“Arbeloa se confió demasiado por jugar ante un equipo humilde”
Juanfran García es una leyenda del Levante. Antes, tuvo opción de jugar en el Madrid con Camacho, pero esa opción se cayó. De todo ello se acuerda con AS.

Nunca lo tuvo fácil. Ni en el fútbol ni en la vida. De Juanfran García (Valencia, 1976) ya se burlaban en el colegio por su tartamudez. Según fue creciendo y haciéndose futbolista, esas mofas humillantes se expandieron a los campos de fútbol y a las redes sociales. Su reacción fue admirable. En vez de enfrentarse a todos, lo asumió con naturalidad e incluso bromeaba con los compañeros sobre su trastorno del habla. Jugó el Mundial 2002, en el que también fue peluquero de la selección, y desfiló por Celta, Valencia, Zaragoza, Ajax, AEK Atenas, Besiktas y, sobre todo, Levante, donde es uno de los jugadores con más partidos en la historia del club (244).
¿Es cierto que fue delantero hasta los 18 años?
Lo es. Siempre jugué en punta, desde pequeño.
¿Cómo se produjo la metamorfosis a lateral?
Fue muy curioso. Yo estaba haciendo el servicio militar cuando jugaba en el Levante, en la antigua 2ªB y con poco protagonismo. En el último partido de liga, se lesionó el lateral izquierdo y coincidió que me hicieron una entrevista en la que dije que yo podía rendir perfectamente en esa posición si confiaban en mí. Al llegar al día siguiente al entrenamiento, Carlos Simón, el míster, me dio el peto de titular. Le dije que se había equivocado, pero él había leído la entrevista y me sacó de lateral izquierdo. Luego jugué el playoff, lo hice bastante bien y subimos de categoría.
No fue mal cambio porque estuvo 21 años en la élite…
Era algo que no podía imaginar entonces. En Segunda vino Mané a entrenar y me dijo que no confiaba en mí porque había traído a Nené, un cántabro, para ser titular en mi posición. Opté por aguantar y seguir entrenando a tope. A los pocos partidos se lesionó, me puso a mí y ya no me quitó. Al final de esa temporada ya vinieron el Celta y el Valencia interesándose para ficharme.
¿La tartamudez fue una cruz para usted?
No. Intenté darle normalidad desde que empecé a relacionarme con gente. En el colegio ya había chicos que se reían cuando me tocaba leer. Lo pasaba fatal cuando tenía que hacerlo porque oía las risas y los murmullos de fondo, pero gracias a mis padres lo naturalicé rápidamente y no me afectó casi nada. Desde el principio fui fuerte de mente y lo he llevado bien.
En los campos la crueldad se multiplicaría…
Claro. Me han dicho de todo desde la grada y cuando iba a sacar de banda las aficiones rivales se cebaban conmigo. Alguien un poco más frágil mentalmente habría sufrido mucho. Menos mal que entonces no había redes sociales como ahora porque habría sido una avalancha. Incluso hoy en día si aparece algo mío en internet todavía hay algún gracioso haciendo bromas.
¿Nunca le hizo daño ningún comentario?
Sólo una vez, en el Levante, siendo muy joven, hablé en una charla y un compañero dijo delante de todos que me callase porque no sabía hablar. Le tuve que parar los pies porque se estaba pasando y no se podía confundir la confianza con la falta de respeto. Por lo demás, nunca he tenido que ir a un psicólogo ni nada parecido.
¿Para usted no fue nunca un problema?
No lo he percibido como tal. Creo que es una seña de identidad desde niño y me sentiría raro hablando del tirón. Incluso a veces bromeo con ello. Cada persona nacemos con unas cualidades y este trastorno del habla es mía, por tanto no debo rechazarla sino aceptarla, que es lo que siempre he intentado. Tal vez por eso no me ha hecho daño ni he tenido vergüenza para dar entrevistas o hablar en público.
¿Cómo son sus charlas como entrenador?
Tengo un mecanismo para darme confianza. Suelo tener un bolígrafo en la mano y me da seguridad. Mis experiencias como entrenador hasta ahora, en el Lugo y la Ponferradina, han sido muy positivas en ese sentido.
¿Camacho le hizo cantar en la academia de Operación Triunfo?
Sí. Fue con una visita de la selección española en la primera edición del programa. Cantando no me trabo y me dijo, de broma, que si no cantaba no jugaría. Tuve que lanzarme (risas). Cuando jugaba en el Celta iba a un programa de la televisión gallega casi todos los martes y cantaba a capela. La de “Bailar Pegados”, de Sergio Dalma, la bordaba.
Camacho lo llevó al Mundial 2002 y casi al Madrid…
Le debo mucho. El Mundial fue una experiencia increíble y luego contaba conmigo para ir al Madrid. Tenía todo hablado y tenían que ponerse de acuerdo Celta y Real, pero cuando yo estaba con la ilusión por las nubes escuché una rueda de prensa suya diciendo que dejaba el cargo antes de empezar la temporada. Esa espantada me dejó sin ir al Madrid. Me quedé en shock, con cara de bobo y con el culo al aire.
¿Se rompió un sueño?
Yo ya me había hecho la idea. El Barcelona había ido dos veces a por mí a Vigo, pero no llegó a un acuerdo con el Celta e incorporó al italiano Coco, cedido por el Milán. Cuando pasó lo del Madrid pensé que era imposible tener tan mala suerte. Por no dejarme colgado, porque el Celta había bajado, Camacho habló con su gran amigo Del Bosque para que me fuese con él al Besiktas turco y para allá me fui con él.

Era el Madrid de los galácticos….
Llegar al Valencia ya supuso un gran sueño, así que imagínese si se llega a concretar lo del Madrid. Estaban los mejores jugadores del mundo, especialmente Figo, al que me enfrenté muchas veces y siempre me lo hizo pasar muy mal porque era buenísimo.
¿Le ha sorprendido la salida de Xabi Alonso?
Claro. No la he entendido. Cuando un club te firma por varias temporadas y apuesta por un proyecto serio no esperas algo así. La sensación que tengo desde fuera es que el presidente no confió totalmente en él desde el principio.
¿Si se pierde el control del vestuario es imposible conseguir éxitos?
Absolutamente. Sin el respaldo de los jugadores un entrenador no es nada. Yo soy partidario de gestionar el lado personal de los futbolistas y saber cómo tratar a cada uno según su carácter. Te los tienes que ganar a nivel humano para que confíen en ti y todo vaya bien. Creo que Arbeloa tirará más por ese camino y lo veo con una personalidad más fuerte que Xabi para el trato directo con los jugadores y saber cómo motivar a cada uno.
La nueva etapa ha comenzado con desastre….
Fue un caos lo de Albacete. Seguramente Arbeloa no tiene mucha responsabilidad en lo que se vio sobre el césped, pero sí en la confección de la convocatoria. Se confió demasiado al ver que jugaban contra un humilde, un equipo de la parte baja de Segunda, y cuando tuvo que tirar de banquillo sólo había canteranos. Fue un exceso de confianza.
¿El Levante puede aprovechar la tormenta?
Lo veo muy difícil. A pesar de la crisis del Madrid y de que habrá una pitada monumental en el Bernabéu que meterá más presión, creo que es soñar demasiado. Soy levantinista desde los siete años y ojalá ocurra, pero visitar el Bernabéu es una misión muy complicada. Es un campo que aprieta mucho, la calidad de los jugadores es enorme y tendrán ganas de dar una alegría a su afición después de perder dos títulos en pocos días. Además, tienen delanteros muy talentosos que marcan la diferencia, como Rodrygo, que a mí me encanta. Es el que más me gusta del Madrid junto a Mbappé.
Usted vivió duelos muy intensos contra el Madrid…
Sobre todo en Valencia. En la época de Mourinho saltaron chispas. Solíamos ponerle las cosas muy complicadas cuando visitaban nuestro campo y de ahí nacieron todos los problemas. Hubo trifulcas importantes y Arbeloa seguro que las recuerda bien (risas). Hubo piques innecesarios provocados por Mourinho, con comentarios que no venían a cuento. El Madrid traía varios miembros de seguridad privada porque la tensión era máxima.
Ha jugado al lado de muchas estrellas….
Algunos impresionantes como Romario, “Piojo” López o Karpin, pero me quedo con Mostovoi. El ruso fue un adelantado a su tiempo. La pena es que jugaba sólo cuando quería y se motivaba sólo contra los grandes, pero era una maravilla como jugador con un último pase de locura. Hoy en tendría no tendría precio.
¿Quién ha sido el mejor lateral izquierdo de siempre?
Maldini. Roberto Carlos y Marcelo eran impresionantes en ataque y el italiano no era tan ofensivo, pero era un futbolista imponente. Además, yo siempre digo que un lateral es un defensa y lo primero que tiene que hacer es defender.
Hay muchos candidatos para ser el 3 de la selección…
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Grimaldo, Balde, Carlos Romero y Carreras son muy buenos, pero Cucurella está un paso por delante de los demás. Es bueno en ataque, agresivo en defensa, compite bien, tiene asimilados los conceptos del seleccionador, interpreta bien el juego y creo que será el titular.
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