DE MENTE
Soltar muchos tacos no es de bordes; es de gente honrada
Los demás perciben a los deslenguados como personas honestas que expresan con palabras malsonantes emociones sin flitros
Si eres de los que sueltan tacos incluso en las situaciones más inapropiadas, ya no tienes que ir corriendo a lavarte la boca con jabón. Es probable que tus interlocutores pongan en duda tus modales, pero te considerarán más honrado y auténtico. Al menos así se desprende de una investigación internacional liderada por la Universidad de Maastricht (Países Bajos) en la que se examinó la relación entre blasfemia y honestidad.
A través de los diferentes estudios que se realizaron, incluyendo el análisis lingüístico de decenas de miles de interacciones sociales en Facebook, los investigadores llegaron a la conclusión de que existe una sólida conexión entre decir palabrotas y ser una persona franca. Concretamente, se observó que usar palabras malsonantes es un indicador de sinceridad a nivel individual. De este modo, quédate tranquilo la próxima vez que se te escape un exabrupto en medio de una frase, ya que soltarlos de forma involuntaria es signo de autenticidad y te hace parecer más creíble y menos propenso a mentir y decepcionar.
La investigación también demostró que esta relación positiva entre blasfemia y honestidad se traslada a nivel de sociedad. Así, aquellas sociedades en las que sus ciudadanos eran más propensos a usar improperios fueron percibidas como comunidades con una mayor integridad.
La explicación a estas conclusiones está en que el uso espontáneo de palabrotas se suele interpretar como un indicador de sinceridad a la hora comunicar nuestras emociones y pensamientos. En esta línea, el psicólogo José Elías, director del Centro de Psicología Joselias (Madrid), coincide en que "el lenguaje profano se considera más auténtico y sin filtrar, haciendo que se perciban a las personas que lo usan como más honestas y genuinas".
"El lenguaje profano se considera más auténtico y sin filtrar, haciendo que se perciban a las personas que lo usan como más honestas y genuinas"
De hecho, nos explica el psicólogo, "cuando a alguien inocente se le acusa de un delito, este es más propenso a decir improperios durante el interrogatorio que los culpables que niegan el crimen. Es como un mecanismo de defensa que se produce automáticamente ante situaciones imprevistas y denota la forma en que le afecta a la persona, ya que al no estar acostumbrada a esa situación, se expresa sin condicionantes sociales ni morales".
Además, "cuando las personas están acostumbradas a usar palabrotas, expresan con rotundidad sus emociones, no las enmascaran en un mensaje bonito, y por ello tienen menos probabilidades de engañar o mentir. Es decir, del mismo modo que se expresan sin rodeos y no filtran lo que dicen, tampoco moderarán su punto de vista, por muy poco ortodoxo que sea. Y esto los hace parecer más íntegros y leales con sus promesas", aclara José Elías.
Según el psicólogo, quizás sea este uno de los secretos de la victoria de Donald Trump, "ya que ha usado un lenguaje agresivo y descalificador, pero a la vez ha resultado creíble para muchos". Además, añade, "tener un lenguaje inapropiado, en ocasiones, demuestra carácter al expresar aquello que todo el mundo piensa, pero que nadie se atreve a decir públicamente".
"Tener un lenguaje inapropiado, en ocasiones, demuestra carácter al expresar aquello que todo el mundo piensa, pero que nadie se atreve a decir públicamente"
Otra demostración de este vínculo entre el uso de palabrotas y la honestidad tiene lugar especialmente en los momentos de ira, frustración o sorpresa, cuando solemos decir groserías de forma casi involuntaria y sin importarnos el contexto. Además, en estas situaciones, ser malhablados puede ayudarnos a aliviar el estrés o el dolor de forma catártica. Así lo demostraron los investigadores de la Universidad de Keele (Reino Unido) en un estudio en el que examinaron cómo decir obscenidades podía ayudarnos a sentir menos dolor y disminuir la percepción del mismo al ejercer un efecto hipoanalgésico. De este modo, no te reprimas si sientes ganas de maldecir al darte un golpe o cortarte con un chuchillo o te vienen intenciones escatológicas en momentos de tensión.
Tampoco se trata, ahora, de soltar palabrotas sin ton ni son. El lenguaje vulgar y obsceno sigue sin agradar ni tolerarse en ciertos ambientes y entra en conflicto con los códigos morales, éticos y sociales. Pero es interesante conocer que el uso de palabras soeces tienen mucho que ver con la sinceridad de la persona que se está expresando. Asimismo, es igualmente cierto que las palabrotas "son efectivas para entretener (por ejemplo, al contar un chiste) y conquistar al público (diciendo algo negativo que los demás no se atreven a decir). De ahí el uso frecuente del lenguaje profano en comedia, medios de comunicación y publicidad", afirma el psicólogo José Elías.
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