Sevilla F.

Kanteh, el éxito de la persistencia

La extremo del Sevilla lleva tres goles y dos asistencias en los últimos cuatro partidos. Un éxito que ha alcanzado tras años de lucha por jugar.

07/09/24 FUTBOL FEMENINO 
PARTIDO PRIMERA DIVISION 
SEVILLA - REAL SOCIEDAD
ALEGRIA KANTEH
TONI RODRIGUEZ | DiarioAS
Aimara G. Gil
Redacción de AS
Actualizado a

No busquen a Fatou Kanteh (Banyoles, Girona, 1997) solo en la estadística, aunque los números griten su nombre. Búsquenla en la persistencia. Con tres goles y dos asistencias en los últimos cuatro envites, la atacante se ha erigido en la brújula ofensiva del Sevilla. Centenaria en Primera División, hoy es un referente en Nervión, pero su camino hacia el éxito no ha sido fácil….

De Gambia a Banyoles

La historia de los Kanteh es la de tantos otros que buscan un norte más amable. Su padre fue el primero en abrir camino, llegando solo a España para labrarse un futuro antes de poder reagrupar a los suyos. Cruzó desde Gambia a Marruecos acompañado de su hermano, pero no pudieron ir los dos porque no tenían para dos billetes, así que se fue con la promesa que conseguiría el dinero para llevarlo.

“Mi padre vino solo, peleando contra todo, y cuando pudo, trajo a mi madre y a uno de mis hermanos. Yo nací aquí, pero crecí viendo ese esfuerzo diario por darnos lo que ellos no tuvieron”, relata la jugadora en una entrevista en la Liga F. Promesa cumplida, porque a los meses llevó a su tío y a su madre a España. Un ADN de lucha del que Fatou se impregno, incluso para plantar cara a sus padres.

El muro familiar y el ángel de la escuela

A pesar de ese amor, el fútbol no entraba en los planes que sus padres tenían para ella. En su casa de Banyoles, el balón era un intruso. “En mi casa no querían que jugara. Mi padre me decía que el fútbol no era para niñas. Yo jugaba a escondidas, pero era imposible ocultar la pasión”, confiesa. Porque Kanteh siempre iba con un balón: “Recuerdo jugar en la calle después de ir al colegio. Todo el día era darle patadas a un balón junto con hermanos y amigos”, dijo para AFE. La mediación llegó de la forma más inesperada: un profesor de refuerzo que vio en ella algo especial. “Él fue quien se plantó en mi casa para hablar con ellos. Les hizo entender que tenía un don y que debían dejarme intentarlo. Gracias a que él les convenció, mi padre cedió y me apuntaron al club del pueblo”.

Entonces empezó a jugar en el UD Porqueres. Era la primera vez que jugaba en un club y no en la calle, pero sin haber pasado antes por ninguna categoría. Gracias al proyecto del Barcelona pudo ver al Barça femenino. Conoció a las jugadoras, las vio de cerca y compartió con ellas un rato. Ahí volvió a sentir el gusanillo y fue consciente de que el sueño no estaba tan lejos: “Fue un momento muy bonito porque vi realmente que no iba por mal camino queriendo llegar y algún día poder jugar contra ellas”.

Tras pasar por Logroño, su primera experiencia lejos de casa con quien consiguió el ascenso a Primera, y el Sporting Huelva, su llegada al Villarreal marcó un antes y un después. Allí se encontró con Sara Monforte, la entrenadora que terminó de pulir el diamante en bruto. Monforte no solo le dio confianza, sino que le exigió una disciplina táctica que Fatou desconocía. “Sara fue clave. Ella me enseñó a entender el juego, a no ser solo una jugadora que corre por la banda. Me dio las herramientas para ser más completa y confiar en mi potencial en la élite”, reconoce sobre la técnica que la ayudó a brillar en el submarino amarillo antes de su desembarco en Sevilla.ç

Kanteh, el éxito de la persistencia

El orgullo de Gambia: Un billete pagado con fe

La conexión de Fatou con sus raíces es innegable, pero su llegada a la selección de Gambia no fue un camino de rosas, sino un acto de fe. Ante la falta de recursos de la federación para captar jugadoras en el extranjero, fue la propia Fatou quien tomó la iniciativa. “Tenía tantas ganas de jugar con ellos que contacté yo misma. Me dijeron que si quería ir, tenía que pagarme el viaje. No me lo pensé: me saqué el billete y me fui para allá. Jugar por el país de mis padres es honrar mi historia, y eso no tiene precio”. Un gesto que define su compromiso por encima de cualquier comodidad. Llegó, debutó, marcó y se convirtió en una referencia para su país.

Referencia total

Hoy, bajo la dirección de David Losada en el Sevilla, Kanteh ha alcanzado su plenitud. Ha dejado de ser solo velocidad para convertirse en una jugadora total que sabe cuándo frenar y cuándo morder. Su racha actual (cinco participaciones directas en gol en cinco jornadas) es el resultado de años de derribar prejuicios. “He madurado. Siento que el equipo confía en mí para decidir partidos. Todo el camino, desde los entrenos a escondidas hasta hoy, ha merecido la pena”.

Fatou Kanteh es, en definitiva, la prueba de que el fútbol es una cuestión de convicción. Aquella niña a la que no dejaban jugar es hoy la pesadilla de las defensas de la Liga F. Con su zancada eléctrica y su nueva visión de juego, no solo marca goles, marca el camino para las que vendrán detrás, demostrando que, a veces, para que los sueños se cumplan nunca ha que desistir.

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