Contra todo y con trabajo
El Castilla, en crisis y con sólo 12 fichas del filial, tritura al Lugo y se reengancha al playoff. Recital de trabajo colectivo y esfuerzo individual. Brillante Ciria y ‘killer’ Jacobo Ortega


Ánimo a quien intente predecir el fútbol. Ánimo, porque lo va a necesitar. Se trata de un fenómeno casi tan impredecible como las auroras boreales. Uno puede acotar las posibilidades, pero no hay certezas. Ir a Laponia no garantiza ver una; analizar ausencias y momentos, tampoco acertar un resultado. Y menos aún, con el Real Madrid. Cuyo ADN trasciende de categorías. Es una cuestión de su camiseta, de su piel, de su genoma: cuanto más por muerto le den, más de parranda terminará. Eso sí es historia que hizo, historia por hacer. Algo tiene el pesimismo, que le activa. Y ha sucedido con el Castilla. Nada más, ni nada menos, que en el Anxo Carro, guarida del cuarto clasificado. Temible, rocosa. Pues goleada. Y golpe sobre la mesa.
En la más difícil, en la más imprevisible. Por un lado, la crisis: sólo una victoria, en ocho partidos con López de Lerma. El playoff seguía cerca por las rentas cosechadas, pero el presente vaticinaba un derrumbe. Se estaba presenciando. Y por si no fuera suficiente, diluvio de bajas: sólo 12 jugadores con ficha del filial viajaron al Anxo Carro. Ese era el panorama, entre bajas −Joan Martínez, Valdepeñas o Rachad, entre otros− y convocados por Arbeloa −Diego Aguado, Thiago, Manuel Ángel, Yáñez y Palacios−, para esta noche frente al Elche. Si la situación del primer equipo es delicada, la del Castilla no lo es menos: López de Lerma tuvo que dejar a titulares en el banquillo, para evitar una alineación indebida en la segunda parte. Casi nada. Casi todo.

Palabra de Di Stéfano
El sábado pintaba a sálvese quién pueda. Y terminó con un súbase quién quiera. A este barco, el del playoff. El del quién sabe. Porque el Castilla ha vuelto a latir. Amén de un partido que viene a volver a dar la razón a Di Stéfano: ningún jugador es tan bueno como todos juntos. Así fue. Un canto coral perfecto. Un clínic de trabajo colectivo y sudor individual. El Castilla mordió como muy pocas veces. Jugó como si una especie de Ley Seca fuese a prohibir el fútbol mañana. Un carpe diem tan aplicado, que debería escribirse en mayúsculas. Fue un vendaval; un tirano. Pegó un absoluto repaso.
Son los términos más apropiados para un partido que dejó boquiabierto y a la vez, mudo al respetable. Que dará mucho que hablar. El Lugo duró 5′. Sólo eso. Desde ese preciso momento, el Castilla imprimió un ritmo vertiginoso que, simplemente, pasó por encima de su rival. Fue un Ferrari contra un 600. Fueron dos atletas con paces −palabra tan de moda en estos tiempos− sorprendentemente diferentes. El Castilla circulaba en quinta y el Lugo, en cuarta. Y esos terminaron cayéndole. Cuatro.

Estreno de oro
Jacobo Ortega, titular por primera vez con el Castilla −Zúñiga fue uno de los damnificados por la sombra de la alineación indebida−, dejó unas sensaciones espectaculares. Veremos si no continúa, visto lo visto. Avisó con una vaselina sobre Marc Martínez que no entró porque el guionista del fútbol, sabedor de lo que iba a suceder después, quiso escribir un capítulo de suspense. A caprichoso no le gana nadie. Fue un puente antes de la tormenta. El balón superó al portero, pero botó tanto, que también superó el larguero. Lo posterior era inevitable. Contragolpe, balón filtrado de Pol Fortuny y cuero a las mallas, con la firma de Jacobo Ortega. Alma de killer.

Y pura dinamita
Sin tiempo para el análisis, llegó el segundo. Con la firma de un futbolista que destila una estela de estrella. Mucho ojo. Ciria, fichaje invernal −procedente del Sevilla−, fue un huracán desde la izquierda. Un imán que atraía los ataques y dinamitaba los empeños rivales. De sus botas salió el siguiente zarpazo: desmarque a la espalda de la defensa, control escorado y definición de crack, por bajo al palo largo. No era nada fácil poner el balón ahí. Pero lo hizo. Así, se llegó al descanso. Con el Anxo Carro en un mute extraordinario. Con el Lugo aturdido, como el boxeador que ha encajado tal derechazo, que está... pero no está.

Tiranía
Y no volvió a estar. Pese al movimiento en el banquillo −entró Unzueta, máximo goleador del equipo, para dibujarse en un esquema con dos delanteros−, no surtió efecto. El Castilla, que por momentos superó el 70% de posesión, encontró el tercero por insistencia y persistencia. De tanto soplar, terminó tirando hasta el último ladrillo de la casa. Pol Fortuny recibió por la derecha y definió con un chut al palo largo, desde dentro del área. Fácil y sencillo. Para toda su familia. Aunque con suspense: el árbitro tuvo que dar el gol, tras acudir al VAR y ver que la posición era milimétrica. En Primera RFEF no se tiran líneas, debe decidirse a mirada humana. Y la decisión fue que, en ausencia de evidencia de infracción, debe respetarse el devenir. Gol, 0-3.

Pulso en el lateral
Quedaba uno más. Obra de Jacobo Ortega, para redondear una noche que recordará durante mucho tiempo. David Jiménez, relevado al banquillo por Fortea −también firmó un partidazo que le refuerza para el once−, protagonizó una jugada que viene a ser un golpe sobre la mesa, en un pulso que se prevé efervescente. Rompió por la derecha, dejó atrás a la marca con un amago y regaló el gol, con un pase de la muerte. Jacobo Ortega se llevó la gloria; pero fue de esos goles que son mucho, mucho más que el goleador. Como este partido: uno que es mucho, mucho más que los nombres propios.
Fue un recital colectivo. De trabajo de todos y de cada uno. Por lo grupal y por lo individual. El Castilla se plantó en el Anxo Carro con sólo 12 fichas del filial. Famélico de efectivos entre bajas y convocados por Arbeloa. Y en medio de una crisis evidente: una victoria, en ocho partidos con López de Lerma. Se le daba por muerto. Pero ese es, precisamente, el botón rojo de este club. La frase que activa un ADN que trasciende categorías. Que va del primer equipo, hasta los diamantitos más pequeños de La Fábrica. Reside en el club el crecerse en la adversidad. Y Lugo será el ejemplo número 1.902. El Castilla vuelve a latir; vuelve a engancharse al playoff. Esta mañana estaba muerto y ahora, está de parranda. Qué victoria; qué goleada. Contra todo y con trabajo.
Clasificación

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