Cuando Cape Solander se pone violenta... pocas olas infunden tanto miedo
Un metraje inédito grabado por dron muestra una de las sesiones más salvajes jamás vistas en Cape Solander, con los chargers australianos enfrentándose a la ola más temida del país en condiciones extremas.


Cuando una ola como Cape Solander entra en modo máximo, el surf deja de ser un deporte para convertirse en una prueba de supervivencia. Eso es exactamente lo que refleja el vídeo que ha salido a la luz casi un año después de haber sido grabado y que ya circula como uno de los documentos visuales más impactantes jamás filmados en esta ola situada al sur de Sídney.
Hasta ahora, solo se habían visto fragmentos aislados de aquella jornada histórica: clips sueltos desde el agua, tomas breves compartidas por los propios surfistas o imágenes parciales difundidas en redes sociales. Sin embargo, el metraje completo —editado por We Bodyboard— permite seguir la evolución del día de principio a fin, mostrando cómo el mar fue ganando violencia hasta alcanzar un punto casi inhumano.
El responsable de que esta historia pueda contarse con semejante perspectiva es Shaun Petersen, uno de los pilotos de dron más respetados del surf de olas grandes. Petersen decidió guardar las imágenes durante meses, consciente de que lo que tenía entre manos era algo especial. El resultado justifica la espera: planos aéreos que revelan la verdadera escala del slab, la velocidad de las caídas y la brutalidad de cada impacto contra el reef.
En el agua, una alineación de nombres que no necesita presentación dentro del heavy surfing australiano: Jack Baker, Billy Olsen, Matisse Josserand, Curtis Johnson, Oscar Berry o Kipp Caddy, entre otros. Surfistas acostumbrados a convivir con el peligro y que, aun así, se vieron obligados a seleccionar cada ola con precisión quirúrgica. En Cape Solander no hay margen para el error: take-off tardío, labio vertical y una sección que no perdona.
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La música —oscura, densa, casi fúnebre— acompaña una narrativa que no busca glorificar el riesgo, sino mostrarlo tal y como es. Miedo, respeto y compromiso absoluto. Porque cuando Cape Solander se pone violenta, solo los más valientes —o los más inconscientes— se atreven a remar. Y esta vez, quedó registrado para siempre.
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