Alba BerlinALB
85
UnicajaMAL
88
Finalizado
BCL FIBA | Cuartos de final

A la Final Four con sudor y suspense

El Unicaja se impone en Berlín en un partido donde se complicó la vida en el último cuarto, pero que terminó sacando en la prórroga. Cuarta Final Four seguida y a por el tercer título consecutivo en Badalona.

Djedovic anota.
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El Unicaja estará en la Final Four de la Basketball Champions League por cuarta temporada consecutiva y volverá a pelear por el título, esta vez en Badalona, del 7 al 9 de mayo, donde buscará su tercer entorchado seguido y prolongar una dinastía que ya lleva tiempo dejando de ser una sorpresa para convertirse en costumbre. El equipo malagueño, sin el brillo ni la contundencia de otras campañas, se sostiene en una competitividad que habla más de carácter que de talento puro, y que le mantiene con vida por agrandar un ciclo ganador. Pero el billete a Badalona no fue ni limpio ni plácido, sino más bien una travesía incómoda, espesa por momentos y peligrosamente enredada en un final que rozó el descontrol. El Unicaja, que llegó a gobernar con solvencia y una ventaja de catorce puntos a falta de cuatro minutos (55-69), se dejó arrastrar por uno de esos apagones que viene insinuando durante la temporada, perdiendo el hilo, el pulso y casi algo más ante un Alba Berlín atrevido y valiente, que encontró grietas donde parecía no haberlas y obligó al conjunto malagueño a sobrevivir a una prórroga que nunca debió existir (85-88).

El partido nació ya torcido, denso, como si cada ataque pesara más de lo habitual, con ese aire de bocadillo de cemento que se instaló en el primer cuarto y que convirtió el juego en un ejercicio de paciencia más que de talento. El Alba tomó la delantera con un 15-13 corto pero significativo, aprovechando mejor ese escenario de barro, mientras el Unicaja trataba de entender el ritmo sin encontrar apenas fluidez, condicionado además por el desastre inicial de Balcerowski, tres faltas en apenas tres minutos que le sacaron del partido antes de poder siquiera entrar en él y que terminaron marcando su noche hasta una eliminación prematura en la segunda parte. Nada terminaba de encajar en el ataque malagueño, atascado en el triple con un 3/16 al descanso y sostenido más por inercia competitiva que por acierto real, mientras el Alba, con más energía, más hambre y una chispa más reconocible, llevaba el peso del partido. Aun así, el Unicaja se agarró al marcador con uñas y oficio hasta ese 36-34 al descanso, esperando su momento, dejando pasar el chaparrón sin perder del todo la vertical.

A la Final Four con sudor y suspense
Webb machaca.

Ese momento llegó tras el intermedio, cuando el equipo de Ibon Navarro encontró por fin una rendija por la que respirar y empezó a enseñar los dientes. Chris Duarte dejó destellos de calidad, un golpe de talento de esos que en Málaga se han visto a cuentagotas desde su llegada, y el equipo comenzó a estirarse con más convicción que continuidad. Bajo el aro, la energía inagotable de Emir Sulejmanovic sostuvo el pulso físico, multiplicándose pese a sus limitaciones, mientras Kendrick Perry después encendía la mecha desde el perímetro. Tres triples casi consecutivos del base de Florida permitieron abrir una brecha que ya sonaba a control, a partido encarrilado, a 49-60 primero y a un 55-69 que invitaba a pensar en una noche relativamente tranquila.

Pero el Unicaja, fiel a esa versión irregular que ha asomado en distintos tramos del curso, volvió a desconectarse justo cuando parecía tenerlo todo bajo control. El Alba, lejos de rendirse, empezó a atacar con decisión, encontrando caminos hacia el aro, castigando cada desajuste y creciendo en confianza a medida que el reloj avanzaba. Y entonces apareció la figura de Kajil, el joven talento que pondrá rumbo a Gonzaga la próxima temporada, para dinamitar cualquier lógica con un triple imposible que colocaba el 72-74 a falta de 35 segundos y sembraba el pánico en el bando malagueño. El desenlace del tiempo reglamentario fue un ejercicio de tensión mal gestionada, con decisiones precipitadas, tiros libres fallados, segundas oportunidades inesperadas y una última posesión que terminó en una bombita fallida de Kalinoski cuando parecía más sencillo anotar que errar. El partido, contra todo pronóstico, se iba a una prórroga que premiaba la fe del Alba y castigaba la inconsistencia del Unicaja.

A la Final Four con sudor y suspense
Kayil anota para el Alba.

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El equipo malagueño encontró un último refugio en su experiencia. La vieja guardia dio un paso al frente, con Perry volviendo a asumir responsabilidades y Alberto Díaz y Nihad Djedovic aportando la serenidad necesaria para reconstruir una ventaja corta pero suficiente. El Unicaja volvió a estirarse entre los cinco y los siete puntos, sin terminar de romper el partido, pero esta vez sin dejarse arrastrar del todo por el vértigo. El Alba aún tuvo arrestos para intentarlo una vez más, para apretar hasta el final y obligar a mirar el reloj de reojo, pero ya no encontró el premio de la remontada. El 85-88 final cerró una noche rara, incómoda, con más sombras que brillo, pero con el objetivo cumplido.

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