REAL VALLADOLID / CASO VINICIUS

El club reconoce el error al sancionar a un aficionado en el caso Vinicius

Los abogados del hincha demostraron que su cliente no era una de las personas identificadas por las Fuerzas de Seguridad del Estado por los gritos contra el brasileño.

Carlos T. S., aficionado del Real Valladolid, acusado y exonerado de insultar a Vinicius.
Ignacio Bailador
Coordinador de la edición de Castilla y León
Coordinador en Castilla y León, donde lleva trabajando desde 2007, primero como ayudante, después como editor y posteriormente como coordinador, función que compatibiliza con ser el cronista del Real Valladolid desde hace más de 10 años. Su obsesión: que los equipos de Castilla y León tengan visibilidad. Le podrás leer en el tag del Valladolid.
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Las prisas, a veces, no son buenas. El Real Valladolid ha tenido que reconocer que ha sancionado de manera injusta a un abonado del club por los gritos racistas, o insultos, al jugador brasileño Vinicius Junior en el encuentro entre los blanquivioletas y los merengues del día 30 de diciembre de 2022. El club, atendiendo a las identificaciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, sancionó a una decena de aficionados por los insultos y, tras un proceso que ha incluido periodo de alegaciones, los sancionados fueron castigados con la retirada de su abono durante tres años y medio. Además, la justicia les sancionó con una multa de 4.000 euros a cada uno.

Ahora, como adelantó ayer El Norte de Castilla, al menos una de las personas implicadas, Carlos T. S., ha podido demostrar, gracias a sus abogados y a unas fotos de ese día, que él no era una de las personas a las que se acusa de proferir insultos contra el futbolista brasileño por lo que el club “deja sin efecto todas las medidas disciplinarias adoptadas en su día, con carácter inmediato” en un escrito realizado por el consejero delegado del Real Valladolid, Matt Fenaert, con fecha 29 de marzo, pero que se le ha comunicado la semana pasada. De esta manera, el club repondrá en el perjuicio económico sufrido, equivalente al importe de la parte proporcional del abono por los partidos a los que no ha podido asistir.

Una vez eliminada la sanción del club, la familia de este aficionado se enfrenta a la batalla de recurrir la multa de 4.000 euros que le ha impuesto la Delegación del Gobierno, una vez que se ha demostrado que él no era una de las personas identificadas como culpable de insultar al brasileño. No se le acusa de gritos racistas y sí de insultos y lanzar objetos al campo, según ha podido saber As.

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El aficionado, Carlos T. S., explicó hoy mismo en SER Valladolid como fue la secuencia: “En febrero me comunican que tengo que ir al club, que me van a expedientar, yo acudo a las oficinas para ver las imágenes. Yo estaba en shock, pero tranquilo porque no había hecho nada. Yo, de primeras, pensaba que se habían equivocado, me enseñan una foto y un vídeo y yo les digo que no soy esa persona, que yo estaba más arriba porque en el fondo nos ponemos donde podemos, pero ahí me dicen que no hay más imágenes, que como me parezco soy yo”. Entonces empieza el calvario de Carlos y su familia para demostrar su inocencia. “Presento unas primeras alegaciones, que no valen, que no tienen veracidad y a las dos semanas me comunican que soy culpable” señala y sigue: “Tuvimos que contratar un abogado y, por el medio, me llega la carta de la delegación con proposición de multa de 4.000 euros. Con el abogado, la policía le facilita más imágenes al Valladolid y ahí el club se pone rápido en contacto con nosotros para zanjar el tema. Me pusieron las imágenes y ahí me encontré cinco filas más arriba de la persona que confundieron conmigo, por lo que reconocen que ha sido un error, que está todo zanjado, pero eso es con el club”.

Ahora la pelea de este aficionado está en la multa de la Delegación del Gobierno, como explica Carlos T. S.: “Nosotros necesitamos las imágenes donde aparece que yo estaba en un lado y la persona que han confundido conmigo unas filas más abajo para presentarlas. Es a lo que estamos esperando para que me quiten la sanción de 4.000 euros” y explica que “lo que más me ha molestado es que si una persona es inocente, lo primero que hay que hacer es escucharla y que no se busque culpar a alguien por una imagen que no está clara porque, evidentemente, no soy yo. Lo peor es el disgusto que hemos pasado mi familia y yo. Es tremendo tener que llevar esto al extremo porque no te creen. Se buscan las imágenes, se ve que no soy yo y listo. No hace falta estar cinco meses luchando para demostrar mi inocencia”.

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