Mucho tequila y poco Panathinaikos
Los verdes caen en El Pireo en una batalla dominada por el Olympiacos, que da un golpe sobre la mesa. El equipo de Ataman, al límite.


El partido entre el Olympiacos y el Panathinaikos en El Pireo venía calentito. Ya era de por sí uno de los clásicos por excelencias del baloncesto griego en particular y europeo en general. Pero, además de eso, se trataba de una batalla acuciante para unos y para otros: los locales estaban inmersos en una pelea tremenda por entrar entre los cuatro primeros de la clasificación y entrar así en primera ronda. Los visitantes, por su parte, tenían una misión muy distinta, la de evitar el play in y no tener que jugar esa especie de previa que la Euroliga se inventó imitando el modelo estadounidense y que ha llegado para quedarse. Dos objetivos distintos, pero una batalla que iba a ser de las buenas. Al fin y al cabo, en la máxima competición continental se puede ganar y perder contra cualquiera.
El asunto venía además muy zarandeado por las (otra vez) explosivas declaraciones que en la previa habían hecho el siempre polémico Ergin Ataman y su presidente, Dimitrios Giannakopoulos. El entrenador rechazó los nervios en las declaraciones previas al encuentro: “¿Presión? Ha hecho buen tiempo y fui a nadar. Iremos a la Final Four”. Y el mandamás y su modus operandi habitual fueron más allá: “Soy muy optimista. Tenemos el mejor equipo de Europa, los mejores jugadores de Europa, el mejor ambiente de Europa, el mejor pabellón de Europa y el mejor entrenador de Europa. Es solo cuestión de tiempo para que esta mesa tenga los tres trofeos. Lo celebraremos el 22 de junio, el día de mi cumpleaños. Están todos invitados. Pondremos tequila en uno, vodka en otro. ¿Y qué pondremos en el tercero, Kendrick (Nunn)? Bueno, coñac. Eres mi chico. Soy muy optimista”.
Pues bien, no hubo mucho tequila ni nada de sus derivados. Y el Panathinaikos pereció en El Pireo ante el eterno rival para con, ocho jornadas para la conclusión de la fase regular, quedarse todavía más lejos de su objetivo inicial. Y eso que los verdes lo intentaron hasta el final, a pesar de irse 11 por debajo (40-29) al descanso. Un estirón tremendo en el tercer periodo (18-27 de parcial) les metió de lleno en el partido y les dio opciones de poner la igualada, aunque los locales en ningún momento perdieron la ventaja y resistieron permanentemente por delante. Al final, ímprobos esfuerzos sin recompensa, victoria del favorito por carácter y balance, y derrota del otro coco griego, que cada vez se complica más a pesar de que todavía tiene tiempo para enmendar la situación. Eso sí, los días pasan y las jornadas también. Y el margen se reduce. Considerablemente.
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Sin Sasha Venzenkov (más mérito para los locales), el Olympiacos hizo gala de un importante juego colaborativo y tuvo hasta cinco jugadores con dobles dígitos en anotación, además de permitir que los 10 jugadores que participaron en la rotación metieran por lo menos una canasta. El Panathinaikos, cómo no, tiró de ingenio y destreza individual, pero lo que no le ha valido hasta ahora tampoco le sirvió ante su rival: Kendrick Nunn, eso sí, cuajó su enésima gran actuación y se fue a 20 puntos, con un 5 de 7 en tiros de dos y un 3 de 6 en tiros de tres, y aunque dio 6 asistencias también cometió 6 pérdidas de las 17 de su equipo. Al final, no hubo final feliz ni bebidas alcohólicas para el PAO, que se encomienda a lo que queda de temporada para intentar apañar la situación. Una cada vez más sombría y que les deja al límite de todo. A veces, eso de mejor tarde que nunca no se cumple. Por lo que sea.
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