NUTRICIÓN
Para vivir más, moderación con hidratos de carbono y grasas
Una nueva investigación publicada en The Lancet concluye que para vivir más hay que consumir tanto hidratos de carbono como grasas con moderación.
Ni demasiados hidratos de carbono, ni demasiadas grasas para vivir más. Esto ha concluido un estudio publicado en The Lancet. Los datos provienen del estudio Prospective Urban Rural Epidemiology (PURE) que siguió a más de 135.000 personas de 18 países de ingresos bajos, medios y altos. El estudio preguntó a las personas sobre su dieta y los siguió durante un promedio de siete años y medio.
Contrariamente a la creencia popular, el consumo de una mayor cantidad de grasa (aproximadamente el 35 por ciento de la energía) se asocia con un menor riesgo de muerte en comparación con ingestas más bajas de este macronutriente. Sin embargo, una dieta alta en carbohidratos (de más del 60 por ciento de la energía) está relacionada con una mayor mortalidad, aunque no con el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
La investigación sobre las grasas en la dieta encontró que no están asociadas con un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, y sorprendentemente, un mayor consumo de grasa se asoció con una menor mortalidad; esto se observó para todos los tipos principales de grasas (grasas saturadas, grasas poliinsaturadas y grasas monoinsaturadas).
Los investigadores señalan que, aunque esto puede parecer sorprendente para algunos, estos nuevos resultados son consistentes con varios estudios observacionales y ensayos controlados aleatorios realizados en países occidentales durante las últimas dos décadas.
"Una disminución en la ingesta de grasa automáticamente condujo a un aumento en el consumo de carbohidratos y nuestros hallazgos pueden explicar por qué ciertas poblaciones, como los asiáticos del sur, que no consumen mucha grasa pero consumen muchos carbohidratos, tienen tasas de mortalidad más altas", dijo Mahshid Dehghan, autor principal del estudio e investigador de PHRI.
Dehghan señaló que las pautas dietéticas se han centrado durante décadas en la reducción de la grasa total a menos del 30 por ciento de la ingesta calórica diaria y de la grasa saturada a menos del 10 por ciento de la ingesta calórica. Esto se basa en la idea de que reducir las grasas saturadas debería reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, pero no tuvo en cuenta cómo se sustituye la grasa saturada en la dieta.
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