La mitad de Casadó
El centrocampista cerró 2024 como una pieza angular del Barça de Flick. Fue perdiendo protagonismo y ha jugado poco estos meses. El técnico le respaldó en verano. Su futuro depende de él.


Como casi siempre cuando son significativos, los números son devastadores en el caso de Marc Casadó. Gran sorpresa de la temporada pasada, en la que llegó a debutar como internacional y se convirtió en un icono popular del resurgimiento del Barça con la llegada de Hansi Flick (aparición incluida en Canaletes), la comparación entre los minutos que sumó en la primera parte del curso 2024-25, y lo que ha jugado desde este agosto de 2025 refleja claramente su pérdida de protagonismo. Desde que empezó la pasada temporada, y hasta diciembre de 2024, había jugado 1.727 minutos de 2.250, un 76%. Este curso apenas alcanza el 36,3% (768’ sobre un total de 2.160’).
Ese 40% menos de participación supone una buena foto del marco actual en el que se mueve Marc Casadó, que sabe que está entre las últimas opciones de Hansi Flick. Más allá de Pedri o De Jong, jugadores intocables, el alemán ha preferido claramente a Eric Garcia como pivote. Lo ve como un jugador más estable. Flick valora su despliegue físico, intensidad y compromiso, pero considera que, en ocasiones, esas mismas ganas son las que le devoran. Quiere acudir a demasiados sitios y pierde la posición. Le reclama más calma. Pero no es sólo Eric. En cuanto ha adquirido algo más de tono físico, Bernal también le ha pasado por delante. Y de baja está todavía Gavi…
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En los últimos partidos, y condicionado por la ausencia de laterales derechos, Flick le ha probado en una posición que no le es del todo extraña al catalán, pero en la que ni el entrenador le veía. “Lo miro más como un ‘6’ o un ‘8’”, dijo un día en sala de prensa cuando le preguntaron por la posibilidad de ver jugar a Casadó en el carril. Alguna bombilla se le encendió en forma de conversación con el jugador, porque al día siguiente se le vio ahí en Guadalajara. Con contrato hasta 2028, Marc Casadó será quien decida su futuro. Flick le protegió en verano. “Él no quiere irse y yo no quiero que se vaya”, dijo a finales de agosto, cuando se rumoreó una posible salida aprovechando el cambio de representante de Casadó, cercano ahora al entorno de Jorge Mendes. Casadó no es de lo que restan: y a Flick le gusta el buen rollo que transmite. Ha sabido asumir sus limitaciones y su rol, pero también ha crecido como jugador. Tiene 22 años, un valor de mercado de 25 millones de euros y opciones que elegir (algún club de la Premier le sondeó en verano), pero está ante un debate clásico pero interesante. Podría ir a muchos clubes, pero seguramente en ninguno tenga la situación de confort del Barça: el club de su vida, recambio de urgencia capaz de cumplir y el cariño incondicional de la gente. Sólo él puede pesar esa balanza.
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