El pillo travieso que se escondía tras los árboles

Daniel Güiza era un chavalín de diez años, una especie de Daniel el travieso como le describía Kiko Narváez, un pillo que se escondía entre los árboles para no entrenarse o correr lo justo porque a él lo que le gustaba era enchufarla en los partidos con su equipo del barrio. El jerezano Kiko ya jugaba con 20 años en el Cádiz y le llamaron para sustituir entre semana por enfermedad al entrenador del equipo de Dani. "Aprendí un montón de él".

Y Güiza, en efecto, aprendió los movimientos del que ya quedó para siempre como el gran ídolo de su santoral: esos controles del balón que Kiko hacía de fábula, esa forma de proteger el balón... y la celebración del arquero, claro. Aquella historia de pasión del chaval por la estrella sólo tenía un punto de acidez: era su ídolo, sí, pero no iba a verle a Cádiz porque como buen jerezano "a mi lo del Carranza no me gustaba nada".

Güiza pasó etapas de dudas, carácter difícil el del chico. Llegó a confesar que la noche confunde a los futbolistas y que él no fue precisamente una excepción, fama que describió Quique Pina cuando le presentó en el Ciudad de Murcia: "He fichado al futuro mejor delantero de España y al más juerguista". Ya le había hecho debutar Luis Aragonés (¿premonición?) con el Mallorca en San Mamés, y ambos negaron una vieja leyenda urbana que decía que el jugador se durmió en una charla con vídeo del Sabio. No fue así, pero sí llegaba tarde a los entrenamientos con caras de sueño.

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A Rusia con amor. Dani se hartó de meter goles en Segunda y Ángel Torres, ese tahúr de Getafe, le echó el ojo y se lo trajo al Coliséum por 800.000 euros. El arquero jerezano triunfó con sus goles pero aún con altibajos personales: Jesús Mantilla, entrañable delegado azulón, vigiló su dieta llevándole a un restaurante próximo al Coliséum, aunque no evitó que fuera internado por problemas estomacales.

Su relación con Nuria Bermúdez le ha traído sosiego. Va a ser padre y es feliz en Mallorca. Cuando Torres le dijo que había fichado a Uche y a Kepa, no lo vio claro: "¿Y cuántos minutos voy a jugar yo?". El vestuario le cogió cariño y le necesitaba, pero a costa de aguantar sus cosas. Estuvo a punto de irse a un club ruso antes de que Torres le vendiese al Mallorca. ¿Y qué iba a pintar Dani el travieso en Rusia? Aragonés quiere verle moverse más en la concentración que en el área...

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