Barcelona

Los secretos de la Masia para crear ‘Bernales’: Serra, F-7 y la filosofía del mapa mental

El Barça, ante otra ausencia de De Jong, vuelve a sacar pecho con su filosofía en una medular clave. Contra el Villarreal, también pasaron por ahí Eric, Fermín, Olmo...

El entrenador del Barcelona Hansi Flick (i) saluda al jugador Marc Bernal en el Camp Nou. EFE/ Toni Albir
Toni Albir
Alfredo Matilla
Redactor Jefe
Nacido en Alcázar de San Juan (Ciudad Real, 1982), es redactor jefe. Licenciado en Periodismo, entró en AS en 2005, donde pasó por la sección del Madrid, fue Delegado en Cantabria (2008-2012) y jefe de sección de AS.com (2012-2022). Tras su paso por Relevo, regresó a casa en 2026. Es Máster en Psicología Deportiva y autor del libro 'Por si acaso'.
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Sucedió con Milla, Amor y Guardiola el siglo pasado. Se alcanzó la gloria con Xavi y Iniesta hace nada. Y el legado continúa con Fermín, Eric, Olmo y los que vienen apretando. En las buenas y en las malas, la Masia lo tiene claro: el talento de sus centrocampistas al poder, ya sean mediocentros, interiores o se asomen más al área como mediapuntas. La temporada anterior a ésta, sin ir más lejos, De Jong cayó en combate y Casadó derribó la puerta hasta liderar un Clásico en el Bernabéu (0-4) y plantarse en la Selección. En la actual, el holandés vuelve a causar baja en el peor momento, y la primera alternativa ha sido abrazarse a Bernal pese a sus 18 años.

Hay quien, a veces, intenta hacer ver que las apreturas económicas son el motor de esta fe inquebrantable con los chavales. Otros, hablan de suerte y que es cosa de las hornadas... Pero los datos y el palmarés hablan por si solos. Hay un plan diseñado con mimo y una metodología concreta. Y para comprobarlo basta con escuchar, off the record, a los formadores y captadores consultados que han pasado o aún permanecen bajo la disciplina blaugrana: todos, sin excepción, utilizan el mismo lenguaje para explicarlo que Laureano Ruiz, uno de los padres del estilo culé que dejó su Cantabria amada por instruir en Barcelona hace más de 50 años. La idea de juego es una religión con herederos. El Villarreal también lo sufrió.

“Para jugar en el Barça hay que tener claras dos cosas por encima de las demás: la base de todo es el balón y el jugador tiene que tener, además, un mapa mental en la cabeza para poder jugar de memoria”. La sentencia es un mantra que brota desde dentro. Sobre todo para los centrocampistas. Por eso, para vestir de blaugrana no vale cualquier futbolista y, también por eso, los formadores con los que cuenta el club tampoco pueden ser los primeros que pasen por ahí con el carnet de entrenador. Es más, en comparación con el resto de entidades profesionales, alrededor de la Masia es vox populi el comentario de que sus entrenadores son “los mejor pagados”. Por que lo valen y, sobre todo, para que no se marchen. De esta forma, suele haber muy pocos cambios a esas alturas del organigrama. Otra cosa bien distinta es en los puestos de confianza, honoríficos y de representación.

Entre los que tienen contrato casi vitalicio aparece siempre, como denominador común en las charlas con expertos en canteras, el manresano Marc Serra. Igual que en categorías superiores Pol Planas ya es un delfín, el coordinador de los equipos de Fútbol 7 desde 2011 brilla con luz propia tras ser descubierto por Albert Puig (Sergi Milà es el de Fútbol-11). En esta estrategia formadora, el paso de jugadores como Bernal por el juego reducido en benjamines y alevines es fundamental para su progresión. ¿Las razones? Las características de esta especialidad vienen como un guante para acentuar las virtudes a potenciar. Por los campos de 65x45 metros han pasado en los últimos años, entre otros, Gavi como prueba de que el método no deja de dar réditos internos. Sin olvidar a Xavi Simons o Nico González aunque volaran para orgullo de los que les amamantaron.

Según explican los que saben, “no es casual que en esos sistemas iniciales del 1-3-2-1, el central de niño acabe siendo mediocentro de adulto, o que los laterales utilizados entonces brillen en la élite como extremos. Se les pone ahí adrede”. También se ven retrocesos interesados en el dibujo que marca la pizarra. Bernal, que era un delantero con mucho olfato goleador, fue retrasando su posición en el campo para adecuarse a su ritmo más diésel y menos explosivo con el paso de los años, pero también a su mayor entendimiento del juego. El Fútbol-7 es tan importante para el club que antes, cuando sólo se jugaba en benjamines, fue de los que más insistió para que se extendiera a los alevines. Así, pasó de tener dos equipos de F-7 a nueve.

Los secretos de la Masia para crear ‘Bernales’: Serra, F-7 y la filosofía del mapa mental
Fermín, Olmo y Casadó celebran un gol del Barça. GORKA LEIZA

Para muchos de estos fundamentalistas del estilo culé, hay una obra compleja, a medio camino entre la literatura y la ciencia, donde está explicado todo de una forma tan precisa como compleja. ‘ADN Barça’ (Córner), del legendario preparador físico Paco Seiru-lo, es la Biblia porque en ella se explica incluso que la tenencia del balón se originó en un principio como protección más que como arma de destrucción masiva. Era, es y será la mejor herramienta con la que defenderte. Para él, no existen las fases ofensiva y defensiva; todo es un continuum. Y a fin de cuentas, el origen de todo: si tienes el balón no te pueden atacar, así que juntar pases y jugadores suele llevar a encontrar los espacios y los huecos. Se hacía con Cruyff y se repite con Flick.

Las directrices de los ojeadores

Sobre estos ejes gira la labor de captación de los ojeadores y la formativa de los entrenadores. “Lo de jugar 1-4-3-3, con la variante del 1-3-4-3, es determinante para que se den los famosos triángulos holandeses de donde emana todo (mínimo dos líneas de pase). Así, los chicos hay veces que, por ejemplo en la salida del balón, no tienen ni que mirar. Sobre todo los que participan por dentro. Saben que ahí, hacia donde quieren dirigir el sentido del juego, siempre habrá un receptor del pase. Tienen un mapa mental en la cabeza y el éxito de sus acciones se consigue a través de la repetición”, explica un ojeador que conoce al detalle la peculiar fórmula de la Coca-Cola del Barça.

El día a día de los chavales, para que salgan copias repetidas año tras año, se basa en el juego de posición, el espacio reducido, los rondos con objetivos técnico-tácticos, el tercer hombre, la búsqueda del jugador más alejado para hallar la profundidad y la amplitud, el’ toco y me voy’ para crear una línea de pase nueva, y también el ‘toco y me quedo’ para alternar, engañar y seguir juntando pases y jugadores en torno al balón. Pero hay un don que asoma por encima de todos y que se resume en las entrañas del Camp Nou con una frase que ya es lema: “Control define jugada”. Es decir, los controles orientados lo son todo.

Una captación adecuada es vital para fabricar los guardiolas de ayer y los bernales de hoy y de mañana. Por eso el club ve a este departamento como un cuerpo de élite. Ahí, en esa hoja de ruta que deriva en informes, hay una máxima: para el estilo del Barça no bastan buenos jugadores sino los mejores. Mientras otros se fijan en los partidos de promesas en el físico (el estilo francés de los más grandes, fuertes y rápidos), en el Barça obsesionan otras cosas. De hecho, no se trabaja el aspecto físico sin balón hasta la categoría cadete.

Sobre todo, importan los perfiles (que el jugador que recibe en medio campo sepa orientarse hacia uno y otro lado para oxigenar la jugada), que pueda jugar en 360 grados (que se intente parecer a Xavi), que sepa utilizar ambas piernas, que su percepción del tiempo y el espacio sea la adecuada para generar ventajas, que tenga calidad para ejecutar todas estas acciones, que sepa proteger el balón y que tenga buenas condiciones óptimas para conducir, romper líneas y, más que nada, sacarla con criterio y solvencia. En los entrenamientos, una vez que los candidatos pasan a formar parte del club, todos los ejercicios a diarios van encaminados a pulir estos aspectos. Cada dinámica es teledirigida.

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“Pasar suficientes años en la Masia es importante porque van afinando estos conceptos. La mayoría de futbolistas que están triunfando han llegado desde abajo, desde ese Fútbol-7”, recuerdan desde Can Barça. El problema es que hay tanto talento que se generan atascos y se quedan cortas las vacantes. Por eso Dro, Pau Prim y compañía tienen que salir como en su día lo hicieron Thiago, Cesc o el propio Olmo, aunque en algunos casos regresaran a casa. Y por eso también tiene tanto mérito que este fin de semana Bernal comandara imberbe a todo un líder.

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