La eterna rebelión de Brahim
Se apuntó la asistencia a Valverde, agitó desde una nueva posición y lideró en ocasiones creadas: siete. En el apagón general ante el Girona, el malagueño fue de las pocas luces blancas.

Siempre a contracorriente, pero siempre, tras remar y remar, llega. Es la rebelión de Brahim. Una eterna. Que le llevó a pasar de actor terciario a principal. A ser titular en seis partidos consecutivos en 29 días. Después de haberlo sido solo cuatro veces en 194. Un impás donde el paso por el sofá gris le cambió. Donde, tras reconocer Arbeloa públicamente que merecía más, jugando multiplicó ese merecimiento.
Como mediapunta o como ‘falso nueve’. Llámenlo como quieran. En definitiva, como compañero de Vinicius. Pero con el regreso de la caballería (Mbappé), le tocó redefinir su estatus. A ser el jugador número 12. Pasó ante el Bayern. Pero ayer, de nuevo titular, en lugar de bajar los brazos, se rebeló contra su destino. Otra vez.
Para dejar claro que no es unidimensional. Que puede ser martillo y también violín. Que puede rendir como falso estilete, como conector, pero también como futbolista de banda. Ante el Girona, fue su hábitat. La izquierda, concretamente. Aunque con bastante libertad para pisar pasillos centrales. Y brilló. “Le pido que arriesgue, no conformarse con no equivocarse”, le instó el técnico en su momento. Y eso hizo. Incisivo, activo y con claridad de ideas, participó en el tanto de Valverde.
Centenario
Suyo fue el pase previo al zapatazo. Suya fue la asistencia. La séptima de la temporada... y su 14ª en su carrera en Liga. Estadística para celebrar la efeméride: su partido 100 en el campeonato con la elástica blanca. Y no sumó alguna más por falta de tino de Mbappé. Porque le buscó y le encontró. Como un globo filtrado sobre la zaga gironí que Kylian, con todo a favor, voleó a las nubes de Madrid.
Toma y daca
Una más dentro de las siete ocasiones que cocinó el malagueño. Siete pases clave que provocaron el disparo de alguno de su compañeros. El siguiente que más generó, Valverde y Vinicius con tres. Un cóctel aderezado con seis centros (también líder), un regate exitoso, cuatro faltas provocadas y 22 pases en el último tercio. Medalla de plata, solo por detrás de los 25 de Vinicius.
Amén de bregar en defensa, algo que su fútbol lleva intrínseco: recuperó dos balones, ganó siete duelos y completó la entrada que intentó. Mordió, generó y aportó claridad. Fue toma y también daca. Y eso, en un Real Madrid gris en general, no es poco. Una declaración de intenciones para Múnich. Pase lo que pase, sea titular o suplente, Brahim seguirá incansable con su rebelión. Una eterna.
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