LIGA MALDIVAS

Españoles en el fútbol de Maldivas: entre el paraíso, la precariedad y la reconstrucción de una liga olvidada

Entre inestabilidad, calor y campos precarios, varios españoles retratan el fútbol real de Maldivas: un deporte en reconstrucción que lucha por sobrevivir.

Españoles en el fútbol de Maldivas: entre el paraíso, la precariedad y la reconstrucción de una liga olvidada
Martín Manchón
Colaborador de AS
Actualizado a

En el imaginario colectivo, Maldivas es sinónimo de playas infinitas, resorts de lujo y postal paradisíaca. Pero lejos de esa imagen de catálogo, existe un país que también intenta construir una identidad futbolística propia, marcada por la precariedad, la inestabilidad institucional y un crecimiento tan lento como complejo. En ese escenario, en los últimos años han desembarcado varios futbolistas y entrenadores españoles, atraídos por la posibilidad de competir, abrir mercado y vivir una experiencia distinta. Sus testimonios dibujan una radiografía honesta de una liga que sobrevive entre la ilusión y la incertidumbre.

La Dhivehi Premier League, máxima categoría del fútbol maldivo, atraviesa una etapa de reconstrucción tras varios años prácticamente en blanco. La competición estuvo paralizada por escándalos de corrupción federativa, problemas económicos y una profunda desorganización estructural. El resultado fue un fútbol detenido, clubes asfixiados y una pérdida notable de credibilidad. “La liga debería haberse jugado de marzo a noviembre, pero todo se fue retrasando. Llevaba dos años prácticamente parada”, explica Luisma Hernández, actual entrenador del Maziya, uno de los clubes históricos del país.

El técnico español llegó a Maldivas en un momento de máxima inestabilidad. Había salido de Lituania, donde aún tenía contrato, y aceptó el reto atraído por la posibilidad de competir en la AFC Challenge League -tercera competición más importante de Asia a nivel de clubes-. Sin embargo, la realidad fue otra. “Cuando llegué, ni siquiera estaba claro cuándo empezaría la competición. Se jugó primero la Copa y luego, con un cambio de presidente en la federación, se intentó reorganizar todo”, relata. El nuevo dirigente heredó un escenario caótico, con el anterior mandatario inmerso en procesos judiciales y una federación sin rumbo claro.

El problema de fondo, coinciden todos, es estructural. La federación recibe fondos internacionales que no siempre llegan a los clubes, lo que provocó incluso que estos se negaran a competir. La consecuencia fue una liga desnaturalizada, sin continuidad y con equipos obligados a sobrevivir como pueden. A día de hoy, la competición se disputa íntegramente en un único estadio natural, mientras los entrenamientos se realizan en campos de césped artificial castigados por el uso intensivo. “Las infraestructuras son muy limitadas y el desgaste del campo es evidente. Es un país en desarrollo futbolístico. Harán falta años, inversión y un cambio de mentalidad real”, apunta Hernández.

A pie de campo, la realidad se percibe aún con más crudeza. Sergio Mendigutxia, delantero del Maziya, describe unas instalaciones impropias del fútbol profesional. “Es el peor campo en el que he entrenado nunca: césped artificial duro, irregular, con parches distintos y sin vestuarios adecuados. Todos los equipos entrenamos en los mismos sitios”, explica un futbolista con experiencia en España, Polonia, Suecia, India o Brunéi. La falta de medios no impide, sin embargo, que el balón ruede. Tras dos años sin competición, la liga ha regresado, aunque todavía lejos de los estándares mínimos.

Hay jugadores con calidad, incluso algunos que sorprenden, pero muchos se conforman con jugar aquí. No tienen esa mentalidad de salir fuera.

Sergio Mendigutxia

El nivel futbolístico es desigual. Hay talento, pero falta ambición y continuidad. “Hay jugadores con calidad, incluso algunos que sorprenden, pero muchos se conforman con jugar aquí. No tienen esa mentalidad de salir fuera”, apunta Mendigutxia. La ausencia de competición durante tanto tiempo ha pasado factura, tanto a los clubes como a la selección nacional, que ha visto mermado su rendimiento internacional.

El fútbol sala, competencia directa

Uno de los grandes condicionantes es la omnipresencia del fútbol sala. Más fácil de organizar, más rentable y con menor exigencia logística, el futsal ha ganado terreno hasta el punto de desplazar al fútbol once. “Muchos jugadores priorizan el sala porque se gana más y es más cómodo”, explica Luisma Hernández. Algunos, incluso, han llegado a abandonar concentraciones con la selección para disputar torneos de futsal, una situación que refleja el desequilibrio existente. “Algunos clubes hemos cedido a jugadores a equipos de fútbol sala y entre los dos les pagamos el sueldo”, desvela el madrileño Andrés García, entrenador del Odi.

El suyo es uno de esos proyectos que intentan marcar la diferencia. Recién ascendido, el Odi de Andrés García compite con una estructura mínima pero sólida. “Soy el único del ‘staff’ que se dedica exclusivamente al fútbol. El preparador físico es policía, el segundo entrenador trabaja en academias… todo se hace con mucho esfuerzo”, explica. Aun así, el rendimiento ha sido notable: con 40 puntos sobre 54 posibles, han acabado la temporada en segunda posición, solo por detrás del poderoso Maziya de Luisma Hernández y Sergio Mendigutxia, que se ha proclamado campeón.

La comparación con los grandes es inevitable. “Competir contra un club con ese presupuesto es muy difícil”, admite García. El Maziya maneja cifras que, aun siendo modestas en términos internacionales —entre 2.000 y 3.000 dólares mensuales de presupuesto—, marcan diferencias claras en el contexto local. Aun así, el técnico del Odi destaca la importancia de la estabilidad y del cumplimiento salarial, dos factores que no siempre están garantizados en la liga.

Al margen de las dificultades económicas, la experiencia vital en Maldivas es intensa. Vivir en Malé o Hulhumalé dista mucho de la imagen idílica que proyecta el país. “Hulhumalé es cómoda, tranquila y limpia, pero Malé es caótica, muy densa, con tráfico constante y poco espacio”, relata Mendigutxia, que vive allí por cercanía al estadio. El otro futbolista español de la competición, Buba Sylla, jugador del Club Valencia, coincide: “La imagen paradisíaca no tiene nada que ver con el día a día del futbolista. Eso está en los resorts, no en la ciudad”.

En tu día libre puedes coger un barco y plantarte en 15 minutos en el paraíso.

Sergio Mendigutxia

El clima añade otra dificultad. Calor y humedad constantes, entrenamientos a las cuatro de la tarde y partidos en condiciones extremas. “Si no te cuidas bien, te lesionas. La hidratación y la recuperación son clave”, señala Sylla, que llegó con la idea de relanzar su carrera en Asia. En su caso, firmó inicialmente por solo cuatro meses, consciente de la inestabilidad del entorno. “Aquí, si te lesionas, el club puede prescindir de ti sin problemas. Hay que estar siempre listo”.

El público, por su parte, también se ha alejado. Antes de los escándalos, algunos partidos reunían a más de 10.000 espectadores. Hoy, salvo citas puntuales, apenas se superan los 1.000. La confianza se ha resentido y el fútbol lucha por recuperar su espacio en una sociedad donde el deporte rey convive con otras prioridades. “Los escándalos de corrupción han hecho mucho daño. La gente se ha desencantado”, descubre Andrés García.

Y, sin embargo, hay brotes verdes. Por ejemplo, Luisma Hernández ha apostado por la juventud y ha hecho debutar a un delantero de 16 años (Mohamed Ilan) que ya es internacional absoluto. El canario cree que el talento existe. “Si estos chicos salieran a ligas como Indonesia o Tailandia, crecerían mucho”, asegura Luisma, que cumplió con el objetivo inicial de ganar el campeonato: “Eso ya queda ahí, para la historia”.

Todos coinciden en una idea: Maldivas no es un destino sencillo, ni en lo futbolístico ni en lo personal. Pero precisamente ahí radica parte de su valor. La experiencia, aseguran, deja una huella difícil de borrar. “Es una vivencia que te cambia”, resume Mendigutxia, quien destaca que, pese a las dificultades del día a día, “puedes coger un barco en tu día libre y plantarte en 15 minutos en el paraíso”. Aprender a convivir con otra cultura, con normas distintas y con una manera diferente de entender el fútbol acaba formando parte de un proceso tan exigente como enriquecedor.

Noticias relacionadas

El fútbol maldivo avanza despacio, entre contradicciones y esfuerzos aislados. No es un paraíso, pero sí un laboratorio de supervivencia futbolística. Y mientras la pelota siga rodando sobre ese césped castigado por el sol y la humedad, habrá entrenadores y jugadores dispuestos a intentarlo, convencidos de que incluso en los lugares más improbables también se puede construir fútbol.

¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí

Etiquetado en:
Comentarios
Normas

Rellene su nombre y apellidos para comentar

Te recomendamos en Migrantes del Balón

Productos recomendados