La ‘Bestia Verde’ del Madrid
Por segundo año seguido, el Betis elimina al Real Madrid de Copa. Un cabezazo en el 94′ decanta un partido polémico: hubo invasión de área en el 1-1. Adiós a la racha de Álvaro López

Fue una final, en cuartos de final. Los dos mejores juveniles de España, cara a cara. Al menos, ahora mismo. Real Madrid y Betis. Rock & Roll; más que un partido. Con Arbeloa y Ceballos −libre interpretación a esta presencia− en la grada. Espectadores en el combate entre dos púgiles de aúpa: líderes de sus grupos en División de Honor, en octavos de la Youth League (el Betis, tras un 5-1 al Tottenham y el Madrid, un 5-2 al Marsella) y con unos números intimidantes (tercer y cuarto máximo goleador nacional). Pero nada es más caprichoso que un sorteo. Y el azar, los puso frente a frente en esta ronda. Un año después de que el Betis endosara un 6-1 al Madrid. Aquella herida dejó cicatriz. Alimentó la doble V: Vendetta en Valdebebas. Pero no se produjo. Y sí, un nacimiento: la Bestia Verde.
El Betis estará en la Final Four. Aún espera rivales (el Celta ha eliminado al Athletic y el Barça, a Las Palmas, pero aún se disputa un Tenerife-Depor). Pero sobre todo, aún espera ubicación: la fase final todavía carece de sede. Aunque sí hay fechas: entre el 11 y el 14 de marzo. No estarán los de Álvaro López, una pizarra que, pese a esto, sigue impactando en La Fábrica: ha firmado 39 victorias seguidas. No es una errata, no. Han sido 39. Aquí muere su racha. Aunque el ritmo es de título de Liga: saca 7 puntos al Atleti. Pero hoy, fue perdedor de un envite eléctrico, polémico y marcado por el ventarrón.

Lo que el viento condicionó
En la primera parte, a favor del Madrid; en la segunda, del Betis. Fue el jugador número 12, entre tanto talento. De blanco, la batuta de Carlos Díez y la potencia de Beto, diamantes de un equipo con dos diablos en las bandas (Gabri Valero y Alexis Ciria, exsevillista). El Betis, comandado por el todocampismo de Corralejo y el talento de Morante −hijo del torero−, así como la chispa de Rafa Oya. Dos generaciones que están entusiasmando. Que prometen... y prometían un partidazo. Y así fue.
El ritmo fue la prueba del algodón del altísimo nivel. Idas y venidas constantes; luchas en cada duelo como si fuese el último. Una intensidad asombrosa, en ambas direcciones. Quien cayese, lo haría con la cabeza alta. Ese fue el pacto entre caballeros; la certeza durante el misterio de un partido que avanzó por una cuerda floja. Como un funambulista: pudo caer para cualquier lado. El primer tiempo fue algo más del Madrid, con el viento a favor. Penalizando las pérdidas del Betis en campo propio y poniendo a prueba a Manu González. Héroe.

Del Búfalo...
Y poco después, villano. Un error suyo propició el primer gol: disparo desde la frontal que no blocó... y dejó muerto en el área. Ahí, con olfato de depredador, apareció Jaime Barroso, que anotó con la zurda. El Búfalo, arramplando. Un delantero nunca pide permiso. Así, se puso de cara la velada. Pero la alegría fue fugaz: Guille González cometió un inocente penalti, al ir al suelo y llegar muy tarde. El derribo fue claro. Nadie protestó. Pero sí poco después, porque llegó la polémica. Aunque, en realidad, fue una sin margen a debate.

...a la polémica
Porque fue un grave error arbitral. Rafa Oya asumió la responsabilidad, fusiló hacia su derecha... y detuvo Voloshyn. Un paradón. Manos de acero. Pero el rechace cayó a Rubén de Sá, que marcó a placer. Zurdazo con el interior, a la red. Gol, 1-1. La cuestión es que Rubén de Sá... invadió el área. Un fallo inexplicable y no tanto del árbitro principal, sino del primer linier. Entró antes y por mucho. Y al no haber invadido ningún defensa, debió concederse tiro indirecto a favor del Madrid, no repetirse el lanzamiento. De ese escenario, al empate. La indignación en Valdebebas resulta comprensible. Silbatazo y a vestuarios. Qué final.

Nerviosismo
La segunda parte tuvo menos ocasiones, aunque el mismo pulso. Taquicárdico. Porque tras unos primeros 25′ con algo de morfina, la fase final afinó la banda sonora de Psicosis durante cada ataque. Ese sentimiento de que quien marcase, se lo llevaba. Que no habría margen para la reacción. El Madrid perdonó, principalmente en las botas de Iker Doblas −cuya irrupción fue un terremoto− y Carlos Díez, en un esprint que pudo terminar en un mano a mano. Pero se le acabaron las fuerzas.
Minuto 94′
El fútbol empezó a ser más de brocha gorda, que de pincel. Más corazón que cabeza. El Betis −algo más atrincherado, pero sólido en defensa−, siempre confió en que tendría una oportunidad. Se mentalizó de que la llave al Dorado no sería la insistencia, sino la resiliencia. Y así fue. Iker Doblas cometió una falta −jugándose innecesariamente la segunda amarilla− en el descuento. Pegada a la línea de cal. Y sucedió el KO. Balón a la olla, reforzado por el viento que sopla en la capital. Y para soplido, el del lobo feroz: Curro Macías. Central gigante, que se hizo enorme. Testarazo imparable desde dentro del área. Con tal potencia, que derribó Valdebebas. Sentenció el partido. Jaque mate.

Déjà vu
Así terminó un combate entre dos púgiles de aúpa. Con una primera parte de Rock & Roll y una segunda de más nerviosismo. Con demasiado miedo a fallar, tal vez. El partido asomaba una prórroga... y entonces, rugió el monstruo. Esa Bestia Verde que es el Betis, para el Real Madrid. Van dos años seguidos eliminándolo en Copa. Ambos, de hecho, dolorosos. La temporada pasada fue un 6-1 y esta, un cabezazo en el 94′. Una en Sevilla, otra en Madrid. Los de Álvaro López fueron algo superiores, pero el dominio no compra billetes. Sólo acerca. El premio es para quien hinca el diente y en esa materia, enfrente hubo un depredador. Más calidad, que cantidad. El Betis puede estar disfrutando del mejor Juvenil de su historia. O al menos, en mucho tiempo. Ya está en la Final Four. Ha vuelto a tumbar al Real Madrid.
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