El regreso de Bordalás a Mendizorroza
José Bordalás vuelve este fin de semana a Mendizorroza, el escenario donde obró el milagro en la 15/16.


Hay estadios que guardan el eco de las hazañas pasadas, y para José Bordalás, Mendizorroza es uno de ellos. El técnico alicantino regresa una vez más a la que fue su casa, un lugar donde su nombre está escrito en letras de oro pese a que la historia tuviera un final tan dulce en lo deportivo como amargo en lo institucional.
Corría la temporada 2015/16 cuando un Bordalás metódico y ambicioso devolvió al Deportivo Alavés a la Primera División tras una campaña impecable. Aquel ascenso fue el fruto de un año de trabajo extenuante, pero el fútbol, a veces cruel, no le permitió disfrutar de la recompensa. Tras lograr el objetivo, el club decidió prescindir de sus servicios antes de debutar en la máxima categoría. Sin embargo, la memoria de la grada de Mendizorroza es selectiva y agradecida: para el “Glorioso”, Bordalás siempre será el hombre que les devolvió la élite.
Un Getafe con el agua al cuello
Pero el romanticismo del reencuentro se verá empañado por la cruda realidad de la tabla. El Getafe llega a Vitoria en una situación crítica, rozando los puestos de descenso y con una necesidad imperiosa de puntuar. Para los azulones, el partido no es solo una visita nostálgica de su entrenador, sino una final anticipada para evitar caer al abismo de la Segunda División.
Bordalás, experto en batallas de barro y máxima intensidad, sabe que Mendizorroza no es un campo amable para los visitantes, y menos para él. A pesar de su conexión emocional con el estadio, los números fríos de LaLiga dictan sentencia: Vitoria se le resiste.
El “mal fario” de las estadísticas
Desde que aquel verano de 2016 saliera por la puerta de atrás del Paseo de Cervantes, el técnico alicantino ha visitado el feudo albiazul en siete ocasiones en la máxima categoría. El balance es, cuanto menos, discreto: una sola victoria, tres empates y tres derrotas.
Siete partidos en los que el esquema de Bordalás ha chocado una y otra vez contra el muro vitoriano. No obstante, hay un clavo ardiendo al que agarrarse para el optimismo azulón: esa única victoria llegó precisamente en su última visita. El técnico parece haber encontrado, al fin, la fórmula para romper el maleficio de un estadio que conoce como la palma de su mano, pero que rara vez le permite llevarse el botín completo.
Más que tres puntos
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El duelo de este fin de semana será una prueba de fuego. Por un lado, la afición local recibirá con aplausos a un viejo conocido al que respetan y admiran. Por otro, el silbato inicial marcará el inicio de una guerra táctica donde Bordalás deberá olvidar el pasado para salvar el presente de su Getafe. En juego no solo hay tres puntos, sino la tranquilidad de un proyecto que necesita aire y el orgullo de un entrenador que siempre quiere ganar donde una vez fue rey.
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