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El terremoto que viene en los banquillos

Sólo hay seis entrenadores asegurados para la próxima temporada, otros seis acaban contrato y Valverde no seguirá. El Villarreal y los descendidos marcarán el paso.

El terremoto que viene en los banquillos
Siu Wu
Alfredo Matilla
Redactor Jefe
Nacido en Alcázar de San Juan (Ciudad Real, 1982), es redactor jefe. Licenciado en Periodismo, entró en AS en 2005, donde pasó por la sección del Madrid, fue Delegado en Cantabria (2008-2012) y jefe de sección de AS.com (2012-2022). Tras su paso por Relevo, regresó a casa en 2026. Es Máster en Psicología Deportiva y autor del libro 'Por si acaso'.
Actualizado a

Los banquillos del fútbol español penden de un hilo. Por arriba y por abajo. Y como consecuencia de la agitación mundial a la que estamos abocados. Así, la primavera anuncia un terremoto en toda en regla. Un dato resume el estado actual de incertidumbre: únicamente seis entrenadores de Primera, por diferentes razones, tienen su puesto prácticamente asegurado en la Liga para la próxima temporada. Uno más, Ernesto Valverde, ha compartido que no seguirá y el futuro para el resto es una incógnita que dependerá de negociaciones enredadas y, sobre todo, de si se cumplen o no los objetivos. Hasta la Segunda tiembla: cuatro de los seis técnicos en ascenso o Playoff acaban en este mes de junio.

Empezando por el lado optimista de la ecuación, hay que hablar de Hansi Flick, cuyos resultados con el Barça y la victoria de Joan Laporta en las urnas le sitúa a las puertas de su segunda renovación en el Camp Nou. Si el pasado mes de mayo amplió su contrato hasta 2027, ahora el reelegido presidente le quiere ofrecer una campaña más antes de que, como el propio alemán ya ha deslizado, se retire pese a tener aún 61 años. Simplemente están esperando el mejor momento para estrechar otra vez las manos. En ese clima de tranquilidad también se halla Diego Pablo Simeone. Con un acuerdo hasta 2027, tanto el técnico argentino como el club colchonero tenían la opción de ejecutar una cláusula liberatoria este mismo curso, pero ninguna de las partes va a dar el paso. El Cholo, salvo catástrofe y decisión personal, no se moverá del lugar al que llegó en 2011. Las opciones internas de Fernando Torres y Filipe Luis, o las externas de Luis Enrique, Iraola o incluso Marcelino, tendrán que esperar más.

Los otros técnicos que seguirán en sus puestos de trabajo, salvo desplome inesperado, son Manuel Pellegrini, Alessio Lisci, Pellegrino Matarazzo y Carlos Corberán. El técnico del Betis renovó recientemente hasta 2027, retrasando su sueño de dirigir a Chile como colofón a una carrera mayúscula. El italiano está radiante en Pamplona y el director deportivo, Braulio Vázquez, más aún con él. Le resta otro año en El Sadar y no sería raro que pronto lo ampliara. El resucitador de la Real Sociedad, por su parte, firmó hasta junio de 2027 y en muy poco tiempo se ha elevado como todo un ídolo en Anoeta. Si consolida al equipo en Europa y/o gana la final de Copa bien podría ir comprándose pronto una casa en San Sebastián. El técnico del Valencia es, curiosamente y pese a las dificultades que siempre rodean a la entidad che, el que cuenta con el respaldo más absoluto de todos. Y esta confianza va mucho más allá de la fecha de caducidad que ahora mismo conserva (2027). El club quiere que sea el líder en el traslado al Nou Mestalla y todo hace indicar que esa apuesta se oficializará cuando los gritos pasados de “dimisión” se hayan olvidado por completo y se pueda planificar, además, lo que viene sin más sobresaltos.

En las alturas de la clasificación, Arbeloa es el único que no tiene la continuidad asegurada por muy bien que pinte marzo. Se comprometió durante año y medio con el Real Madrid, pese a que nadie lo oficializa, y su porvenir dependerá de lo que sea capaz de hacer su equipo en la Liga donde es segundo— y en la Champions —donde ya espera el Bayern en cuartos y puede que el PSG en unas hipotéticas semifinales—. Cayó en la Copa del Rey de mala manera en Albacete y, pese a que ha recuperado las constantes vitales de una plantilla desfallecida, ahora debe confirmar esa gran mejoría. Si no gana un título, será muy difícil renovar los votos. La historia pesa mucho. Mauricio Pochettino y hasta Unai Emery siguen ahí al fondo, con Klopp autodescartado por completo para un hipotético escenario sucesorio.

La intensidad del terremoto la marcarán, más que nadie, Marcelino y el Villarreal. Ahora mismo, como ya analizó AS hace un par de semanas, las negociaciones de su renovación han quedado totalmente aparcadas hasta junio, mes en el que finaliza la segunda parte de este matrimonio. Nada ha cambiado. Ambas partes ven factible continuar una relación repleta de éxitos con la Champions de nuevo en el bolsillo, pero todos reconocen también que no sería un drama seguir la vida por caminos diferentes. El club castellonense le ofreció un año fijo antes de la eliminación copera ante el Racing (hay fuentes que señalan que más otro añadido si se cumplían unos objetivos; complemento que otras fuentes niegan). Lo que está claro es que Marcelino esperaba más, o sin condiciones. De ahí que las conversaciones se enfriaran. Si acercan posturas, el Villarreal le ofrece dos años y el técnico los acepta, la Liga vivirá más tranquila. Pero si no hay acuerdo, entonces sí que podría haber baile. Más rock and roll que bolero.

El terremoto que viene en los banquillos
Los entrenadores del Atlético, Diego Simeone (i), y del Real Madrid, Álvaro Arbeloa, se saludan antes del derbi. EFE/J.J.Guillén J.J.Guillén

El entrenador que más gusta al Villarreal, por encima de todos los demás, fue, es y será siempre Marcelino. Y sus esfuerzos se centrarán en retenerle. Pero como es lógico, tiene que ir mirando Plan B por si la cosa se tuerce... Y ahí aparecen los dulces donde el resto de presidentes también ponen sus ojos: Míchel (acaba en junio con el Girona, suena hasta para el City y ya estuvo en las quinielas cuando Setién se tambaleaba), Imanol Alguacil (ahora en paro tras su exótica aventura en Arabia), Claudio Giráldez (recientemente renovado con el Celta hasta 2027) o Íñigo Pérez (finaliza en junio en el Rayo Vallecano y le sobran novias de España e Inglaterra). La opción de antaño de Iraola, por su crecimiento en la Premier, su elevado salario y sus planes a largo plazo en clave Athletic, parece ya totalmente olvidada. Por tanto, la onda expansiva de lo que suceda en España dependerá de La Cerámica; entre otras cosas porque Marcelino, de no seguir donde está, también querrá seguir entrenando… Y más allá de lo que le ofrezca el extranjero, ahí está un Athletic donde por ahora suena Edin Terzic (ex Borussia).

Los que viven en el alambre

El descenso también tendrá su incidencia en lo que suceda. Nadie suele atreverse a mantener la fe en un entrenador que baje de la mano de su equipo. Por eso, los contratos firmados ahora por Luis García Plaza (Sevilla, por lo que resta de temporada y puede que una más) y Quique Sánchez Flores (Alavés, 2028) hay que ponerlos en cuarentena. Como los que pactaron en su día Eder Sarabia en el Elche, Manolo González en el Espanyol o Luis Castro en el Levante, todos hasta 2027. Lograr la permanencia es innegociable para todos. Ni qué decir para los otros preparadores que quedan libres en tres meses y no acaban de ampliar: Bordalás (Getafe), Guillermo Almada (Oviedo) y Martín Demichelis (Mallorca). El que más cerca está de continuar es el que inconfundible escudo de Ángel Torres.

Entre las opciones de los entrenadores de la zona baja para aferrarse a sus banquillos también hay que echar un ojo al empoderamiento de los que viene apretando desde Segunda. Las caras nuevas siempre estimulan a los directivos. Sin embargo, pese a lo que podría esperarse, no se esperan grandes amenazas ni sobresaltos. Los mejores técnicos de esta categoría, por ahora, entrenarán en Primera la próxima temporada sólo si ascienden con sus equipos. Si no, complicado. José Alberto tiene contrato hasta 2028 con el líder, y en el Racing no sólo desean que continúe sino que estarían encantados de tocarle por tercera vez el contrato en la élite. Antonio Hidalgo mentiene su futuro ligado al hipotético regreso del Depor a las alturas, como le sucedía a Luis García en Las Palmas. Eso sí, en este caso, con una salvedad: el club canario no quiere esperar más y ya le ha ofrecido la ampliación independientemente de si sube o no. Eso es confianza. Lo que ocurre con Funes (Málaga) y Pablo Hernández (Castellón) es justicia. Acaban en unos meses y se encuentran negociando para recibir el premio que se han ganado.

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Con este percal, las nueve jornadas que restan en Primera y las 11 de Segunda —más su fase de ascenso— serán apasionantes como calentamiento del Mundial. Siempre y cuando, eso sí, que uno no pertenezca al gremio de entrenadores con futuro (que no contrato) indefinido.

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