VIETNAM | ALBADALEJO

El recién ascendido que desafía la jerarquía del fútbol vietnamita de la mano de un entrenador español

Recién ascendido, líder y con un entrenador español al mando: así desafía el Ninh Binh la jerarquía del fútbol vietnamita desde una ciudad alejada de los focos.

El recién ascendido que desafía la jerarquía del fútbol vietnamita de la mano de un entrenador español
Martín Manchón
Actualizado a

A las seis de la tarde en Ninh Binh ya es noche cerrada. El calor afloja, la humedad no tanto, y el estadio empieza a llenarse mientras en la ciudad se apagan las luces de los comercios. En ese horario extraño para un europeo, pero perfectamente lógico en Vietnam, el equipo de Gerard Albadalejo (Barcelona, 1983) salta al césped como líder de la V.League 1 a pesar de ser un recién ascendido. Hace apenas unos meses, el técnico catalán aterrizó en el país preguntándose si sería capaz de aguantar más de dos semanas. Hoy, con el Ninh Binh FC en la parte alta de la clasificación, reconoce otra cosa: “Tal y como hemos acabado esta primera parte de la temporada, tenemos la obligación de pelear hasta el final para llegar lo más lejos posible”.

El Ninh Binh se ha convertido en una de las historias inesperadas del fútbol asiático: un club recién instalado en la élite, con un proyecto ambicioso y un entrenador español que se ha adaptado al país casi al mismo ritmo que su equipo se adaptaba a ganar. Al principio, eso sí, todo eran dudas.

Los primeros 15 días pensaba: ‘No sé si aguantaré mucho aquí’. Teníamos 35 grados y un 80% de humedad. Era insufrible.

Gerard Albadalejo.

La vida de Gerard Albadalejo dio un vuelco cuando aceptó la oferta para marcharse a Vietnam. Tras dirigir a Lleida, CE Europa o Atlético Saguntino, el barcelonés dejó España atrás para afrontar una nueva etapa en un terreno (prácticamente) desconocido. El impacto fue inmediato, sobre todo en lo físico: el calor, la humedad y el ritmo de vida le golpearon desde el primer día. “Los primeros 10 o 15 días nos costaron muchísimo, sobre todo por el calor”, recuerda, “fue increíble. Estando aún en el hotel le decía a los compañeros: ‘No sé si aguantaré mucho aquí’, porque teníamos 35 grados y un 80% de humedad. Era insufrible. Desde las 10 de la mañana hasta las cuatro o cinco de la tarde no podías estar en la calle, era imposible”.

El clima, los horarios y la comida fueron las primeras barreras. “La comida también fue un reto, en mi caso más que en el de los demás”, admite. “Toda la comida vietnamita es muy picante. Me costó adaptarme. Por suerte ahora tenemos un buffet con comida más europea, pero al principio era muy repetitivo. Aquí hasta la ensalada pica”, descubre Albadalejo, que llegó a dudar de su adaptación a Vietnam “por el estilo de vida”, porque “futbolísticamente me sentí bien desde el principio y eso ayuda”. “Sabía que tenía que acostumbrarme al calor, a los horarios, a la comida… Y, a partir de ahí, a funcionar”, añade.

De las reuniones maratonianas en Barcelona al viaje relámpago a Hanói

Antes de sudar en el césped de Ninh Binh, todo empezó en una sala de reuniones en Barcelona. Albadalejo llevaba tiempo rumiando la idea de salir de España: “Hablaba con mis agentes y les decía que creía que era el momento de salir fuera si surgía algo interesante. En Segunda RFEF o Tercera RFEF en España cada vez es más complicado; los proyectos no son especialmente atractivos y la dificultad es alta. Me hacía ilusión probar en el extranjero. Salieron algunas opciones, pero no me terminaban de convencer”.

Entonces apareció el Ninh Binh FC, cuyo presidente, Hoang Manh Truong, es considerado uno de los grandes magnates de Ninh Binh. “Quería contratar a un entrenador español. Es un amante del fútbol español y del fútbol inglés, y tenía claro que quería un técnico español. Estuvo un tiempo en España, hizo su propio scouting y, al final, se decidió por mí. Yo, encantado de poder estar aquí”, descubre Albadalejo, que tuvo hasta “tres reuniones muy largas” con la directiva de su nuevo club: “Recuerdo que el primer día estuvimos cinco o seis horas hablando; perdí la noción del tiempo. Le expuse mi modelo de juego y él también me compartió lo que le gustaría ver en el equipo”.

Durante dichas reuniones, Gerard Albadalejo contó con una ventaja inesperada: “Meses antes, mi agente me había pedido ayuda para analizar la V.League 1 y posibles destinos para algunos de sus futbolistas. Durante mes y medio hice un análisis del fútbol vietnamita. Creo que al presidente le sorprendió el conocimiento que tenía de la liga, de los jugadores y de los clubes. Más allá del modelo de juego, porque hoy en día casi todo el mundo trabaja bien, creo que le gustó mucho que ya conociera tan bien a los futbolistas”, reconoce el técnico español, que viajó a Hanói, capital de Vietnam, tan solo unos días después: “Todo lo que vi me gustó y en unos 10 días cerramos el acuerdo”.

Un club nuevo, un dueño local y una ambición desatada

El proyecto al que se sumó Albadalejo no era el de un gigante histórico, sino el de un recién llegado con recursos: “El presidente, el propietario, es una persona muy importante en el país. Tiene muchos negocios, es dueño de un banco muy importante y de varias compañías. Él es de Ninh Binh, aunque lleva muchos años viviendo en Hanói”.

En esa mezcla de raíces locales y músculo económico está la clave: “En el pasado ya había colaborado con varios clubes como patrocinador y siempre le había hecho mucha ilusión tener su propio equipo. Este club, de hecho, estaba en otra ciudad y jugaba en Segunda División, pero tenía problemas económicos. El año pasado decidió comprarlo, trasladarlo a Ninh Binh y arrancar un proyecto muy ambicioso. Hizo un equipo espectacular en Segunda para ascender, lo consiguió y este año tenía clarísimo que quería estar en la parte alta de la tabla y pelear por objetivos importantes”.

El recién ascendido que desafía la jerarquía del fútbol vietnamita de la mano de un entrenador español
El estadio del Ninh Binh, durante las obras de reacondicionamiento realizadas tras su ascenso a la V.League 1.

Su visión no se limita al primer equipo. “Está haciendo una inversión muy fuerte en la ciudad: ha mejorado muchísimo el estadio, las gradas, los vestuarios; están construyendo una zona VIP, han terminado un campo de entrenamiento y están ya con el segundo, con la idea de tener una ciudad deportiva en dos o tres años. Su sueño es crear también una academia de fútbol base que sea un reflejo del crecimiento del fútbol vietnamita”, explica Albadalejo.

Ese detalle, el de la formación, es algo que el propio entrenador español subraya: “Aquí hay dos clubes, Viettel y Gia Lai, que trabajan muchísimo la cantera. Sacan una enorme cantidad de jugadores; te diría que entre el 50 y el 60% de los futbolistas que están ahora en Primera División han pasado por una de esas dos academias. Y ahora hay voluntad de seguir creciendo en ese sentido. Nuestro club, por ejemplo, quiere tener en un futuro próximo su propio fútbol base y formar jugadores. Dentro de la plantilla actual tenemos cinco jugadores Sub-23 y cuatro menores de 20 años de mucho nivel. En total, unos nueve futbolistas menores de 23 años con mucho futuro, que queremos que sean la base del club en los próximos años”.

“Querían un español… y un ‘staff’ español”

Cuando el acuerdo avanzó, Albadalejo puso una condición clave: no ir solo: “En las reuniones que tuvimos, cuando ya empezamos a hablar de condiciones, más allá del tema económico y del contrato, le dije al presidente que una de mis condiciones era poder venir con al menos cinco personas españolas conmigo: un segundo entrenador (Josep María Roma), un analista (Juan Carlos Fontsana), un preparador físico (Gabriel Arocas), un entrenador de porteros (Álex Salvador) y un fisioterapeuta (Ian Lanuza), para tener todas las áreas controladas y trabajar con gente de mucha confianza”. Un ‘staff’ completado por locales y coordinado por un traductor que habla vietnamita, inglés y español perfectamente: “Ha sido clave para la cohesión del día a día. En total somos 14 personas en el cuerpo técnico”.

El recién ascendido que desafía la jerarquía del fútbol vietnamita de la mano de un entrenador español
Gerard Albadalejo, junto a su cuerpo técnico antes de viajar a Vietnam.

La ‘españolización’ del Ninh Binh podía parecer una irrupción forzada en un entorno local, pero ocurrió justo lo contrario: “Ese era un miedo que teníamos, pero, por suerte, nos hemos encontrado con gente increíble: muy abierta, dispuesta a ayudar, dispuesta a aprender y también a enseñarnos y compartir con nosotros. Sobre todo al principio, para que pudiéramos adaptarnos bien a la cultura, al día a día… Nos han puesto muchísimas facilidades para que los jugadores entendieran nuestro método de trabajo. Yo no me puedo quejar; sé que otros entrenadores han tenido problemas, pero en mi caso he tenido muchísima suerte. Puedo decir que tengo personas magníficas en el ‘staff’”.

Un fútbol más duro de lo que aparenta: “No puede venir cualquiera a jugar aquí”

El salto a Vietnam obligó a Albadalejo a revisar prejuicios, empezando por los suyos. “Yo mismo, en algún momento de mi vida, pude minusvalorar otros campeonatos como el vietnamita, pero he visto de primera mano la dificultad que supone adaptarse para jugar aquí, en Vietnam o en el sudeste asiático. No es solo una cuestión de nivel futbolístico, que también, sino de físico, de mentalidad, de ritmo de juego”.

No puede venir cualquiera a jugar en Vietnam. El nivel es mucho más alto de lo que uno se imagina desde fuera.

Gerard Albadalejo

El retrato que hace de los jugadores locales es revelador: “Los jugadores vietnamitas son increíblemente rápidos, muy resistentes, técnicamente bien dotados. Donde veo más margen de mejora es en la parte táctica. Pero no puede venir cualquiera a jugar aquí. El nivel es mucho más alto de lo que uno se imagina desde fuera”. La normativa de extranjeros acentúa esa exigencia porque “solo permite tener cuatro extranjeros por plantilla y, de ellos, solo tres pueden estar en el campo a la vez”. “Eso hace que no puedas permitirte demasiados experimentos: esos jugadores tienen que marcar la diferencia. En Vietnam suelen buscar un perfil físico muy potente: futbolistas fuertes, la mayoría por encima del 1,80. Normalmente, casi todos los equipos tienen un central extranjero, dos delanteros extranjeros y, en algunos casos, un mediocentro. A partir de ahí se construye el equipo”.

Ese contexto ayuda a entender por qué dos futbolistas españoles que llegaron con él, Víctor Morales y Alfredo Pedraza, no pudieron asentarse: “Llegaron con nosotros al inicio y durante la pretemporada, pero lo que comentaba antes de la aclimatación fue durísimo para ellos. Si para nosotros, que no jugamos, era complicado, imagínate para ellos, que tenían que entrenar y competir. Se les hizo una montaña. No era un tema de rendimiento futbolístico, sino de que no podían rendir al nivel que querían porque no eran capaces de adaptarse al calor, a la humedad, a la comida… Lo pasaron realmente mal. Entre todas las partes entendimos que lo mejor era que volvieran a España, porque estaban sufriendo mucho”.

Un recién ascendido sin complejo de recién ascendido

A pesar de ser un recién ascendido a la V.League 1, el Ninh Binh aspiró desde el primer día a desafiar el orden establecido en el fútbol vietnamita, llegando a causar incomodidad entre clubes y aficionados rivales. “Al principio, muchos pensaban: ‘Harán una buena temporada y ya está’. Pero al ver la dinámica del equipo, al final nos hemos convertido en un rival poderoso. Tenemos que seguir nuestro camino y olvidarnos de lo que se diga. Al final, cuando termine la liga, ya se verá dónde acaba cada uno”, persevera Albadalejo, quien se siente “obligado” a “pelear por llegar lo más lejos posible”: “Vinimos con la ilusión de hacer las cosas bien, pero una cosa es lo que te imaginas y otra lo que te encuentras. Intentamos ir partido a partido y tener los pies en el suelo. No podemos negar que las cosas están saliendo bien”.

Más allá de los resultados —el Ninh Binh lidera la V.League 1 con ocho victorias y tres empates en 11 jornadas—, la experiencia ha transformado a Gerard Albadalejo como persona. Le sorprende el orden dentro del caos aparente del tráfico vietnamita —“en Hanói y Ho Chi Minh hay una auténtica barbaridad de motos, pero todo funciona con una lógica propia; para un europeo es imposible atreverse a conducir”—, la sensación de seguridad —“vivimos en un hotel y las puertas de las habitaciones nunca se cierran con llave, todo está abierto y no pasa absolutamente nada”— y la educación de los niños —“ves a chavales de siete u ocho años yendo solos por la calle, a comprar o al colegio, y te impacta. Eso habla de un nivel de desarrollo social que permite que los niños crezcan así”—. Y por encima de todo, le impresiona la ética de trabajo: “Me ha impresionado las ganas de trabajar que tiene la gente vietnamita: no se cansan nunca. Son muy amigables, te reciben bien en todas partes, te ayudan en lo que sea. La gente es muy servicial, siempre pendiente de que todo salga bien”.

El recién ascendido que desafía la jerarquía del fútbol vietnamita de la mano de un entrenador español
El staff y los futbolistas del Ninh Binh celebran junto a su afición uno de sus triunfos en la V.League 1.

En el plano deportivo, la pasión también se traduce en números: “Nuestro estadio tiene capacidad para 22.000 espectadores. Por suerte, salvo un partido que se jugó entre semana muy pronto y a la gente le costó más ir porque tenía que trabajar, el resto de partidos solemos estar entre el 70 y el 75% de la capacidad. En el derbi contra el Nam Dinh —cuyo propietario es el hermano del presidente del Ninh Binh FC— el campo se llenó. Además, tenemos mucho seguimiento fuera: vaya donde vayamos, viajan entre 500 y 1.000 aficionados con nosotros. A Hanói, por ejemplo, vinieron más de 1.000. Aquí la gente está muy ilusionada con el fútbol y con el equipo”.

Un escudo idéntico al del Bayer Leverkusen

Una de las grandes peculiaridades del Ninh Binh FC es que su escudo es prácticamente idéntico al del Bayer Leverkusen. Y la elección de un entrenador español no es casual. Su presidente persigue una idea muy concreta: replicar, a su escala, la fórmula que llevó al club alemán a conquistar la Bundesliga en 2024. Mismo escudo, misma inspiración y un técnico español como eje del proyecto. “Es muy supersticioso, cree en la suerte, en las buenas vibraciones. Piensa que ese modelo nos puede dar una dinámica ganadora”, explica Albadalejo desde la ciudad de Ninh Binh, que es capital de la provincia homónima y cuenta con unos 350.000 habitantes.

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En Ninh Binh ya no se habla solo de sorpresa. Se habla de proyecto, de ambición y de un entrenador español que ha encajado todas las piezas en tiempo récord. El escudo recuerda al de Leverkusen. La idea también. Y el fútbol, de momento, acompaña. Si la fórmula funciona, Vietnam, Ninh Binh, Gerard Albadalejo y su ‘staff’ podrían estar asistiendo al nacimiento de su propia aventura inolvidable.

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