El Atleti regresa al lugar donde una vez murió
Primera vez que en Liga los del Cholo juegan en Oviedo, donde el club descendió a Segunda en el año 2000. Aficionados, jugadores de un equipo y otro y la hija de Luis revisan aquel partido 26 años después.



“Aquello es el peor recuerdo de fútbol de mi vida”, dice Luis, presidente de la peña rojiblanca 17 de mayo. “Un duelo muchísimo mayor que lo de Lisboa o Milán”. Aquello es ‘Lo de Oviedo’. El 7 de mayo del año 2000, cuando el Atlético de Madrid descendió en el Tartiere a Segunda División. Luis lo vio por la tele. Paco estaba allí. Fue uno de los aficionados que, en dos autobuses, partió de Madrid aquella mañana para alentar al equipo ante el Oviedo en aquella 36ª jornada de la Liga 99-00. “Fíjate, no recuerdo el resultado (2-2) pero sí el drama, las lágrimas, el penalti de Hasselbaink. En las imágenes de televisión salía un hombre con un gorro llorando. Ese era yo. No me lo podía creer. Solo pensaba: ‘No, no, no’. Y en el momento, cuando el árbitro pitó el final aún no te convences. Fue en el viaje de autobús, de vuelta a Madrid, cuando empecé a ser consciente, terrible”, confiesa este aficionado rojiblanco, socio del Atlético desde la 84-85. Que aquel ‘no, no, no’ había sido que sí.

26 años después el equipo rojiblanco regresa a Oviedo para disputar por primera vez un duelo liguero allí (21:00) después de aquel (sigue el partido en directo en AS.com). A la ciudad es la segunda vez que vuelve desde entonces: hace tres años, dieciseisavos de Copa (0-2) para jugar en un Tartiere que ya no es el mismo de entonces sino el Nuevo. Inaugurado en el año 2000 se sitúa a un kilómetro de la parcela de Buenavista, donde estuvo el viejo, el de la pesadilla, donde ahora se alza el Palacio de Congresos de Oviedo, diseñado por Calatrava, y un Eurostars con una particularidad llamativa. Allí se alojarán los del Cholo durante la estancia de horas, llegarán a mediodía y se marcharán justo después del partido, sin pernoctar en la ciudad. En ese hotel levantado sobre los cimientos de lo que fue su tumba.
“Lo de Oviedo fue un palo importante pero el reflejo de la situación institucional del club (intervenido judicialmente desde el 22 de diciembre de 1999, antes precisamente del Atlético-Oviedo de la primera vuelta, en un círculo cruel del destino), todo lo que estaba pasando y un vestuario poco unido, algo que se notó muchísimo”, recuerda Jordi Lardín, jugador rojiblanco de 1997 y 2000 y miembro de aquella plantilla. Una plantilla con el segundo pichichi de esa Liga (Hasselbaink, 24) y futbolistas que eran o serían historia del fútbol (Valerón, Ayala, Capdevila, Solari, Baraja...) y del propio Atlético (Kiko, Aguilera...). A Lardín aquel partido le tocó como a Luis, del 17 de mayo, verlo por la tele, no convocado. El que sí estaba en el césped era Esteban, quien sería rojiblanco en la 02-03, pero que esa tarde vestía los colores del Oviedo. Bajo la portería. Ese lugar adonde se dirigirían todos los ojos y focos en el minuto 85 de aquel encuentro.

Boris derribaba a Hasselbaink. Piiii, se escucha en Oviedo. El árbitro señala el punto: penalti para el Atlético.
“Íbamos 2-0 y, en dos errores, se pusieron 2-2. Y llega aquel penalti. Entonces no había tanta información como ahora. Yo apuntaba cómo los lanzaban los delanteros gracias a ‘Estudio Estadio’: veía el programa con una libreta y ahí iba apuntando. Lugares de seguridad, adonde los tiraban…”, rememora. Cuatro jornadas antes de aquella, Hasselbaink tiraba uno en el Atlético-Málaga (2-2). “Y yo lo había visto. Y pensé: ‘Van 2-2, va a chutar rápido y con la derecha, por lo que su lado de seguridad será cruzarlo’. Y lo que tú piensas es lo que sucede”, aduce. “También no le pegó nada bien y, entonces, no había VAR ni se mandaban repetir los penaltis si te adelantabas. Y yo lo hice mucho, para intimidarle cuando fuera a tirar”, redondea. Aquel día el Oviedo también se jugaba la vida. “Fíjate, tengo que la sensación de que, con el tiempo, como aquel partido pasó a la historia por quien bajó, un histórico como el Atleti, se ha difuminado que el Oviedo también se jugaba la vida ese día”, puntualiza. Ganar al Atleti era “quitarse a un rival” de por medio. “Nos habríamos metido en un lío muy gordo de haber perdido. No era bajar al Atleti, era salvarnos”.

“Yo estuve allí y recuerdo que el Oviedo salió a jugar muy fuerte”, confirma precisamente Juanma, otro socio rojiblanco, entonces de 24, en la grada del Tartiere tras desplazarse aquel mismo día desde Madrid. “Recuerdo que cuando pitó el árbitro no me lo podía creer. ‘Pues vale’, te dices. Pero en realidad no te lo puedes creer. Te piensas que, cuando comience la Liga, ahí estará el Atleti de nuevo. Pero no”, musita. “Recuerdo el viaje de vuelta. Sentía rabia, tristeza, dolor. Habíamos ido cayendo y cayendo toda la temporada hasta aquel infierno”. El de Segunda, donde el Atleti permaneció dos temporadas (hasta 2002). Un Atleti que 26 años después, por cierto, no solo ha recuperado el lugar que tenía antes de 1999 sino que es un club aún más grande. Con diez títulos más (ocho con el Cholo, entre ellos dos Ligas y una Copa del Rey) y dos finales de Champions (Lisboa 2014 y Milán 2016) para un club que solo tenía una (Bruselas 1974).
“Cómo lloraba mi padre aquel día, el de lo de Oviedo. Fue la primera vez que yo le vi hacerlo por fútbol”. Quien habla es María José Aragonés. Su padre era Luis. La leyenda más importante de la historia rojiblanca, el entrenador que dos años después volvería para ascenderlo, entonces… en el banquillo del Oviedo. “Para mi padre que el Atleti bajara a Segunda, matemático, tras empatar con un equipo que él entrenaba fue como si le arrancaran de un mordisco el corazón. Hubiera preferido perder un brazo o los dos”, apostilla.

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De hecho, ella aún recuerda a su madre, un año después, diciéndole a su padre: “Pero, Luis, con la de ofertas que tienes, ¿cómo vas a irte a esos campos de Segunda?”. “A subir al Atleti, Pepa, a subir al Atleti. Un equipo mío, el Oviedo, lo terminó de bajar y yo lo voy a subir”, contestaba su padre. Y ya no había más que hablar. Un Atleti que volvió, en efecto, de su mano y que 26 años después regresa a Oviedo muy diferente de aquel mayo: 4º en Liga (sin título pero tampoco sin poder descuidarse), un gigante (Sorloth) en racha (10 goles en 2026), ruido de futuro de nuevo alrededor (Griezmann y Julián) y la posibilidad del debut de un canterano (Julio Díaz para descanso de Ruggeri y Hancko) ante un Oviedo que está como entonces: apurado, colista y con mejores sensaciones con Almada que números (una victoria). Todo diferente. Y cicatrizado. Aunque jamás habrá un peor recuerdo de fútbol para un rojiblanco. “Lo de Oviedo”.
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