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“Estaba poseído”: así fue la guerra de Chris Joslin contra El Toro

Chris Joslin culmina ocho años de obsesión al aterrizar el 360 flip en El Toro, una de las escaleras más legendarias del skateboarding, en un duelo marcado por el dolor, la persistencia y la redención personal.

Chris Joslin en el suelo quejándose tras una caída en El Toro
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Marc Fontrodona
Responsable editorial AS Acción
Nació en Barcelona en 1989. Se licenció en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona. Es el responsable editorial de AS Acción, el vertical de action sports del diario AS creado en 2016. Especialista y practicante de muchas de estas disciplinas, lleva contando historias de action sports desde hace más de una década.
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Cada cierto tiempo, el skateboarding se detiene ante un momento que trasciende el truco. Lo de Chris Joslin en El Toro pertenece a esa categoría. No solo por el 360 flip que finalmente planchó, sino por la batalla personal que lo llevó hasta allí. Ocho años después de su primer intento, el californiano regresó al que muchos consideran el banco de pruebas del skate para cerrar una historia inconclusa.

Estaba poseído”, reconocen quienes lo acompañaron durante el proceso. Joslin siempre fue definido por una mentalidad todo o nada, una combinación de determinación, valentía y resistencia física. El Toro, con sus 20 escalones y un impacto fuera de lo normal, no admite medias tintas. “No puedes ir ahí a jugar. Tienes que quererlo de verdad”, repiten quienes conocen el spot.

El primer gran intento quedó marcado por la frustración. Joslin llegó a planchar el truco, pero una rotura del eje arruinó lo que pudo haber sido el final de la historia. “En mi mente ya lo había hecho”, confesó después. Sin celebración, sin cierre. Solo la certeza de que era posible.

La vida, sin embargo, puso distancia. La paternidad, problemas personales y un proceso de reconstrucción mental y física retrasaron el regreso. No fue hasta sentirse preparado —más fuerte, más sobrio y más enfocado— cuando decidió volver. “Si iba a hacerlo, tenía que ser bien”, resumió su entorno.

El día definitivo, Joslin llegó con una convicción absoluta. Siete push, una mirada al frente y una ejecución limpia. “Nunca me había quedado en blanco en un truco”, explicó tras aterrizarlo. Apenas recordó el vuelo. Solo el momento final: ruedas en el suelo y la certeza de haberlo conseguido.

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La escena fue unánime. Escalofríos, abrazos y respeto absoluto. No solo por el truco, sino por lo que representa. Volver casi una década después para conquistar El Toro no es una victoria técnica. Es una declaración de carácter. En palabras de quienes estuvieron allí: “Esto es por lo que el skate nunca olvida”. Y por eso, también, ha sido SOTY.

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