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Thomas Van Woensel y su odisea de 4.800 kilómetros en una de las competiciones más extremas: “Cada día es diferente”

El remero belga afronta en solitario el desafío de la World’s Toughest Row, cruzando el Atlántico a fuerza de brazos entre Canarias y Antigua mientras lucha contra el océano y la soledad.

Thomas Van Woensel en el Atlántico con su embarcación a remo
Thomas Van Woensel
Marc Fontrodona
Responsable editorial AS Acción
Nació en Barcelona en 1989. Se licenció en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona. Es el responsable editorial de AS Acción, el vertical de action sports del diario AS creado en 2016. Especialista y practicante de muchas de estas disciplinas, lleva contando historias de action sports desde hace más de una década.
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El Atlántico no concede tregua, y Thomas Van Woensel lo sabe mejor que nadie. El belga, de 31 años, se encuentra inmerso en una travesía de 4.800 kilómetros a remo en solitario dentro de la exigente World’s Toughest Row, considerada una de las pruebas de resistencia más duras del planeta.

La aventura comenzó el 14 de diciembre desde La Gomera, con rumbo a Antigua a bordo del Madlantic. “Cada día es diferente. A veces las olas son cortas y manejables, y de repente aparece un muro de agua de ocho metros. El océano es increíblemente poderoso, pero el paisaje es indescriptible”, explica el remero mientras continúa avanzando mar adentro.

Rutina, aislamiento y salchichas en tomate

Su rutina es tan extrema como el desafío: rema hasta 16 horas diarias, duerme en bloques cortos y se despierta cada 90 minutos para comprobar el rumbo. Las noches suelen ser especialmente complicadas, con viento cambiante y lluvia intensa. “Hay momentos en los que tienes que empezar a remar de madrugada porque el barco se ha desviado”, reconoce.

El aislamiento es otro de los grandes rivales. Aunque se preparó mentalmente para la soledad, admite que hay jornadas duras. El contacto con familiares y amigos, así como podcasts y música tranquila, se han convertido en aliados clave para mantener la moral. Incluso ha vivido encuentros inesperados, como la aparición de un tiburón que siguió su embarcación durante varios minutos.

Como bastante para mantenerme fuerte, pero empiezo a soñar con pizza y patatas fritas

Thomas Van Woensel

Durante las fiestas navideñas, el remero también encontró un pequeño respiro en la alimentación, dentro de las limitaciones del océano. “El día de Navidad me abrí una lata de atún y otra de melocotón. Fue un auténtico festín”, explica con humor. En Nochevieja, el menú fue algo más contundente: “Comí salchichas en salsa de tomate y estaban buenísimas”. Habitualmente se alimenta a base de raciones liofilizadas que consume frías para no perder tiempo ni energía, acompañadas de frutos secos, snacks y algo de dulces. “Como bastante para mantenerme fuerte, pero empiezo a soñar con pizza y patatas fritas”, admite entre risas, consciente de que esos pequeños caprichos también ayudan a mantener la motivación en mitad del Atlántico.

Preparación y solidaridad

Nada de esto es casualidad. Van Woensel se preparó durante dos años, combinando entrenamientos interminables en un ergómetro con horas obligatorias en el mar y pruebas técnicas. Su historial en pruebas extremas como la Barkley Marathon o el Marathon des Sables avala su capacidad para sufrir.

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Más allá del reto deportivo, su travesía tiene un propósito solidario: recaudar fondos para el Instituto del Cáncer de Lovaina, una causa personal que da aún más sentido a esta odisea oceánica. Si todo sigue según lo previsto, en unas semanas podrá pisar tierra firme. Entonces, confiesa, llegará el momento de emocionarse.

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