Primera | Barcelona

Laporta-Rijkaard: una relación que se agrieta

Presidente y técnico discreparon sobre los cracks

<b>CON LOS CRACKS. </b>Rijkaard no quería en el mismo equipo a Ronaldinho y Etoo.
Moisés Llorens
Importado de Hercules
Actualizado a

Sólo hay que fijarse en la retransmisión de los partidos (o en los resúmenes) para ver que Frank Rijkaard anda un poco excitado cuando sus jugadores están en acción. Y sólo hay que afinar un poco el oído para confirmar que Joan Laporta, presidente del club, está molesto con lo que ve en el terreno de juego participen o no los Cuatro Fantásticos.

Lo cierto es que el arranque del Barça no ha sido el prometido por todos los estamentos del club. El juego del equipo ha decepcionado y el máximo dirigente se ha encargado de recordarlo. "Aún nos falta mucho para aspirar a la Liga y tenemos presente la mala experiencia del año pasado para que no se repita lo mismo", dijo Laporta hace unos días, tirando un torpedo dirigido a los despachos del área deportiva y demostrando que teme un nuevo fracaso como el de la pasada campaña.

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Pero desde el club tratan de ocultar cualquier tipo de enfrentamiento. Pretenden que todo sea tranquilidad y que la calma sea la base para asaltar el trono conseguido por el Madrid el pasado mes de junio. Lo cierto es que la química entre el presidente y el entrenador hace tiempo que desapareció. Las órdenes que dio Rijkaard a la secretaría técnica (mensaje que recibió Laporta) fue el de vender a Samuel Etoo o a Ronaldinho Gaúcho el pasado verano, mientras que el ofrecimiento del presidente fue el de tratar de colocar a Anderson da Souza, Deco, en el mercado. Se interesaron por él varias entidades y ver al brasileño (con pasaporte portugués) en el banquillo, alimentaron cualquier tipo de rumor. Pero Deco se quedó en el Camp Nou y ante el Athletic Club (3-1) ocupó un puesto en el equipo titular.

Rijkaard meditó dejar el banquillo azulgrana a final de la pasada temporada por graves problemas familiares, pero en principio se solucionaron y decidió comenzar la temporada. Pero es evidente que las sensaciones no son las mismas que en 2003. Decisiones y decepciones tienen la culpa. Viene una temporada movidita.

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