Del abismo al cielo en 74 días
El Getafe, empujado por los nuevos fichajes, ha crecido hasta convertirse en uno de los equipos más en forma de LaLiga.


En el fútbol, un mes puede ser una eternidad. Que se lo pregunten a la afición del Coliseum, que ha pasado de mirar el calendario con pánico a frotarse los ojos ante el nivel mostrado por su equipo. El Getafe respira, sonríe y, lo que es más importante para la filosofía de su entrenador, vuelve a ser un equipo temible. Lo que hace escasas semanas era un vestuario asomado al precipicio del descenso, sumido en una profunda crisis de juego y resultados, es hoy una de las plantillas más en forma de toda España. La metamorfosis tiene nombres y apellidos, y su origen se gestó en los despachos durante un frenético mercado de invierno que ha actuado como un auténtico salvavidas.
El invierno más oscuro y la ‘guerra’ de Bordalás
Para entender la magnitud del cambio, es estrictamente necesario mirar por el retrovisor hacia el pasado más reciente. El Getafe llegó a estar tiritando, a escasos dos puntos de las llamas del descenso, inmerso en una dinámica que invitaba al pesimismo más absoluto. Los azulones encadenaron ocho partidos de liga sin conocer la victoria (los últimos dos, ya con los fichajes en plantilla), un calvario que se prolongó hasta los nueve encuentros si sumamos otras competiciones.
En esa fatídica franja de seis jornadas críticas previas a la revolución, el bagaje fue sencillamente desolador: sumó un mísero punto de 18 posibles. El equipo había perdido su identidad rocosa, anotando tan solo dos goles a favor y recibiendo un sangrante castigo de once tantos en contra. Los números no engañaban: durante ese bache, el Getafe era estadísticamente el peor equipo de toda LaLiga con 1 solo punto (el siguiente en esta dramática tabla era el Alavés, con 4).
El punto más bajo, el momento en el que el equipo tocó fondo, se vivió en el césped del Benito Villamarín. Allí, el Getafe en caída libre fue goleado sin piedad (4-0) por un Betis que desnudó todas las carencias de una plantilla corta y exhausta. Aquello desató una tormenta institucional. José Bordalás, siempre frontal, protagonizó una suerte de ‘guerra’ fría exigiendo públicamente refuerzos. El técnico alicantino avisó de que con lo que había no daba para lograr el objetivo. El tiempo y, sobre todo, este último tramo de competición, han acabado dándole la razón de forma rotunda.
El desfibrilador de enero: savia nueva y hambre
El mensaje de alerta llegó nítido a la dirección deportiva, que se puso manos a la obra para acometer una reestructuración urgente. En enero aterrizaron Martín Satriano, Zaid Romero, Luis Vázquez y Boselli, además de un Birmancevic que, aunque de momento ha gozado de poco protagonismo, aumenta la competencia interna.
Estos fichajes no solo han aportado piernas frescas y talento, sino que han inyectado un “hambre” y una dinámica nueva a un vestuario que necesitaba creer. El impacto ha sido inmediato. Tal y como refleja la clasificación parcial de este último tramo liguero, el Getafe se sitúa como el 5º mejor equipo del campeonato en las últimas seis jornadas, sumando 11 puntos vitales.
La reconstrucción se hizo desde los cimientos, la especialidad de la casa. El equipo comenzó deteniendo la hemorragia con dos empates consecutivos ante el Girona y el Celta. Aunque no fueron victorias, en el césped ya se empezaban a ver brotes verdes y “cosas positivas”. Se recuperó la intensidad, la solidaridad en las ayudas y el orden táctico.
A partir de ahí, el Getafe pisó el acelerador, logrando tres victorias en los últimos cuatro partidos. La única mancha en este inmaculado historial reciente fue la dolorosa derrota frente al Sevilla, un tropiezo comprensible y altamente condicionado por la rigurosa expulsión de Djené cuando apenas corría el minuto 25 de la primera mitad.
Un muro infranqueable y la hazaña de Chamartín
El “Geta” ha vuelto a ser ese equipo rocoso que desespera a sus rivales. En este bloque de seis encuentros post-mercado, el conjunto azulón ha encajado únicamente tres goles y anotado seis. Es, por derecho propio, el equipo menos goleado del campeonato en este tramo y el que más porterías a cero ha conseguido, recuperando la esencia de los mejores años del ‘Bordalismo’.
Pero toda gran recuperación necesita un golpe en la mesa, una actuación para los libros de historia que certifique el cambio de ciclo. Y esa guinda llegó este mismo lunes en un escenario imponente: el Santiago Bernabéu. El equipo bordó su excelente racha con un partido espectacular, derrochando esfuerzo físico y rigor táctico, para llevarse la victoria (0-1) frente al todopoderoso Real Madrid. El gol, para redondear la narrativa, fue un auténtico golazo del uruguayo Martín Satriano, erigido ya como el gran estandarte de la resurrección azulona.
El Betis, el espejo del pasado para mirar al futuro
Hoy, la vida se ve de otro color en el sur de Madrid. El Getafe ha pasado del pánico a asentarse en una comodísima 11ª posición con 32 puntos, abriendo una brecha que ahora mismo parece un abismo de ocho puntos respecto a la zona de descenso. La tranquilidad ha vuelto al Coliseum.
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Caprichos del destino, el calendario ha querido que este mismo domingo el Getafe reciba en casa al Real Betis. El mismo equipo que les endosó aquel hiriente 4-0 que encendió todas las alarmas hace apenas un par de meses, visita ahora el fortín de un equipo renacido. Será el escenario perfecto para medir las pulsaciones de este nuevo Getafe, para certificar que el miedo es cosa del pasado y para demostrar que, con los fichajes adecuados, la pizarra de Bordalás vuelve a ser de las más efectivas de toda LaLiga. La revancha está servida.
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