Las redes antitiburones funcionan por el miedo que generan
El debate sobre la eficacia de las redes antitiburones vuelve al centro del surf y la gestión costera: no actúan como barrera física, sino como elemento disuasorio psicológico para los escualos.


Durante décadas, las redes antitiburones han sido uno de los sistemas más utilizados para reducir el riesgo de ataques en playas frecuentadas por surfistas y bañistas. Sin embargo, su funcionamiento real sigue siendo uno de los aspectos más malinterpretados dentro y fuera del ámbito científico. Lejos de actuar como un muro infranqueable entre humanos y tiburones, su efecto principal parece estar ligado al miedo que generan en los propios animales.
La creencia popular sostiene que las redes son ineficaces porque los tiburones pueden rodearlas o pasar por debajo. Técnicamente es cierto. Las redes no cubren toda la playa ni llegan hasta el fondo marino. Pero los datos históricos de programas de control en lugares como Nueva Gales del Sur y Queensland, en Australia, muestran una reducción drástica de los ataques mortales en playas protegidas tras su instalación.
La explicación no está en la barrera física, sino en el comportamiento del tiburón. Cuando las redes se colocan por primera vez, varios ejemplares mueren atrapados, especialmente grandes tiburones blancos que no identifican inicialmente el peligro. A partir de ahí, se produce un fenómeno clave: los tiburones restantes evitan la zona.
Diversos estudios de comportamiento apuntan a que los tiburones son capaces de transmitir información de riesgo entre individuos. Un ejemplo recurrente es el de las Islas Neptuno, en el sur de Australia, donde tras el ataque de una orca a un gran blanco, toda la población local desapareció durante semanas, incluso ejemplares que no habían presenciado el suceso. El mensaje de amenaza se había propagado.
Ese mismo mecanismo sería el que explica la eficacia de las redes. La presencia de un peligro no identificado crea una “amenaza fantasma” que disuade a gran parte de la población de tiburones de frecuentar la zona. No es un sistema infalible, pero sí reduce de forma significativa la probabilidad de encuentros.
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El debate actual se centra en el coste ambiental, ya que las redes también afectan a otras especies marinas. Mientras algunas administraciones apuestan por drones y tecnologías inteligentes, otros expertos insisten en que, desde el punto de vista estadístico, las redes han salvado vidas de bañistas y surfistas. La discusión, como el mar, sigue abierta.
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