Así se desliza por las pistas el primer robot esquiador
El TRON 1, desarrollado por LimX Dynamics, baja una pista nevada a -20 ºC en China y abre el debate sobre los límites actuales de la robótica en el esquí.


Un robot bípedo con esquís ha protagonizado una de las escenas más llamativas —y discutidas— del invierno. La empresa china LimX Dynamics ha publicado un vídeo en el que su modelo TRON 1 desciende una pista nevada a -20 grados centígrados, una demostración que la compañía presenta como un hito tecnológico, aunque el resultado ha generado más ironía que admiración en la comunidad del esquí.
El clip, de apenas 48 segundos, muestra al pequeño robot avanzando por una pendiente muy suave, equipado con dos esquís cortos y realizando constantes ajustes para mantener el equilibrio. En los rótulos del vídeo, la marca habla de una bajada “fluida” y “estable como la de un profesional”, aunque las imágenes reflejan un descenso rígido, sin giros claros y con un control muy limitado de la velocidad.
Desde LimX Dynamics explican que el objetivo no es exhibir técnica alpina, sino poner a prueba sus sistemas de equilibrio dinámico y adaptación al terreno en condiciones extremas de frío. “El robot mantiene la estabilidad y responde a cambios de superficie incluso a temperaturas muy bajas”, señalan desde la compañía en la descripción oficial del vídeo.
El TRON 1 forma parte de una plataforma modular pensada para la investigación en robótica humanoide, con diferentes configuraciones de pies —puntuales, con suela o con ruedas— y un entorno abierto para el desarrollo de algoritmos de control y aprendizaje por refuerzo. En este caso, los esquís actúan como una extensión experimental para analizar cómo el sistema responde al deslizamiento.
Sin embargo, la reacción del mundo del esquí ha sido clara. Comparado con un debutante en una pista de principiantes, el robot carece de gestos básicos como el viraje en cuña o la absorción de irregularidades. Lejos de los gigantes, las pendientes pronunciadas o los campos de baches, la demostración deja claro que la robótica aún está a años luz de replicar la técnica y sensibilidad de un esquiador humano.
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Aun así, el experimento marca un paso simbólico. No por lo que hace sobre la nieve, sino por lo que anticipa: la entrada progresiva de la inteligencia artificial y la robótica en entornos outdoor, donde el equilibrio, la adaptación y la lectura del terreno siguen siendo desafíos enormes incluso para las máquinas más avanzadas.
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