolín Bueno, el suplente de la eterna sonrisa
Falleció el pasado sábado 7 de febrero a la edad de 86 años. “En el Real Madrid era medio equipo. Estando él, sobraban tres jugadores”, dijo Di Stéfano sobre Bueno.


El bar ‘La escalerilla’, en las inmediaciones del estadio Nuevo Mirandilla, en Cádiz, solía ser parada habitual para Manuel Bueno (Sevilla, 5 de febrero de 1940), fallecido el pasado sábado 7 de febrero a la edad de 86 años. El exfutbolista solía pasarse de manera habitual, donde se pasaba horas y horas atendiendo a cualquiera que quisiera saber cualquier detalle concreto de sus cerca de 13 años vistiendo la camiseta del Real Madrid, donde llegó en 1959 y no se iría hasta 1971… siempre a la sombra de Paco Gento, la ‘Galerna del Cantábrico’: “Es que era el mejor extremo izquierdo del mundo. En nuestra época no había facilidades para irse y Bernabéu nunca me dejó marchar. El Barcelona, muchas veces, el Sevilla o el Valencia, cuando lo entrenaba Di Stéfano, me querían todos los años. Tuve hasta una oferta del River Plate. Pero nada”, decía en una entrevista.
Pero comencemos desde el principio. Manolín Bueno mamó el fútbol desde la cuna. Su padre fue Manolo Bueno, portero del Sevilla que llegó a jugar la final de Copa de 1939 entre el equipo sevillista y el Racing de Ferrol en Barcelona. Del Sevilla fue traspasado al Cádiz, club en el que también ejerció de masajista del equipo amarillo cuando colgó las botas. Incluso vivía dentro del estadio, en una vieja casa. Allí comenzó Manolín Bueno a despuntar con una pelota en sus pies.
En mayo de 1959 fue traspasado al Real Madrid, que pagó 1,2 millones de pesetas por sus servicios. Apenas contaba 19 años de edad. Su primer sueldo fue de 5.000 pesetas con una ficha de 125.000 pesetas. Lo ficharon como el relevo de Paco Gento, pero… “Lo primero que me dijeron cuando llegué fue que aprendiera de Gento. Y yo, que era feliz sólo con estar allí, me tiré aprendiendo 12 años”. Apenas jugó partidos, con cuentagotas debido a que en aquella época el reglamento no permitía las sustituciones como ahora, pero donde brillaba era en los partidos de los jueves. ¿Qué era eso? Antes de que se implantara la semana inglesa (así la definían la gente de la época), en la que se trabajaba los sábados y se descansaba el domingo y los jueves por la tarde. Ese detalle lo aprovechaba el Real Madrid para organizar un partidillo semanal donde brillaban los suplentes y algunos jugadores que salían de lesión. Esos partidillos los jugaban los equipos del sur que tenían partido en el norte y los equipos del norte que viajaban al sur. Como solían parar en Madrid, se enfrentaban al equipo blanco para no perder entrenamientos. Y allí volaba Manolín.
Su momento culmen con la camiseta del Real Madrid llegó en un amistoso ante el Manchester United. Tras la tragedia de Múnich en la que murieron 23 personas, siendo 9 jugadores ingleses (ocho fallecieron en el acto y Duncan Edwards lo hizo semanas más tarde) en un accidente de avión, el propio Santiago Bernabéu organizó una serie de partidos amistosos, a los que denominó la Copa de la Amistad, dos a jugar en cada estadio, para que el conjunto inglés pudiese tener recursos con los que relanzar su equipo. Las fechas elegidas para los dos primeros fueron el 1 de octubre y el 11 de noviembre de 1959. En el primero, el Madrid se impuso 1-6. En el segundo brilló sobremanera el bueno de Manolín: con 2-3 en el marcador favorable a los Red Devils, en el descanso Bernabéu bajó al vestuario y santiaguinó: “Hay directivos ingleses que se están riendo de su juego. De ustedes”. El primero en calar el mensaje fue Bueno, que lideró a los blancos: marcó cuatro goles para voltear el resultado y dejarlo en un llamativo 6-5.
Di Stéfano: “En el Real Madrid era medio equipo. Estando él sobraban tres jugadores. Como él no ha habido nadie en el fútbol. Era un profesional completo. Se vaciaba en el campo porque vivía el deporte y siempre quería ganar. Fíjese. Cuando nos jugábamos algún título contra el Barcelona, se concentraba sin que nadie le obligara a ello. Decía que teníamos que ganarle a los azulgrana. Se quitaba el tabaco, comía arroz blanco para rebajar kilos y se cuidaba como un bendito para estar en forma. ¿Y sabe lo qué pasaba? Que le ganábamos al Barcelona”
“Sí que tuve ofertas. Por la temporada 1964-65 me vinieron a buscar del Torino. Fue antes de que se marchara Luis del Sol a la Juventus. Y no me dejaron. Se fue Santisteban al Torino y luego al Venecia. Osterreicher estaba en el Torino y sabía de mí. Luego vino River Plate y entabló conversaciones para ficharme, pero acabó marchándose Pepillo”. También equipos españoles como el Barcelona el Sevilla, el Valencia… “¿El Barcelona? También. Durante muchos años pujó por mí. Recuerdo una reunión que mantuvimos en la sede del club. Estábamos Santiago Bernabéu, César, Miguel Muñoz y yo. Había mucho dinero por medio, pero el presidente dijo ‘No’. Luego, Muñoz me dijo en privado: “Si vas al Barcelona y juegas diez partidos seguidos, me echan a mí y al presidente. Espero que lo entiendas”. Yo lo que quería es jugar. Pero entonces éramos esclavos de los clubes. Te subían el 10% de sueldo y no podías salir. El famoso derecho de retención”, decía con aire apesadumbrado.
En 1986, ya retirado, y con negocios en Sevilla (tenía una fábrica de productos de limpieza), el club hispalense le pidió un favor: necesitaba jugadores para reforzar su plantilla, y las relaciones no eran las más favorables entre los dos clubes. Ni corto ni perezoso viajó a la capital y pidió una reunión con Ramón Mendoza. Con el dirigente blanco trabó una buena amistad, consiguiendo la cesión de Cholo por una campaña, aunque luego el delantero burgalés militaría en el equipo blanquillo hasta 1990.
Las ironías del destino quisieron que, tras haber esperado mucho tiempo a la sombra de La Galerna del Cantábrico, el mismo día que le comunicaron que no contaban con él... “También me lo dijeron a mí. Lo que es la vida”. Fue al término de la temporada 1970-1971, la campaña que acabó con la derrota ante el Chelsea en la final de la Recopa. Antiguamente, Bernabéu solía renovar a la plantilla siempre que se ganaba un título. Pero aquel curso no se ganó nada. Bernabéu zanjó el asunto renovando a la plantilla. Sus dos miembros más veteranos fueron de los primeros en salir: Paco Gento y Manolín Bueno.
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Una queja: Una vez abandonado el Real Madrid y tras pasar por el Sevilla, formó tándem con Enrique Mateos como entrenadores del Cádiz, con el que lograron ascender a Primera División. Pero en su debe quedó una queja amarga: pese a militar 12 años en la plantilla blanca, no tuvo partido homenaje, algo que se solía hacer antiguamente. Nunca lo expresó de manera crítica, pero él se mostraba dolido: “Creo que el Real Madrid no debió creerlo conveniente. Esto de los homenajes me supongo que es una cosa opcional del club, pero cuando se llevan más de diez años en él… Es extraño porque se lo han hecho a todos. No es mi estilo quejarme, pero me duele estar discriminado. En fin…”.
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