Laporta se va para volver: de las lágrimas de Messi a Flick
Viaje por el primer mandato de la segunda etapa del dirigente, que ha dimitido este lunes. Prácticamente defenestrado después de su tercer año, la llegada de Flick y la explosión de Lamine le han levantado.


Joan Laporta ha dimitido este lunes como presidente del Barça. Su paso a un lado antes de presentarse a la reelección en los comicios del 15 de marzo cierra un primer mandato vertiginoso en su segunda etapa como presidente, que por un momento pareció un camino a la perdición hasta que la llegada de Flick lo convirtió en esperanza de futuro. Cinco años de viaje que comenzaron con las lágrimas de Messi y terminan con un equipo que defiende los títulos de Liga y Copa, busca recuperar la hegemonía de Europa y presume de uno de los mejores jugadores del mundo, Lamine Yamal, que no es patrimonio de su presidente sino de La Masia, pero al que ha tenido la fortuna de ver debutar desde el palco. El Barça anunció este lunes la dimisión de Laporta, que se marcha con nueve directivos más: Elena Fort, Antonio Escudero, Ferran Oliver, Josep Maria Albert, Xavier Barbany, Miquel Camps, Aureli Mas, Xavier Puig y Joan Soler i Ferré. Sí se quedan otros siete directivos (el mínimo, según estatutos seis). Rafael Yuste se queda como presidente en funciones. Josep Cubells, de vicepresidente y secretario y Alfons Castro, de tesorero. También siguen los directivos Josep Ignasi Macià, Àngel Riudalbas, Joan Solé i Sust y Sisco Pujol.
El por el momento ex presidente del Barça atendió a los medios de comunicación tras la reunión para asegurar que se van “con el orgullo de que el Barça está mejor que hace 5 años. Hemos tenido que tomar decisiones difíciles y, a la vista de cómo ha ido todo, nos vamos orgullosos de las decisiones que hemos tomado. Algunas han sido muy dolorosas, pero todas han sido para proteger al club o porque pensábamos que eran lo mejor para el club”. Laporta hizo especial hincapié en el esfuerzo y lo arriesgado que fue “tirar para adelante el nuevo Spotify Camp Nou. Ha sido una decisión muy acertada y, a la vista del momento en el que estamos, de retorno al estadio y de la vuelta a casa, nos llena de orgullo porque no era nada fácil en el momento en el que el club se encontraba, pero la fuerza del Barça y del escudo es enorme. Es el proyecto patrimonial más importante de la historia del club y hoy ya es una realidad que nos ha permitido ganarnos la credibilidad de los inversores, de los socios del Barça y del mundo del fútbol”.
Cinco años dan para muchas emociones, pero nadie pensó que comenzasen con un episodio tan impactante como el adiós de Leo Messi en el verano de 2021. “Yo hice todo lo que pude por seguir; no sé si el club lo hizo”, se despidió el argentino entre lágrimas. Enfrascado en conversaciones con Javier Tebas, presidente de LaLiga; y Ferran Reverter y Mateu Alemany, los que fueron sus personas de confianza al inicio, Laporta llegó a la conclusión de que no podía encadenarse a un acuerdo con CVC y, como todavía no había puesto en marcha las famosas palancas, dejó marchar al mejor jugador de la historia del club. “Puse por delante al club”, se excusó el presidente, que no esconde cómo entiende su mandato. “Soy personalista; sí. Porque me mojo, me gusta tomar decisiones. Me mojo y doy la cara, lidero al Barça con pasión”.
El primer año de su mandato estuvo marcado por el adiós del argentino. Sin confianza en Ronald Koeman, el equipo navegó sin rumbo hasta que terminó por destituirlo. Llegó Xavi, a quien pasó de ver verde para entrenar al primer equipo a entregarle las llaves del Barça. El de Terrassa lo recuperó. Reforzado por futbolistas como Ferran, Aubameyang, Adama o Alves, terminó segundo en LaLiga y anticipó una feliz temporada 2022-23. En diciembre de 2021, mientras, vio luz verde definitiva la reconstrucción del Spotify Camp Nou. Más de un 80% de los socios lo aprobaron en referéndum.
Presionado por el mal rumbo del equipo y los éxitos del Madrid, Laporta puso toda la carne en el asador en el verano de 2022. Vendió el 10% de los derechos audiovisuales del club hasta el año 2047 a Sixth Street y se hipotecó para contratar, entre otros, a Lewandowski, Koundé y Raphinha. A corto plazo, tuvo éxito. Conquistó la Supercopa y LaLiga, pero presionó aún más económicamente a un club que ha estado cinco años bajo la soga del fairplay financiero al punto de convertir en un serial cada periodo de inscripción, con el surrealista capítulo de Dani Olmo como guinda.
En febrero de 2023 le explotó el caso Negreira, desvelado por SER Catalunya, en el que se reveló que la Fiscalía investigaba pagos continuados entre 2001 y 2018 al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros, José María Enríquez Negreira. Laporta lo justificó en informes arbitrales de su hijo, Javier Enríquez, y lo escenificó en el Auditori 1899 con un montón de cajas en los que estaban los supuestos dossier que se habían encontrado. Otros habían sido destruidos.
Puesta en marcha la reforma del Camp Nou, el Barça se exilió al Lluís Companys en la temporada 2023-24. Deportivamente, la cosa fue un desastre. Deco entró en la dirección deportiva y Xavi perdió apoyos. Se fueron Mateu Alemany y Jordi Cruyff, al técnico no le trajeron los refuerzos que había pedido sino parches (los Joãos, Vitor Roque..). Empezó a resultar evidente que Laporta había perdido la confianza en su entrenador, que dimitió primero para luego decirle a su presidente que se quería quedar en la famosa noche del sushi. Semanas después de anunciar en una rueda de prensa conjunta que Xavi seguía, Laporta lo despidió cansado de ver al equipo perder los papeles en el césped y de que el entrenador exigiese la marcha de vacas sagradas como Robert Lewandowski. A día de hoy, la relación con otro de los mitos del club sigue rota. En el proceso, también jugó un rol relevante Alejandro Echevarría, consejero del presidente y sin el que no se pueden entender los cinco años de mandato de Laporta. La marcha de los ejecutivos le permitió ir amasando poder hasta el punto de haber dominado, sin cargo, la parcela directiva, deportiva (le une una magnífica relación con Deco), y el vestuario, del que maneja toda la información gracias a la buena relación con algunos pesos pesados del equipo.
En el verano de 2024, y a dos años de las elecciones, Laporta parecía en un callejón sin salida. Más allá de la feliz aparición de Lamine Yamal, la plantilla parecía tener muy poco valor deportivo. La remodelación de Spotify Camp Nou, con la controvertida elección de Limak como constructora, empezaba a acumular retrasos. Económicamente, no había señales de recuperación. Al contrario, el club se había visto obligado a depreciar el valor de Barça Vision y seguía con problemas de inscripción pese a que Laporta se empeñaba en el mantra del “no estamos en el 1:1 porque no queremos”. Socialmente, habían empezado a agravarse los problemas con la Grada d’Animació, que terminó por ser expulsada en otoño. Un caso que aún no se ha resuelto. La oposición empezaba a moverse con fuerza. Sí al Futur, Som un Clam, Nosaltres. Plataformas con Víctor Font o Joan Camprubí a la cabeza; listos para intentar derrocarle.
Hasta que, por arte de magia, apareció Hansi Flick. Como si estuviera tocado por una varita mágica, en alemán empezó en convertir en oro cada jugador que tocaba. Con sólo dos fichajes (Olmo y Szczesny cuando se lesionó Ter Stegen), devolvió al Barcelona a la vanguardia del fútbol. Un equipo deslumbrante en el que casi todos sus futbolistas (Koundé, Iñigo, Balde, De Jong, Lewandowski, Raphinha, Pedri) resultaban mejor de lo que parecían; y a los que añadió el valor de canteranos como Cubarsí, Fermín, Casadó, Bernal; y la explosión definitiva de Lamine.
Noviembre de 2024 no vio el regreso al Spotify Camp Nou como estaba previsto, pero sí la renovación con Nike después de idas y venidas en las conversaciones (al punto de que el club llegó a fabricar ropa de marca propia que ahora está en un almacén) y flirteos con Puma. Según Laporta, el mejor contrato de patrocinio de la historia del fútbol, que en algún momento llegará a suponerle 155 millones por temporada. Además de la firma con Nike, el club pareció tocar el 1:1 con las manos después de la venta del 5% de los asientos VIP que comercializará en el futuro Spotify Camp Nou por 100 millones de euros. Sin embargo, la consultora Crowe Global no dio por bueno el acuerdo y LaLiga le mantuvo fuera del 1:1. Eso ha obligado al Barça a buscar nuevos recursos económicos en los que Laporta ha enterrado alguno de los valores de los que presumió (UNICEF. ACNUR), priorizando la firma de patrocinios con países de altos niveles de corrupción (Congo) y la creación de Ciudades Barça en los Emiratos Árabes.
El exilio en Montjuïc, sin embargo, terminó en fiesta. El Barça le ganó LaLiga en casa al Madrid. Y, de paso, la Copa en Sevilla y las dos últimas Supercopas de España en Yeda. Además, y después de dos años y medio fuera del Spotify Camp Nou, regresó a casa en noviembre en un partido contra el Athletic Club. Pronto tendrá la licencia 1C en marcha, lo que le permitirá mantener un aforo de 60.000 personas hasta que esté lista la tercera gradería. En los últimos días, Laporta ha intentado firmar la paz con los grupos de animación para ganar favores electorales. Y, como guinda, ha anunciado oficialmente que se baja del tren de la Superliga para romper lazos con Florentino Pérez. “No nos sentíamos cómodo”.
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Laporta dimite con un club aparentemente en vías de recuperación, pero también con goteras económicas (sigue sin estar en la regla 1:1) sociales (acuerdos controvertidos, problemas con las peñas, retrasos evidentes en la construcción y concesión de permisos en el Spotify Bamp Nou) y de imagen (el caso Negreira). Laporta se marcha, pero está convencido de que el próximo 15 de marzo el socio volverá a darle la confianza para arrancar su último mandato.
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