Liga Adelante | Real Zaragoza 2 - Xerez 1

Cometieron dos errores

Los fallos atrás condenaron al Xerez. El Zaragoza sufrió como nunca y ganó como siempre. Goles de Oliveira y Ewerthon. López Vallejo salvó el triunfo

<b>TRABAJADOR. </b>Braulio se pelea por el balón con Moreno.

El Zaragoza sufrió como nunca y ganó igual que siempre. A la manera del Madrid de Schuster el año pasado, o sea... Victoria de equipo campeón, que se dice, valga la hipérbole en el contexto de Segunda. Un triunfo postrero, de macho alfa de la Liga, resuelto por los delanteros antes que por el juego. Eso sí, una victoria patrocinada por el Xerez, un gran Xerez que cometió dos errores, como en la película de Clint Eastwood: la cesión corta de Francis que Oliveira capitalizó en el 1-0 y un desacuerdo de los defensas en el achique posterior a un rechace. Situación clásica, intervalo mínimo pero suficiente para Ewerthon, que resolvió las apreturas con un control de pecho y un toque de puntera.

Aquí viene un flashback. Ojo a la figura. El Día de Reyes de 1985, seis grados bajo cero en La Romareda, el Boquerón Esteban hizo un gol con el Barça de Venables que quien lo viera debería acordarse, si no fuera porque hay tantas cosas de las que acordarse... Y aún más por olvidar. Esteban partió del medio e hizo un viaje de tren bala al área de Cedrún, con el balón en los pies y el gol entre ceja y ceja. El Boquerón dirigía ayer al Xerez. Tenía una obsesión: "¡Sitios, sitios!", gritaba a los suyos al final de cada jugada. Le importa la agrimensura: cada cual en su tierra y Dios en la de todos. El Xerez tuvo cuerpo y detalles. Viqueira, inventor de cosas pequeñas. Moreno y Bergantiños, que sacaron del partido a Hidalgo, Zapater y Generelo. Momo se dio un festín cimbreante por afuera. En suma, equipo bien concebido, riguroso y con jugadores diversos. Uno sólo extrañó algún futbolista más fino arriba. Bermejo tiene cuerpo de panzer recogido y Calle, que aguardaba, es un tallo de hierro. Ya estaba en el Xerez hace seis años, con Schuster. Segunda invocación al alemán. La tercera, en realidad, porque también jugaba en el Barça aquél. Mención elidida. En el Zaragoza lucía Surjak. Ibica, otro fenómeno perdurable.

Regalos.

Fundido en negro. Vuelta al 25 de octubre de 2008. A Marcelino no le gustó el fútbol, dijo, pero hace poco por animarlo. Lo hubo un cuarto de hora, con Jorge López de pivote, antes de que el técnico deshiciera el entramado con Generelo, porque el Xerez la movía con comodidad amenazante. López regresó al flanco, pero aún cruzó varias veces al carril del medio y por ahí llegó como un cuchillo. En poco rato estableció una diferencia tan evidente que estamos seguros de que Marcelino no le hará ni caso. Como a lo de Caffa, un chico que se asocia con sencilla naturalidad. Lo de Caffa es lo mismo que lo de Arizmendi pero del revés. Nada que hacer: a los entrenadores no suele gustarles lo evidente.

El Xerez había metido al Zaragoza en un laberinto y a última hora se ablandó y le enseñó la salida, generosidad poco conveniente... Pudo redimirla Antoñito. En el Sevilla, poco antes de que el Sevilla ingresara en la nobleza, el efecto Antoñito constituía un lugar común, referido a esos goles capturados en los márgenes de los partidos. El efecto se ha trasladado al Xerez y su revisión la hizo posible un centro de Momo, cómo no, y la extraña decisión de Pavón de dejar a su hombre para saltar con el que ya tenía Pulido. El balón los sobrepasó y Antoñito puso la cabeza y gritó: 1-1, ele.

El muro articulado del Xerez se dispuso para el largo latigazo final del Zaragoza. Oliveira y Caffa hicieron crujir la madera. Y Ewerthon le puso su cabecita incompleta a un centro exacto de Ricardo. Era ya obvio que al Xerez habría de rendirlo uno de esos brasileños que no son de este mundo (entiéndase, de Segunda). Fue Ewerthon, claro. Y aún más López Vallejo, que ha dado el estirón como un adolescente. Sacó tres o cuatro a Pedro Ríos, a Bermejo, la de Antoñito en el alargue. Después de una tarde con mucha miga, el Xerez se marchó a rumiar su frustración y el Zaragoza, aunque no pueda tener la conciencia tranquila, durmió como un lirón: líder, aunque sea un día. Y del fútbol ya hablaremos otro año.

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