El Nàstic arruina la fiesta de Boñar
El lateral adelanta al Atlético en su partido 100 con el filial, pero el equipo catalán remonta con los goles de Jaume Jardí y Cedric.


La fiesta de Javier Boñar acabó en desastre. El lateral protagoniza unas de esas historias de amor que merecen un final feliz. 13 de sus 20 años defendiendo la camiseta rojiblanca hasta alcanzar hoy los 100 partidos con el filial con el brazalete de capitán sobre el bíceps izquierdo. Cuatro temporadas han pasado desde su primera vez con el segundo equipo. “Para mí el Atleti lo es todo. Creo que me ha dado mi vida. Ahora mismo soy quien soy por él, por este club, por este escudo y quiero seguir representándolo siempre", explicaba en el Diario AS.
Pero no será un día para mucha sonrisa. Y eso que fue el encargado de abrir una soleada tarde que se las prometía felices para ese objetivo de los pupilos de Torres de tomar el liderato. Boñar, ese lateral con alma de delantero, dejó una gran maniobra para labrarse el hueco y golpear con la zurda a la base del palo. Un remate tan ajustado que ni la estirada de rebollo pudo repelerlo.

Era el minuto 18 y el Atlético había hecho a priori lo más complicado. Es más, el Nàstic no reaccionaba y Arnau podía hacer el segundo en una acción iniciada por Boñar y donde Rebollo sí pudo resolver el remate cruzado del Pichichi. El partido se encaminaba al descanso sin que apenas sucediesen acciones reseñables. todo acercamiento visitante era fácil de solventar para Esquivel. Hasta que el equipo catalán activó la vía Zoilo.
Un error en el intento de apertura de Morcillo a Boñar acabó con el lateral zurdo adelantándose, recuperando y conduciendo 50 metros para ceder a Jaume Jardí en el área. Y el 10 no perdonó para dar brillo a la moto GP pilotada por Zoilo. Una contra eléctrica y un golpe directo la mentón rojiblanco. Que le cambió por completo la idea y el plan.
La segunda parte mostraba a un Atlético a pecho descubierto. Concentrando gente en campo rival, pero dejando muchos metros a su espalda. Apenas dos minutos después de salir de vestuarios el Nàstic formaba una contra que se convertía en un tres contra uno. La resolvía Esquivel haciéndose gigante tras el control un pelín largo de Jardí. Era un aviso. No habría un segundo.
El Nàstic volvió a encontrar vuelo por la izquierda y el centro al área fue un caramelo para que Cedric Omoigui se adelantase a Dani Martínez y martillease su cabezazo a la red. Echó de menos el equipo de Torres la contundencia de un Puric que sigue cumpliendo partidos de sanción. El Nàstic le había dado la vuelta al partido con pasmosa facilidad. Las que no encontraría el Atlético en su intento de empatarlo. Sin grietas ni fisuras, solo Rafa Llorente y Spina tuvieron una opción real de rematar en el área. El primero se encontró con un gran pie de Rebollo para evitar su estreno como rojiblanco. Y el central también se topó con el portero en la última del encuentro.
Era el punto final de un quiero y no puedo de un equipo que en el 2026 no está dejando buenas sensaciones. Y que, si no tiene a Arnau inspirado, nota mucho la falta de un nueve rematador. Porque quedó evidenciado una vez más que Sits no lo es tras la gran conducción y pase de Rayane que acababa con el centro de Arnau. El letón no se lanzó a tiempo. Le ha pasado siempre desde su llegada. Aunque en esta ocasión no era fácil. Ni tampoco la situación del equipo.
Seis de los últimos 18 puntos posibles para un Atlético Madrileño que sigue arriba, pero que ha perdido fuerza y energía en esa candidatura para el ascenso. Y que ve cómo se escapan los resultados de Alcalá semana tras semana. Mientras el Nàstic va poniendo tierra de por medio con un descenso que cada vez quita menos sueño a Parrado.
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