Para muchos, el mejor futbolista de la historia
El director de AS, Alfredo Relaño, en su libro 'El fútbol contado con sencillez', dedica el siguiente capítulo a Pelé, al que el Mundial de México 70 recolocó en el trono del fútbol, que todavía ocupa.

Edson Arantes do Nascimento, para muchos el mejor jugador de la historia. Había nacido en Tres Coraçoes, en el estado de Minas Gerais, el 23 de octubre de 1940. Su padre había sido jugador, con el nombre de Dondinho. Ni muy bueno, ni muy malo. Quizá hubiera podido hacer carrera de no ser por una lesión que sufrió a los veinticuatro años. Pelé le guarda devoción. Presume de que una vez marcó cinco goles de cabeza en un solo partido, cosa que ni él pudo hacer nunca.
La familia se trasladó a Bauru cuando Pelé era todavía un bebé. Allí jugó el padre, y allí fue donde acabó su carrera por la lesión. Y allí, en el Bauru Atletic Club, empezó a jugar Pelé en serio, aún niño. Cuando llegó al club Walter de Brito, que había sido internacional en el Mundial de 1934, comprendió que tenía una joya. Habló con el Santos, que le citó para una prueba y no le dejó ni regresar a casa. A los dieciséis años ya había debutado en el primer equipo. Antes de los diecisiete, debuta con la selección, ante Argentina, y le marca un gol al venerable Amadeo Carrizo. Antes de los dieciocho es campeón del mundo en Suecia.
En el Santos formó una gloriosa delantera: Dorval, Mengalvio, Coutinho, Pelé y Pepe. Sus paredes con Coutinho (tabelinhas las llaman allí) las describen algunos como lo más perfecto que ha producido el fútbol. El Santos gana la Copa Intercontinental en 1961 y 62. Todo el mundo habla de Pelé.
Luego tuvo algunos años difíciles, es verdad. El equipo juega muchos amistosos por todas partes y el nivel competitivo de Pelé se resiente. Además, le pegan mucho. Américo, el calvo y negrísimo masajista del Santos y de Brasil, se convierte en una figura conocida en todo el mundo a fuerza de salir en fotos de prensa atendiendo a Pelé, cargando a Pelé, consolando a Pelé...
Para el Mundial de 1970 Joao Saldanha, seleccionador en vísperas del evento, había dudado si llevarle. En una ocasión le tuvo incluso de suplente en el banquillo en un amistoso de preparación del Mundial, ante la selección de Bulgaria. Salió en la segunda parte, con el número trece, por Tostao. Saldanha tenía para la camiseta número diez a otros dos buenos jugadores, el cerebral Gerson y el potente Rivelino. Dos superclases. Para dirigir el ataque tenía a Tostao, el Pelé blanco. No le quedaba sitio para Pelé.
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Pero el que se quedó sin sitio fue el propio Saldanha. La Federación le apartó. ¿Cómo ir al Mundial sin Pelé? Pusieron como seleccionador a Zagallo, compañero de ala izquierda de Pelé en el 58 y el 62. Su debut como seleccionador se produjo en un amistoso contra Austria, embocadillado entre el partido contra Bulgaria (el del sacrilegio de Pelé en el banquillo, con el infamante trece a la espalda) y el Mundial. Antes del partido contra Austria hay una reunión en la habitación de Pelé, en el Hotel das Palmeiras de Río, donde está concentrada la selección. Los conjurados son Tostao, Rivelino, Gerson y Clodoaldo, junto al propio Pelé. De ahí saldrán las bases de funcionamiento del equipo no sólo para el amistoso contra Austria, sino para el Mundial.
Zagallo, decidido a no tener líos, siguió las sugerencias de los complotados, metió a todos los dieces en la misma delantera y funcionó. Aquel equipo fue una maravilla. Y aquel fue un gran Mundial, que sacó un poquito al fútbol del túnel en que se estaba metiendo. Y recolocó a Pelé en el trono, en el que ya se quedó para siempre.



