Javi Gómez y aquello de ‘llegar y besar el santo’
El delantero toledano de 27 años marcó el primer gol del Deportivo Guadalajara en una goleada al Celta Fortuna que acerca el sueño alcarreño de la salvación.


El pasado 10 de enero hacía frío junto al Henares y en el Pedro Escartín se repartía caldo caliente. Invierno en la Alcarria. El Cacereño llegaba al estadio del Deportivo Guadalajara con el cuchillo entre los dientes, amén de su nefasta dinámica liguera, y, cumplida la hora de partido, reflejaba el marcador un 1-1 tan impopular que aunó en el disgusto a extremeños y arriacenses. Se estaban enfrentando nada menos que el último contra el penúltimo. Entonces se detuvo el partido. “¿Quién es el Castroverde este?”, repetían los aficionados morados. Y un tal Javi Gómez saltó al terreno de juego. El Dépor había ganado la espeluznante cifra de un único partido de liga en casi cuatro meses, pero todo estaba por cambiar. Desde entonces, aquel chico con el dorsal 17 personifica como pocos la esencia colectiva de un equipo que estuvo muerto, que revivió y que este pasado domingo, todavía en descenso, fue capaz de aferrarse a la vida encasquetando tres goles al segundo clasificado. Y uno de ellos, de “el Castroverde este”.
Resulta casi un guiño del destino que Javier Gómez Castroverde (Toledo, 1999) debutase con el Dépor el mismo día de su cumpleaños, de la misma forma que se antoja una broma del más allá que su primer gol con la elástica morada fuera, precisamente, contra el único club en el que ha militado durante dos etapas distintas de su carrera. Así es la vida y, por extensión, el fútbol. El extremo izquierdo fue uno de los refuerzos del conjunto castellano en el mercado invernal, procedente de un Tarazona que afronta una temporada al borde del abismo y con más penas que alegrías. Llamó la atención su desparpajo y habilidad, así como la increíble versatilidad con la que ataca por ambas bandas. Contra el Celta Fortuna inició en el centro de la delantera y fue la referencia en ataque. Todo un torbellino de garra y cerebro, de arte circense y visión de espía soviético, que remató con el corazón su propio rechace para firmar el primer tanto del equipo. Un auténtico quebradero de cabeza para la defensa celeste.
Bajo la fina lluvia del fin de semana en Guadalajara se convirtió en adalid del birlibirloque. Lo suyo fue tremendo: generó espacios, regateó como un bailarín y convirtió cada balón en una potencial ocasión de peligro. Todo ello, con sabiduría. Al caer en banda, levantaba la cabeza y, cuando debía hacerlo, retrasaba la pelota; cuando no, inventaba un pase a la frontal. En las ocasiones en las que llegaban por banda, caía al medio con la virtud oportunista de aquel que está justo donde tiene que estar. Se llevó todo. Tan pronto lucía el descaro suficiente para realizar un autopase como penetraba en el corazón del área con la sensación de que la bola está unida a su pie con pegamento. Junto a David Amigo, Toño Calvo, Pablo Muñoz y compañía arrasaron las defensas de un Celta Fortuna que no ha sido capaz de ganar en la presente temporada al conjunto alcarreño.
Lo de Javi Gómez ha sido llegar y besar el santo. En su mochila, más de 150 partidos de experiencia en la tercera categoría del fútbol español, repartidos entre Burgos, La Nucía, Algeciras, Sabadell, Tarazona y Fuenlabrada, llegando a disputar con este último, incluso, algún que otro partido en Segunda División. Recaló en las filas del Deportivo Guadalajara poco después de la Noche de Reyes. Algo más de una semana más tarde fue destituido Pere Martí, con quien el Dépor había firmado una temporada para la historia que le valió el ascenso a Primera Federación, y llegó Juanvi Peinado. En la jornada 22 se encontraba a 7 puntos de la salvación; en la 27, y tras lograr 10 puntos de los últimos 15, a tan solo 3.
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El gol de Javi Gómez al Celta Fortuna refleja la última vida de un equipo que parecía haber claudicado. Remató con fuerza, el balón salió bajo palos y, sin pensárselo, volvió a disparar. Si la puerta de la salvación no se abre, el Dépor está dispuesto a tirarla abajo. Su buen desempeño individual se aúna al del resto de la plantilla, cuyo excelente rendimiento colectivo ha roto las estadísticas y desnudado una lucha por la salvación encarnizada y apretada. Los culpables han sido “el Castroverde este” y compañía.
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