ESPANYOL

"Pasé de jugar solamente en la calle con niños a ganar Copas"

Cumple este domingo 50 años el Espanyol femenino, repleto de vivencias únicas como las de Dolors Ribalta, embajadora del club y jugadora del equipo que lo ganó todo.

Reportaje RCD Espanyol Femeni Dolors Ribalta
Gorka Leiza DIARIO AS

Igual que la publicación en el periódico 'Los Deportes' sirve para dar por bueno el 28 de octubre de 1900 como fecha de la fundación del Espanyol, en el caso del Femenino del club se ha convenido que su nacimiento sucedió el 21 de marzo de 1971. Para ser exactos, a las 11:45 horas. Justo cuando comenzó a rodar el balón en un repleto Sarrià para la disputa del Primer Torneo Cuadrangular de Fútbol Femenino - Gran Trofeo Pernod, con Sabadell, Sant Andreu y el Barcelona como rivales y la final, siete días más tarde y en un Camp Nou con 30.000 espectadores, en el primer derbi documentado.

Se cumplirá este domingo medio siglo exacto, un periodo que va desde la hazaña de los orígenes a la incesante búsqueda de la igualdad y la normalización, de las pioneras a ser el club que más ha jugado en la elite del fútbol español –junto al Levante–, con un palmarés envidiable aún hoy, cuando pelea el equipo por la permanencia en la Primera Iberdrola.

En aquel Espanyol que lo ganó todo –en el caso de nuestra protagonista, una Liga (entonces denominada Superliga), tres Copas de la Reina y dos Copas Catalunya, amén de la participación en la UEFA Women’s Cup (la Champions femenina– formaba una de las históricas de la sección, Dolors Ribalta, hoy embajadora de la entidad, Doctora en Ciencias de la actividad física y del deporte, profesora asociada la Facultat Blanquerna de Psicologia, Ciències de l’Educació i de l’Esport, y jugadora perica entre 1995 y 2007.

Nacida en Mafet d’Agramunt, un municipio de menos de 100 habitantes, Dolors ejemplifica lo que suponía anteayer el fútbol femenino, alejado de referentes en la elite para las niñas. "Yo solamente peloteaba en la calle, con niños. Creía que ninguna niña en el mundo jugaba a fútbol, y ni se me pasaba por la cabeza meterme en un equipo de chavales, porque no era normal", explica a AS. Pero todo cambió una tarde de 1994 en que, por la aleatoridad del destino, decidió hacer los deberes en el salón en lugar de su habitación, poniendo de fondo el televisor. Tenía 17 años. "De repente, apareció un Espanyol-Barça que se jugaba en L'Hospitalet –2-1 para las pericas, con goles de Susi y Toñi–, y pensé ¡pero si existe el fútbol femenino!", exclama.

"Con 17 años vi un Espanyol-Barça por la tele y pensé ¡pero si existe el fútbol femenino!"

La mecha ya estaba prendida. Pasarían unos meses hasta el verano de 1995, cuando su padre organizó un torneo de fútbol sala, el el I Torneig Vila d'Agramunt, al término del cual coincidió con Marissa Boncompte, vecina de la localidad y futbolista entonces del Espanyol. "La abordé y le dije que me gustaría jugar, a lo que ella me propuso que fuera el fin de semana siguiente al Vendrell, que iban a disputar un amistoso contra el Barça". No se trataba de un equipo de la cantera, se trataba del primer equipo. Y Dolors, que jamás había jugado más que entre amigos, se calzó unas botas viejas de su padre, "porque yo ni tenía", y se marchó hasta El Vendrell.

"De pronto, debuté con el Espanyol. Fue como un sueño, que vino rodado. Ese primer año terminó en Terrassa, conquistando la Copa de la Reina. Y volvimos a llevárnosla la temporada siguiente. Fue una entrada increíble, de la calle con niños a ganar dos Copas seguidas", admite, aún sorprendida por su progresión, aunque no sin recordar que también hubo frustraciones, como la tercera temporada, en que se quedaron a las puertas de la final aun siendo las favoritas. "Se jugaba en Lleida, donde yo estudiaba, y fui a verla con lágrimas en los ojos".

Con el título de Liga regional en 1999 y la temporada 2001-02 como punto de inflexión del Espanyol femenino –por el estreno de la Ciudad Deportiva y el subcampeonato en la Copa, en el estadio del Levante–, resulta inevitable saltar hasta la campaña 2005-06. "Es el año histórico por excelencia de nuestra sección. Es el año de nuestras vidas y del fútbol femenino", concede sin rubor Dolors.

"El Espanyol ha sido pionero en aspectos como que celebráramos nuestros títulos con los chicos, en abrir el estadio o con la cantera"

"Lo ganamos absolutamente todo: Liga, Copa, Copa Catalunya, los torneos a donde íbamos…". Y encima, con una celebración espectacular, coincidiendo con la Copa del Rey del equipo masculino. "Salimos de la Ciudad Deportiva con el autobús descapotable, y Barcelona era blanquiazul. Fue espectacular, maravilloso, solo de recordarlo se me pone la piel de gallina", admite, sobre la rúa conjunta o el paso por los balcones de la Plaça Sant Jaume.

"El Espanyol ha sido muy pionero en aspectos como que celebráramos nuestros títulos con los chicos, en abrir el estadio o con la cantera, solo hay que ver la cantidad de jugadoras formadas en Sant Adrià que ahora despuntan en otros equipos", destaca.

Han transcurrido tres lustros desde aquello, Dolors dejó la disciplina blanquiazul en 2007 y ahora el Femenino A trata de evitar el primer descenso de su historia –"la situación es difícil pero reversible, quedan muchas jornadas para seguir luchando", concede Dolors–. Mientras tanto, despunta el eterno rival, el Barcelona, "una cuestión de tener recursos económicos y de gestionarlo bien" e incluso tiene sección el Real Madrid, "que no es ningún histórico, aún no ha hecho absolutamente nada".

A pesar de celebrar que "la evolución del fútbol femenino ha sido enorme en los últimos años", Dolors Ribalta reflexiona: "Hace justo 50 años, las futbolistas metieron a 30.000 espectadores en el Camp Nou. Mi generación ni siquiera jugó en grandes estadios y la actual tiene la suerte de hacerlo. Pero que lo hagan sigue siendo noticia, señal de que estamos lejos de alcanzar la normalidad o la igualdad".

"Hace 50 años, las futbolistas metieron a 30.000 espectadores en el Camp Nou. Mi generación ni siquiera jugó en grandes estadios y la actual tiene la suerte de hacerlo. Pero aún es noticia..."

En ese camino hacia un fútbol femenino "sostenible, consolidado, tolerante, diverso, con igualdad", con más mujeres entrenadoras, árbitras, directivas y con futbolistas que vayan ganando condiciones ya no solo en sus primeros equipos, lanza la embajadora del Espanyol un mensaje final de absoluta sensatez y no exento de alarma, al que no se puede quitar ni una coma.

"En la Segunda República, la mujer rompía muros, pero después las autoridades del régimen se cargaron ese modelo y la democratización: sufragio, matrimonio civil, divorcio, control de natalidad, la co-educación, popularización del deporte…. Ahora solo espero que la polarización de los conflictos que estamos viviendo no desemboque en los mismos errores, que este mundo enfermo pueda guarecerse". Impecable.