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"Golpeé al tiburón en la nariz hasta que soltó a mi mujer"

Una surfista y su marido relatan la traumática experiencia con un ataque de un tiburón de tres metros en una playa australiana.

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"Golpeé al tiburón en la nariz hasta que soltó a mi mujer"
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Chantelle Doyle es una surfista de 35 años a la que un ataque de tiburón le ha cambiado la vida. Mark Rapley, de 37, es su marido y también surfista. Hace poco más de un año, sufrieron este ataque en una playa de Port Macquarie (New South Wales) y han decidido contarlo con pelos y señales en un 60 Minutes Australia.

La historia empieza explicando que se trataba de un día "claro y soleado" en el que nada parecía fuera de lo normal. Chantelle estaba surfeando en el agua cuando "un tiburón me agarró de la pierna y aunque no fue muy doloroso, sí noté mucha presión". Según relata la surfista, en ese momento gritó mucho y su marido acudió al rescate. Supone que estaría un rato de forcejeo con el tiburón -un tiburón blanco de 3 metros- porque su marido pudo llegar (aunque ella le quería echar del agua).

Una vez allí, Rapley se subió a la tabla de su mujer y empezó a golpear al tiburón en la nariz: "Era la parte que estaba fuera del agua, así que empecé a darle puñetazos". Hasta que se soltara, porque "lo único que quieres es que se vaya". Le dio en la nariz alegando que es un punto más sensible y aun así afirma que "era como golpear un muro de ladrillos".

El caso es que funcionó, porque el tiburón se fue y Rapley pudo llevar a Doyle a la orilla, donde bañistas y paramédicos la pudieron atender. Le hicieron un torniquete para que no se desangrara y luego un helicóptero la trasladó al hospital de Port Macquaire. Más tarde, un avión medicalizado la llevó al hospital de Newcastle, donde se sometió a varias cirugías.

El ataque del tiburón afectó a la rodilla, pantorrilla, tendones, huesos, cartílagos y nervios de la pierna de Chantelle, pero por suerte no tocó las arterias, que es lo que la podría haber matado en el acto. Eso sí, le quedaron varios nervios cortados y por lo tanto asegura que "no puedo mover ni sentir mi pierna derecha y me han dicho que tengo que esperar más de un año a que mis nerviocrezcan para saber qué pasa".