El Castilla vuelve a latir
El filial, sin victorias desde el 8 de enero, sale del descenso tras una exhibición. Álvaro, Blanco, Dotor y Arribas, goleadores. Fin a una crisis de 50 días.


Han sido 50 días de crisis. De dudas. De contratiempos y suspense. De sequía. El Castilla ha estado 50 días sin ganar (desde el 8 de enero, 2-1 vs Andorra). Pero todo tiene un principio y un fin, incluso las malas rachas. Y como en el Di Stéfano todo sale a pedir de boca, en el Di Stéfano se dio el golpe sobre la mesa. Primero Álvaro Rodríguez, después Antonio Blanco (con la incomprensible ayuda de Razak, espectador de lujo de un voleón... Parable) y finalmente Dotor y Arribas decidieron un triunfo que sabe doble. Incluso triple. Porque da 3 puntos, un subidón moral y otro en la clasificación. El suficiente para escapar del averno. Del descenso.
En ese baile de esquemas que hace Raúl, a veces tan defensivo y otras, tan impetuoso, esta vez tocó de los segundos. Un 4-3-3 con dos carrileros que miran más la portería rival que la propia: Marvin y Miguel Gutiérrez. En el medio los capitanes de una sala de máquinas con magia, Antonio Blanco cerrando, Dotor llegando y Arribas, moviendo. Y arriba, escoltando a un Álvaro Rodríguez enrachado, Peter y Aranda. Ante sí, un Linares en zona de descenso que sólo había ganado una de las últimas seis jornadas. Y cuyo último triunfo a domicilio se remonta al 4 de diciembre, en casa del colista, el Betis B.
Fue muy superior el Castilla, mucho. Dueño y señor del balón, jugando con personalidad y horrorizando a Razak en cada llegada. Recuperó Raúl esa versión de su equipo que le puede -y debe- acercar más a la zona de promoción que a donde está, en la de sustos. Un filial con firmeza atrás y dinamita arriba. Tras dos llegadas a modo de introducción, llegó el primero. Rompió Miguel Gutiérrez por la izquierda, a lo Miguel Gutiérrez, y tras servir un centro raso, definió Álvaro Rodríguez de primeras con el interior. Raso al segundo palo. Simple. Apretó el puño el 37 y dio hasta tres saltos en su celebración. Sensación de alivio no sólo personal, sino generalizado.
Sin reacción visitante llegó el segundo. Antonio Blanco, tras una posible falta sobre Arribas, se inventó una volea desde la frontal que entró rozando el larguero. Medio gol fue del capitán; el otro medio, de Razak, que tal vez cegado por el sol, tal vez por un derroche de confianza, o tal vez porque se la zampó, a secas y hablando en plata... Ni saltó a por el balón. Sus compañeros, incrédulos, observaron como el ex del Córdoba, simplemente, se dejaba caer hacia atrás en un gesto de impotencia, cuando parecía que podía pararla. No fácilmente, pero podía hacer algo.

Tal vez esa frustración visitante fue la que le hizo partirse la camisa. E insuflar miedo. Copete se coló entre Gila y Carrillo, llegó al pico del área pequeña y, casi sin ángulo, se inventó una vaselina espectacular que superó a Fuidias. Marvin despejó de tacón en la línea, pero el balón la había cruzado ligeramente. Un golazo después de la polémica. Porque con 2-0 Marvin llegó tardísimo a ras de suelo y cometió un penalti catredalicio que el colegiado no señaló. El propio lateral, tan pícaro como consciente del delito, abandonó rápidamente la escena, intentando pasar página. "Aquí no ha pasado nada", dijo sin decir nada. Hugo Díaz, víctima, se limitó a cruzar los brazos sin dar crédito. Encontraron consuelo los andaluces por medio de Copete.
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Pero la alegría les duró muy poco. En concreto, 3 minutos. Lo que tardó Dotor en ganarle la posición a Sanchidrián y superar a Razak con un toque sutil. Un mano a mano que certificó esa mano que necesitaba el Castilla para salir de su pozo particular. Los de Raúl acunaron el partido con calma y templanza. Defendiendo con balón y asomándose en la búsqueda del cuarto gol que se haría de rogar, pero llegaría. Arribas, acostumbrado a lo difícil, por una vez sólo tuvo que hacer lo fácil: empujar un pase de la muerte a portería semivacía.
Silbatazo, 4-1 y final. El Castilla, tras cuatro jornadas y 50 días de sequía, volvió a ganar y escapó del descenso. Está a 6 puntos del playoff con dos partidos menos. Si encuentra la llave de la regularidad, puede ilusionarse. Si Raúl consigue que su equipo sea siempre este, aún quedará algo por decir. Podrá mirar hacia arriba. La mala noticia es que no todos los partidos pueden ser en el Di Stéfano. La buena, que el Castilla ha vuelto a latir.



