ERNESTO ALTERIO

“El Madrid tiene una política de empresa que devora el fútbol”

Argentino de cuna, Ernesto Alterio lleva el fútbol en la sangre y En Las Estaciones de Juan suspira por el Real Madrid, aunque por otro lado confiesa que le inspira Cholo Simeone.

Ernesto Alterio frente a Las Estaciones de Juan.
AStv
As.com
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—Se crió junto al Bernabéu, ¿eso marcó su carácter?

—Muchísimo. He crecido con el ambiente de los días de fútbol del Bernabéu y escuchaba los goles desde mi casa. Hay algo en el aire que te excita y emociona y sientes del todo que eres madridista.

—¿Cómo eran esas tardes de fútbol?

—Pues mira, hubo un tiempo en que durante los partidos del Madrid yo me dedicaba a currar. Jugaba el Madrid en el Bernabéu y antes de empezar los partidos mis colegas y yo nos buscábamos la vida y nos dedicábamos a limpiar los coches que aparcaban en un parque cercano al estadio los aficionados. Nos sacábamos un dinerillo.

—¿De qué futbolista guarda sus primeros recuerdos?

—Siempre me inclinaba más hacia los jugadores argentinos que jugaban aquí, pero sobre todos ellos, me sigue sacudiendo la memoria de Maradona. Recuerdo un golazo, golazo de verdad de Maradona en el Bernabéu en el año 1983. Qué tipo tan genial, cómo dejó como un trapo tirado en la hierba a Juan José con un quiebro seco y suave antes de marcar el gol. Nunca dejó de asombrarme Maradona.

—¿Para usted, que es argentino, de qué manera resiste Maradona la comparación con Messi?

—Pues mira, serán otras épocas pero a mí la alegría y emoción que me ha provocado Maradona no me la inspira Messi. Maradona te llegaba al alma. Era un milagro verle jugar, transmitía unas sensaciones más allá de su calidad como futbolista. Messi es un grandísimo jugador, no hay duda, pero no le veo tan auténtico como a Diego. Messi me parece un producto de fábrica, un producto de diseño de los ingenieros La Masia.

—¿Y aparte de sus paisanos argentinos, qué otro jugador le llegó al alma?

—Ha habido varios, pero entre todos ellos, tengo que destacar a Zidane, ese toque de distinción que iba siempre pegado a él, esa clase y elegancia. Y otro al que siempre admiré fue a Roberto Carlos, ese tipo también te llegaba mucho, atleta, virtuoso y simpático.

—¿Cómo lleva la actual situación del Real Madrid?

—A mí me ocurre con el fútbol y con el Madrid algo parecido a lo que sientes por los amigos. Es algo pasional, de corazón. Amas sin pedir nada a cambio. No me han gustado muchas cosas que han pasado en el Madrid, no sé, por ejemplo, Mourinho no me gustaba pero yo seguía siendo madridista. Es verdad que ahora hay cierta confusión en el club y lo que lamento es que en el Barça estén mejor organizados.

—¿Qué haría si fuera presidente del Madrid?

—Pues no tengo ni idea, no sé, invertiría más en la cantera, en la formación de los chavales, eso es fundamental. Si yo fuera presidente del Madrid o del Gobierno invertiría más en educación, en un buen trabajo desde la base. El Madrid ahora tiene una política de empresa, de marketing, que devora el espíritu del fútbol.

—Florentino es el responsable de la cosa, ¿qué le parece el presi?

—Yo le tengo cariño, es verdad, mucho cariño.

—¿?

—Sí, eso tiene que ver con la amistad que tengo con su hijo Over, que está metido en la producción de cine. Hice con él una película que se llamaba ‘Amigos’ y era un gran productor, un tipo con nervio que sabía lo que hacía. No hablábamos de fútbol, sólo de cine, y me impresionaba cómo se preocupaba por los detalles más pequeños del rodaje. Cuando sentía que algo no había salido como era debido se deprimía y buscaba la manera de mejorar el asunto. Le cogí cariño, y a su padre, también, fútbol aparte, claro está.

—Háblenos de otro paisano suyo, el Cholo Simeone.

—Le admiro mucho, cuando llegó a entrenar al Atlético le di a Enrique Cerezo la enhorabuena, sabía que había acertado. Y ahí están los resultados, ha metido un revolcón tremendo a ese equipo. Es increíble lo que ha hecho en el Atleti, y esa filosofía que le rodea yo también me la aplico en la vida. El fútbol, en general, me inspira para llevar adelante mis cosas. En realidad, un partido de fútbol es una metáfora de la vida y yo despliego cierta energía futbolera a la hora de trabajar. Los argentinos sentimos una pasión por el fútbol muy especial, forma parte de nuestra cultura.

—Ven una pelota por la calle y se lanzan a por ella.

—Casi, casi, una reunión de amigos suele acabar en un partido. Después de un asado, cogemos un balón y a jugar.

—¿Se imagina al Cholo entrenando al Real Madrid?

—Yo no, no creo que estuviera bien, me parecería muy raro. Todos somos profesionales pero yo le veo muy ligado al Atleti y su discurso pasa por ahí. De todas formas, no sé, el vestuario del Madrid es muy complicado, con tantas estrellas. Es una maquinaria muy pesada y echo de menos más ligereza y normalidad. No debe ser fácil dirigir al Madrid, priman más cosas que no tienen que ver con el fútbol.

—¿Y a su ídolo Zidane le ve capaz de gestionar ese asunto?

—Conozco a Zidane de las clases de yoga a las que asistía. Coincidíamos en el vestuario y me impresionaba su temple y tranquilidad. Al Madrid le puede venir bien un tipo como él. Ha sido una gran estrella pero ha mantenido su eje y siempre se ha aferrado a la tierra. Conoce perfectamente el lenguaje del fútbol y creo que lo debió pasar mal cuando ocurrió lo del cabezazo en el pecho a Materazzi.

—¿A Rafa Benítez le ve desbordado por la situación?

—Benítez me parece un tipo serio y responsable pero no acaba de ligar con los jugadores y eso es importantísimo. En el cine ocurre igual, es fundamental que la comunicación entre el director y los actores fluya con frescura, si no es un infierno. Si hay un cortocircuito la cosa no funciona.

—¿Un tipo como Emilio Martínez Lázaro, uno de los directores que más admira?

—Es un director sensacional. A cada uno le da su sitio y saca lo mejor que hay en los actores. Es inteligente y sensible, sabe mucho de cine, no se complica la vida, es muy eficaz. Otros directores como Mariano Barroso o Fernando Colomo tienen virtudes similares.

—Por cierto, en la película ‘¿Quién mató a Bambi?’ compartió reparto con Iniesta, ¿cómo fue la experiencia?

—Solo rodó una escena pero me encantó conocerle y pasar un rato con él. Lo hicimos en el campo del Sabadell, Iniesta solo tenía tres horas para rodar y el tío lo clavó. Bueno, solo tenía una frase, pero hay que decirla, ojo.

—Usted se resistió mucho a iniciar la profesión de actor, al final sucumbió. ¿Le pesaba mucho la figura de su padre, Héctor Alterio?

—No quería ser actor, es verdad. De niño me daba vergüenza ir al colegio y que los compañeros hablaran de las cosas que hacía mi padre en el cine y la tele. Y me preguntaban si iba a ser actor como mi padre y esas cosas. Y yo no quería saber nada. Además, de niño yo lo pasaba fatal cuando veía en las películas a mi padre besar en la boca a una actriz, no lo entendía y le pegaba patadas al televisor.

—Empezó Ciencias Puras y le dio por la Biología y la Historia ¿qué pintaba ahí?

—Eso mismo me pregunté yo un día. La universidad estaba en Alcalá de Henares y yendo hacia allá en el tren empecé a hacerme preguntas durante el viaje. Iba a matricularme en Biología y en cuanto me pusieron la menor traba me di la vuelta y me dije que eso no era para mí. Luego empecé Historia y tampoco me enganché hasta que acabé estudiando interpretación. Ahí fue cuando, por primera vez, sentí que había algo que era más fuerte que yo. Y hasta hoy.

—¿Su padre le orienta mucho?

—No, me tiene mucho respeto, tanto a mí como a mi hermana Malena. Tiene más de ochenta años y me impresiona la ilusión que sigue teniendo por su oficio. Una vez me dijo que a los rodajes me llevara siempre una silla para soportar el sinfín de tiempos muertos y de espera que conlleva eso. También me dijo que cuando hiciera teatro hablara alto, esos han sido los dos únicos consejos que me ha dado.

—Estrena ‘Incidencias’, dirigida por José Corbacho, ¿qué emociones nos esperan?

—Es una comedia disparatada que rodamos antes de los atentados de París, y no me quiero meter en ningún jardín al decir que si la hubiéramos rodado después el trabajo final habría sido diferente. La historia transcurre un 31 de diciembre en un AVE de Barcelona a Madrid. El tren se queda parado en mitad de la nada, en Castilla-La Mancha, bajo un temporal endemoniado. Estamos incomunicados y empiezan a pasar cosas, entre otras, vemos a un tipo de aspecto árabe rezando en el fondo de un vagón y portando una mochila por la que asoman unos cables. Yo soy un cargo público y llevo un maletín lleno de billetes, y la cosa se va desmadrando. La película es muy especial, pero difícil de definir, te lleva por muchos senderos y tiene un gran componente provocador.

—¿Dónde cree que estará en los próximos años?

—No sé, persiguiendo siempre ser otro. La condición de actor te lleva a eso, a ser otro. Bueno, pues ahí está, también soy pintor y, en ese momento, con mis armas de actor, soy otro. Y tiene mucho que ver con mi apellido: Alterio, de origen italiano, Alter io, o sea, el otro yo. En ese sentido creo que tuve una revelación. El secreto estaba en mi nombre. Soy más yo cuando soy otro.

—¿Cómo ve España tras las elecciones del 20-D?

—Está claro que hay un camino que se ha agotado y espero un país con aires nuevos, con otras maneras. Mi filosofía de vida es la del cambio, creo que nada permanece y esto es lo que necesita España, un cambio verdadero, y lo vamos a ver.

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—¿Y como ve al Madrid después del 20-D?

—Ahí también hace falta que haya un buen cambio. Debe conjugar el star system con el corazón.

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