La policía echa del agua a quienes surfeaban en A Coruña con alerta amarilla
La intervención de la Policía Local en la playa del Orzán durante el último temporal reabre el debate sobre la convivencia entre normativa de seguridad y la práctica del surf en la ciudad.


Este fin de semana dejó una escena poco habitual en la playa del Orzán, donde varios surfistas fueron conminados a salir del agua por agentes de la Policía Local debido a la activación de una alerta amarilla en el litoral y al cierre oficial de las playas. La actuación, ajustada al protocolo municipal vigente, no tardó en generar una ola de reacciones entre practicantes del surf y vecinos.
Según relataron algunos de los afectados y tal y como se puede ver en uno de los vídeos, el estado real del mar distaba mucho del escenario de riesgo que suele asociarse a este tipo de avisos. “No había ni un metro de ola”, aseguraba uno de los surfistas desalojados, con más de dos décadas de experiencia en el arenal. Otro testimonio apuntaba que incluso se estaba desarrollando una clase de surf infantil, en condiciones “perfectas para iniciarse”.
La intervención policial se produjo tras el cierre preventivo de las playas, una medida que se activa automáticamente con avisos meteorológicos adversos. Sin embargo, el episodio ha reavivado un debate recurrente en la ciudad: si las restricciones pensadas para bañistas deben aplicarse del mismo modo a quienes practican deportes de mar con formación técnica y conocimiento del entorno.
En redes sociales, las opiniones se multiplicaron a lo largo del día. Algunos usuarios defendieron la actuación policial apelando a la obligación de cumplir la normativa cuando una playa está cerrada. Otros, en cambio, calificaron la escena de “imagen triste para la ciudad”, subrayando la contradicción entre la promoción de A Coruña como destino surf y la expulsión de deportistas en condiciones aparentemente seguras.
“No recuerdo un solo rescate a surfistas en esta playa”, señalaba otro habitual del Orzán, recordando que en numerosas ocasiones son los propios surfistas quienes auxilian a bañistas en apuros. También hubo voces que pidieron educación marítima y protocolos más específicos, capaces de distinguir entre usos recreativos y deportivos del mar.
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Por el momento, desde el Concello no se ha emitido una valoración oficial más allá del cumplimiento del protocolo. Mientras tanto, el malestar en la comunidad surfista vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de revisar criterios en una ciudad que históricamente ha convivido con las olas.
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