Barcelona

Lo que se ve menos de Ferran

El valenciano lleva un gol en los últimos diez partidos de Liga y Flick admitió que está en una crisis de confianza. Sin embargo, valora otras muchas cosas que le da y que son claves en el juego y en el vestuario.

Ferran Torres, con Flick hace unos días en un entrenamiento.

 

FERRAN TORRES 
Hansi Flick
RODOLFO MOLINA
Juan Jiménez
Redactor Jefe
Redactor jefe de AS. Fue colaborador en AS (2000-04) y, después de pasar por Málaga Hoy, regresó como jefe de Sección en Málaga. Delegado de Andalucía entre 2009 y 2012, colaboró en la integración digital-papel de AS en Madrid. Cubre la información del Barça y la Selección de baloncesto. Tres Juegos Olímpicos. Colaborador de SER, Canal Sur y Gol.
Actualizado a

No son buenos días para Ferran. Pese a que sus cifras generales de la temporada (16 goles) continúan siendo buenas (mejores, por ejemplo, que las del deseado Julián Álvarez y sin penaltis), lleva ocho partidos sin marcar, concretamente desde el 31 de enero en Elche. En las últimas diez jornadas de Liga, apenas ha hecho un tanto. Su rendimiento cayó desde el fantástico hat-trick que le hizo al Betis y una pequeña lesión muscular le frenó en pleno vuelo. ·El mismo Flick ha admitido que el valenciano atraviesa una pequeña crisis de confianza.

Las rachas son un clásico de los goleadores. Ferran es, básicamente, el mismo que marcó 11 goles en las primeras 15 jornadas de Liga. Momentos en que ven la portería como una piscina, momentos en que la proyectan como una de hockey patines. “Es el primero que se exige”, admiten desde su entorno. Ferran también es uno de los jugadores que más han estado en el disparadero en el entorno azulgrana desde que llegó del Manchester City. El precio que el Barça pagó por su traspaso, unos 55 millones, le puso en la diana desde el principio. Señalado por muchos, su estatus se lo ha ganado a pulso.

Físicamente, y pese a la última lesión, Ferran se siente al cien por cien, según fuentes cercanas al delantero. De hecho, en San Mamés fue uno de los jugadores que produjo cierto peligro en la primera parte. Un balón atrás que tal vez debió rematar, un taconazo que estuvo cerca de ser un golazo y un balón de Lamine al filo del descanso al que no llegó por poco. Como nueve del Barça, Ferran es el primero que sabe que debe dar más. De ahí, seguramente, cierto bloqueo mental en este momento concreto con el gol. Sin embargo, Flick no le ha perdido la fe al jugador. De hecho, valora otro trabajo invisible, el sucio. Ser básico en la presión, arrastrar jugadores para hacer aclarados, generar espacios, asistir como el pasado martes en el penalti provocado por Pedri. El valor real de Ferran va más allá de sus goles. Y eso lo sabe Flick.

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Abierto el debate sobre el sucesor de Lewandowski, el gran público insiste en pensar en nombres mediáticos. Sin embargo, Deco ha tenido en el Madrid un buen ejemplo de lo que pasa cuando se juntan varias vedettes en el mismo equipo. Para el ecosistema de un vestuario, Ferran es un jugador valioso. Transmite buen ambiente, no vive sólo de cifras y sabe correr para otros. El fútbol de extremos, bandas y presión que ama Flick requiere compromiso innegociable. Con jugadores como Lamine más dedicados a tareas exclusivamente ofensivas, su papel es más importante de lo que parece. Por supuesto, ser delantero centro del Barça exige goles, pero estar en un grande en el fútbol de estos días también exige otras cosas que no se ven.

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