Cuando la protesta se convierte en campaña ultra
La supuesta protesta en el caso del Bernabéu tiene poco de espontánea y sí mucho de organizada por aquellos que fueron expulsados del estadio madridista años atrás.
La afición de cualquier equipo tiene derecho a protestar o mostrar malestar ante lo que hace su equipo, especialmente cuando denota falta de actitud. Ese gesto suele aparecer de manera espontánea, respondiendo a un deseo de una mejora de los que consideran sus jugadores. No siempre es así.
El problema llega cuando esos gestos llegan de manera organizada y responden a intereses que van más allá de lo deportivo. Suelen arrancar en las redes sociales y a partir de ahí se disparan sin orden ni concierto, pero sobre todo careciendo del sentido principal de cualquier protesta en el fútbol, que no es otro que lo deportivo.
No hay más que echar un vistazo a las citadas redes sociales y mirar perfiles para saber cuál es el origen, pero sobre todo, el ‘otro’ motivo de la supuesta protesta, que en el caso del Bernabéu tiene poco de espontánea y sí mucho de organizada, en este caso por grupos ultras, esos que fueron expulsados del estadio madridista años atrás para tranquilidad del resto. El Real Madrid lo sabe. El resto, también. Es algo obvio.
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Los silbidos, como los aplausos, forman parte del fútbol, pero las campañas para promoverlos, no. Claro que el aficionado debe tener voz e incluso algunos (los socios) voto, pero de ahí a condicionar al resto por el mero hecho de hacerse notar con otros intereses media un abismo. El fútbol es o debería estar repleto de respeto y en ese pack va la protesta, pero con la lógica por bandera.
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