EUROLIGA | 20ª JORNADA

Calvario del Madrid en Moscú

Los blancos caen con estrépito en la pista del Khimki 48 horas después de perder frente al CSKA. Momento bajo. Exhibición de Shved, que hizo 21 puntos y 13 asistencias.

Sin Rudy ni Randolph, pilares de las últimas jornadas, y con Llull y Reyes de vuelta pero sin ritmo tras muchas semanas fuera, el Madrid fue zarandeado por el Khimki. Tampoco Deck ha regresado con pujanza y menos aún Mejri. Una falta de energía, de conexiones colectivas, de acierto y de determinación que contrastaban con un rival ansioso por demostrar que su plantilla es de aúpa pese a enlazar cuatro derrotas.

El camino lo desbrozó Alexey Shved, máximo anotador de la Euroliga. Su exhibición fue la mayor del curso por números y la mejor por aportación al grupo. Shved sonreía antes del salto inicial, como le pedía hace unos años Ricky Rubio en la NBA, y el base-escolta ruso enseñó a sus compañeros la senda que debían coger. Al descanso, en apenas 16 minutos en pista, apilaba 14 puntos con 4 triples sin fallo y 9 asistencias para 24 de valoración. Acabó con 21 tantos (5 de 7 de tres), 13 pases de canasta y 31 créditos. Hasta algunas de sus 6 pérdidas estuvieron bien gestionadas.

“Hay que bajar sus registros”, había pedido Laso en la previa. No lo lograron y la tarde se torció. Más que a una estrella —que también— vimos el potencial de un equipo que lanzó de dos con un 67% de acierto, anotó 15 triples de 27, dominó el rebote y repartió hasta 29 asistencias para 102 puntos y 121 de valoración. Y lo hizo frente al que era al principio de semana el colíder de la Euroliga. Los cuatro días en Moscú han sido un calvario para el Madrid.

La cancha del Khimki no estaba maldita para los blancos como la del CSKA, pero lo pareció. Aunque basta con repasar los precedentes, tres victorias previas seguidas, para comprobar que no es así. Si el martes la defensa del campeón asfixió al Real (la falta de movilidad y el abuso del bote tampoco ayudaron), esta vez el ataque del Khimki lo desbordó. Los de Kurtinaitis iban siempre un pasito por delante en la circulación de balón.

Causeur y Mickey, los mejores

Campazzo no era el de las grandes noches. Aún ve el Mundial por el retrovisor mientras los minutos castigan sus piernas. No hay nadie ahora en el equipo que asuma sus galones en la generación de juego y se nota mucho. Tavares, por su parte, cedía de inicio en alguna acción ante la velocidad de Booker. De más a menos sin resultar nunca un factor clave. En defensa bailaba con los más feos, pívots tiradores y móviles, y en ataque no halló espacio para las continuaciones. Laso trató de dar un volantazo en la reanudación juntando a los tres interiores (Thompkins, Mickey y Tavares). El motivo, la falta de respuesta exterior, donde solo Causeur daba la talla. Ni Laprovittola ni Carroll ni Llull cambiaron dinámicas. Quizá el escolta francés debió jugar más.

El duelo se quebró en el segundo cuarto (55-44) y en el inicio del último ya tenía poco arreglo. El Khimki había pasado de aceptar el habitual intercambio de canastas, al que le empuja su talento como opción más cómoda, a creérselo de verdad. Al acierto de Shved y Timma se unieron Jovic, Karasev y los interiores Evans y, sobre todo, Gill. Este hizo mucho daño y terminó de extender la impotencia en el adversario, que mostraba una defensa muy alejada del nivel mínimo requerido. “Las ausencias de tantos jugadores en el último mes nos han hecho perder ritmo”, explicaba unas horas antes el propio Laso. El tramo final sirvió para que Mickey y el Madrid maquillaran la contundencia de la derrota, del 93-69 tras cinco minutos sin ver aro, al 102-94 definitivo. Segundo traspié en 48 horas después de más de dos meses y 13 partidos sin perder. Ante el CSKA se quedó en 55 puntos (la cifra más baja en 10 años) y del Khimki recibió 102 (la más alta de la temporada). Momento bajo en una Euroliga que lo castiga todo.