La ultra rivalidad que nació en una botella de whisky
Aquella tarde del Calderón en 2006, el Atlético se convirtió en uno de los equipos más odiados por el Sevilla. El pobre momento nervionense ha descafeinado las rencillas.


Aquel gol de Moyá en propia puerta, Jesús Navas en realidad había centrado, sirvió para eliminar al Atlético de Madrid camino de la última final de Copa del Sevilla, que perdería ante el Barcelona y precisamente en el Metropolitano, durante 2018. A día de hoy, con este Sevilla de mínimos, no apuntan a quedar ni los rescoldos de ese pique entre dos equipos que durante el siglo XXI, avivado todo por la llegada al club colchonero del ‘puente’ Diego Pablo Simeone, han competido por objetivos parecidos.
El Atleti consiguió dos Ligas con el Cholo, y llegó a dos finales de Champions. El Sevilla se convirtió en indiscutible rey de la Europa League, competición europea que ha conseguido también consolar a los rojiblancos, con tres títulos y el último ese año precisamente, en 2018. Siete entorchados del segundo torneo continental poseen los sevillistas y hoy, con el club en plena descomposición, hasta parece mentira. Y eso que ganaron el último casi ayer, en 2023.
Nunca antes fue el Atlético un equipo especialmente odiado en Nervión hasta aquel 23 de marzo de 2006 en el que el guardameta Andrés Palop fue agredido con una botella de whisky desde la grada del Vicente Calderón. El malogrado Antonio Puerta acababa de anotar el gol que decidiría el encuentro (0-1) y el incidente provocó la suspensión temporal del partido por parte del árbitro Ayza Gámez. La tensión se cortaba en las gradas.
“La rivalidad del Sevilla con el Atlético de Madrid se gesta en precisamente en partidos así. Son equipos que estaban instalados arriba y evidentemente cuando se vio el crecimiento de Sevilla, se hizo la competencia”, llega a afirmar el gran ex portero valenciano.
Simeone, técnico e ídolo eterno en el Metropolitano ya, aterrizó y jugó dos años en el Sevilla antes de decidir marcharse al Manzanares. Pero nunca ha tenido malas palabras para el equipo de la casta y el coraje, todo lo contrario: siempre se le nota el cariño que le guarda al club que lo fichó del Pisa, en 1992, a cambio de 160 millones de pesetas (algo menos de un millón de euros) de la época.
A pesar de ello, en menos de dos décadas el Atlético se ha convertido en uno de los equipos más odiados entre los sevillistas. Afición quijotesca en algunos aspectos, no pocos aficionados nervionenses han llegado a maldecir más a los rojiblancos que al Real Madrid y al Barcelona, y casi al nivel del eterno rival, el Betis.
“Esa Copa del Rey que le ganamos en Barcelona fue la gota que colmó el vaso. El Atlético acababa de ganar la UEFA y que el Sevilla les quitara un título hizo que esa rivalidad se acrecentara”, añade Palop para revelar otro de los momentos clave en este antagonismo, la final de Copa de 2010 en el Camp Nou. Un Atlético con Agüero, Forlán y hasta el mito sevillista José Antonio Reyes sucumbió ante los goles de Navas (otra vez él) y Diego Capel.
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Desde entonces, y es verdad con gran hegemonía madrileña, se han peleado Sevilla y Atleti por el 4º puesto de LaLiga y también por algunos finales/títulos que quedaban. Curiosamente, los de Diego Pablo Simeone pueden volver a levantar la Copa de nuevo, 13 años después de su último título de esta índole, en tierras sevillanas. Dentro de algo más de una semana, en La Cartuja. Pero aquella enemistad, por mucho que este sábado en el Sánchez-Pizjuán haga falta ‘un favor’ rojiblanco, seguramente no se perderá para siempre.
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