De récord Guinness
El Espanyol, que inició 2026 a 18 puntos del descenso, trata de sortear una racha y un lío históricos ante un Levante que también necesita ganar. La final que todos niegan.



Cuando el Espanyol ganó por última vez, Xabi Alonso era el feliz entrenador del Real Madrid, ni Senegal ni Marruecos habían conquistado la Copa de África, la cara oculta de la luna seguía haciendo honor al adjetivo, Nicolás Maduro gobernaba en Venezuela y Javi Puado, el capitán perico, sanaba para jugar toda la segunda vuelta. 126 días después, está en disposición de registrar un récord de esos solo al alcance del equipo con más derrotas en la historia de la Liga.
Porque el Espanyol necesita derrotar este lunes al Levante para evitar la peor racha de partidos sin ganar desde el inicio de un año natural que jamás se haya visto en Primera: 16 jornadas (sigue el partido de hoy en directo en As.com). En 15 igualó el pasado jueves en Vallecas (1-0) la que ostentaba desde 2013 el Real Zaragoza, que precisamente la rompió un 27 de abril, como hoy. Pero lo de entrar en el libro Guinness es solo un medio, porque una tendencia así solo puede conducir a un lugar: el descenso. Le sucedió hace 13 años a los blanquillos, que ya nunca han regresado a Primera, y empiezan a temerlo los pericos, tras convertir su inmenso colchón de hace cuatro meses en una esterilla repleta de chinches.
Cuando comenzó esta demoledora racha, el Espanyol era quinto, tenía 33 puntos y se situaba a dos de la Champions, cinco sobre el sexto y a 18 (¡¡¡18!!!) de una zona de descenso delimitada por el Girona, que ya lo ha atrapado. Los cinco puntos de 45 en este 2026 no solo lo han convertido en el peor equipo de Europa junto al Metz, sino que han convertido a un paciente de excelente salud en un herido de muerte.
Hasta situarse en un abismo totalmente inesperado, ha transitado el equipo de Manolo González primero por la confianza del “jugamos como nunca pero perdimos como siempre”, después por la queja sobre arbitrajes controvertidos y, desde hace ya demasiadas semanas, por la incredulidad de no saber qué está sucediendo a su alrededor. Al entrenador, que ha pasado de incuestionable a cuestionadísimo, le están faltando todos los resortes que anteriormente había manejado con tanta destreza. Y la expresión descompuesta de los jugadores en Vallecas o el gesto de Dmitrovic subiendo a lanzar (que no a rematar) una falta en el minuto 98 desnudan a las claras a un Espanyol incapaz de sortear el lío donde se ha metido.
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Al fantasma del tercer descenso en seis años, ahora sin Chen Yansheng como máximo accionista pero sí con un Alan Pace que prefirió no invertir en el mercado de invierno (con Fran Garagarza, director deportivo, teóricamente de baja médica por el infarto que sufrió) y que el pasado miércoles descendió con el Burnley, su otro club, solo lo puede detener el conjunto blanquiazul logrando una victoria ante el Levante, que ha sumado 19 puntos desde que Luís Castro debutó en el Ciutat de València ante los pericos. La etiqueta de final no es un lugar común, sino una realidad. Porque a ambos equipos les va la vida. E incluso la entrada al libro Guinness de los récords.
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