Asencio, el rey mago de Elías
El azar quiso que el central marcase su primer gol como madridista con Elías, que lucha contra la leucemia, mirándole desde la grada con ojos de enorme agradecimiento.
Hacía mucho tiempo que a Elías no le brillaban los ojos como la tarde de domingo en la que visitó el Bernabéu por primera vez. Desde los cinco años, el niño tuvo que convertirse en hombre para luchar como un jabato contra la crueldad del destino. Una maldita leucemia se infiltró en su feliz infancia de forma inmisericorde con la peor intención posible.
Tras una recuperación inicial y una inclemente recaída, se armó de valor para no bajar los brazos. Como si fuera un diminuto San Jorge, decidió luchar contra el dragón con valentía y encontró en Raúl Asencio la lanza que necesitaba para plantar cara al monstruo. El madridista, que ha ejercido de ángel de la guarda durante los últimos meses y ha estado al lado de la familia a lo largo del durísimo trance, le lanzó un salvavidas que le permitió mantenerse a flote en un momento crítico.
Tras el tratamiento con células madre del 11 de diciembre en el hospital Niño Jesús de la capital, Elías entró en barrena. Su cuerpo no respondía, él no comía, no quería tomar la medicación y tenía el ánimo por los suelos. Un ingreso en la UCI parecía la opción más realista en ese instante de abatimiento y desesperación. Estaba a punto de arrojar la toalla cuando Raúl apareció con una propuesta alentadora. Le prometió acudir a ver un partido del Real Madrid si volvía a comer y a medicarse. A partir de entonces, todo cambió.
Elías insistía en que avisasen a su amigo de que estaba comiendo y de que había vuelto a tomar las pastillas para que él no se olvidara de su promesa. A raíz de ese punto de inflexión comenzó a gestarse un guion digno de película de Hollywood. Los astros se alinearon y los duendes que protegen a Elías se esmeraron para que el momento fuese memorable.
No estaba previsto que la visita fuese en el encuentro frente al Betis, pero el espíritu de la Navidad tenía una sorpresa preparada poco antes de la llegada de los Reyes Magos. Asencio había invitado al Bernabéu a un chico que lo había perdido todo en el volcán de La Palma, pero no pudo viajar porque cerraron el aeropuerto de origen por culpa del temporal. Entonces se activó la “operación pequeño guerrero”.
En su montaña rusa física y emocional, Elías había vuelto a dejar de comer unos días atrás, pero una llamada inesperada, otra vez de Raúl, le abrió de nuevo la puerta de la esperanza. Todo fue muy rápido y el niño, que era simpatizante culé antes de conocer a su ídolo, apareció en pocas horas en un estadio que a él le pareció el paraíso. El madridismo ha alistado a un luchador en sus filas.
El azar quiso que el central marcase su primer gol como madridista con Elías mirándole desde la grada con ojos de enorme agradecimiento y de eterna admiración. Para él fue la dedicatoria y la emoción invadió su rostro, pero lo mejor estaba por llegar. El cuento de hadas tenía más capítulos.
Al final del duelo, Elías fue invitado para bajar al césped. Lo saludaron muchos jugadores, Asencio y Valverde le regalaron sus camisetas y Vinicius le firmó un balón. Salió del estadio en el coche de su héroe y vio como decenas de aficionados le paraban y le vitoreaban. El niño sintió que estaba en un sueño.
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Durante esa tarde de gloria, en el palco, Elías comió como nunca. Las bombas de morfina y los interminables días de sufrimiento quedaron en el olvido durante unas horas. Esa noche, el pequeño durmió con una sonrisa que no se borró hasta el amanecer. Raúl, su particular Rey Mago, le había hecho el mejor regalo posible recargando a tope su depósito de energía para seguir peleando. El combate continúa, pero él está preparado para el próximo asalto y el monstruo ya sabe que los aliados de Elías son muy poderosos y que nunca le van a dejar solo.
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