Tres turistas, atrapadas en una pista de esquí de Andorra siguiendo el GPS
Las jóvenes siguieron al pie de la letra las indicaciones del navegador y acabaron con su coche encallado en la nieve, obligando a un complejo rescate con tres grúas.


La confianza ciega en la tecnología volvió a jugar una mala pasada en plena montaña. Tres turistas taiwanesas quedaron atrapadas en una pista de esquí de Andorra después de seguir las indicaciones del GPS de su vehículo, que las condujo fuera de la carretera y directamente hasta una zona nevada del dominio esquiable de Grau Roig.
El incidente ocurrió el pasado 6 de enero, cuando los servicios de emergencia de Bordes d’Envalira, en el entorno de Andorra, recibieron varias llamadas alertando de un coche bloqueado en la nieve. Al llegar al lugar, los equipos se encontraron con un Mercedes negro detenido al pie de una ladera, completamente fuera de contexto, junto a un cañón de nieve artificial.
Según la información publicada por medios locales, el vehículo había seguido una ruta marcada por el sistema de navegación que no distinguía entre una carretera abierta y una pista de esquí, agravado por la falta de experiencia de la conductora en conducción sobre nieve. El resultado fue una imagen tan insólita como viral, que no tardó en circular por redes sociales como advertencia para otros conductores.
El operativo de rescate fue especialmente complejo. Para liberar el coche alquilado y devolverlo a una zona segura fue necesario movilizar tres grúas y coordinar un trabajo que se prolongó durante más de tres horas. A pesar de la dificultad, los servicios de emergencia lograron garantizar la seguridad de las ocupantes en todo momento.
Afortunadamente, no se registraron heridos. Lejos de mostrarse nerviosas, las tres jóvenes incluso posaron sonrientes junto al vehículo atascado antes de ser evacuadas, restando dramatismo a una situación que podría haber tenido consecuencias más graves.
El suceso reabre el debate sobre los riesgos de confiar ciegamente en los sistemas GPS, especialmente en zonas de montaña y en condiciones invernales. En territorios como Andorra, donde carreteras, caminos y pistas de esquí conviven a pocos metros, la tecnología puede convertirse en una trampa si no se combina con sentido común y atención a la señalización.
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Una anécdota sin víctimas, pero que deja una lección clara: el GPS orienta, pero no decide por el conductor.
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