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Soli Bailey: “Nunca pensé que contaría esta historia”

El surfista australiano relata en el proyecto Bonehead su grave lesión cervical en Hawái, la operación que puso en riesgo su carrera y el emotivo regreso al agua en Indonesia.

Soli Bailey surfeando un tubazo en Indonesia
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Marc Fontrodona
Nació en Barcelona en 1989. Se licenció en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona. Es el responsable editorial de AS Acción, el vertical de action sports del diario AS creado en 2016. Especialista y practicante de muchas de estas disciplinas, lleva contando historias de action sports desde hace más de una década.
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El surfista australiano Soli Bailey ha abierto una de las etapas más delicadas de su carrera con una confesión tan cruda como honesta. Bajo el título Bonehead, Bailey ha contado por primera vez cómo una grave lesión de cuello sufrida a comienzos de año en Hawái lo apartó del surf durante seis meses y lo obligó a enfrentarse a la posibilidad real de no volver a subirse a una tabla.

Lo que comenzó como un dolor intenso en el cuello derivó rápidamente en un diagnóstico devastador: un disco cervical roto presionando la médula espinal. La situación fue crítica. “Los médicos me decían que quizá no volvería a surfear, que incluso podía no volver a caminar”, relata el propio Bailey. Entre resonancias, segundas opiniones y semanas de incertidumbre, el australiano tuvo que tomar una decisión límite: una cirugía de alto riesgo o despedirse definitivamente del surf.

La elección fue clara. “Siempre he vivido con la idea de que lo que no te mata te hace más fuerte”, explica. Tras la operación llegó el proceso más largo: rehabilitación, retrocesos y meses de dudas, tanto físicas como mentales. “Han sido seis meses de subidas y bajadas, de cuestionarlo todo”, reconoce.

El punto de inflexión llegó cuando recibió el alta médica. Sin pensarlo demasiado, Bailey preparó la funda de tablas y voló directamente a Indonesia, escenario de su esperado regreso al agua. “Agradecido no es suficiente para describirlo”, afirma. Las primeras sesiones estuvieron marcadas por los nervios y el miedo a una recaída. “Había muchos ‘¿y si…?’. No me sentía al cien por cien, pero estaba muy cerca”.

Las sensaciones, sin embargo, fueron mejorando con cada baño. “Volver a coger un swell, sentir que el cuerpo responde y que no me he vuelto a lesionar es algo muy especial”, explica. Aunque admite que aún necesita recuperar forma física, el optimismo ha vuelto. “Un par de sesiones más en estas olas y estaré de vuelta”.

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Hoy, Soli Bailey mira atrás con perspectiva. Sigue en pie, sigue surfeando y sigue agradecido. Una historia que nunca pensó contar, pero que resume como pocas la fragilidad y la resiliencia que conviven en el surf de alto nivel.

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