Cena de matrícula: del Ventorrillo al Faro

Pepu ha concedido la primera mañana de descanso a sus jugadores desde que aparecieron por San Fernando el jueves por la tarde. El asueto no es casual. Anoche se celebró la tradicional cena de matrícula, en la que los novatos se rascan el bolsillo y pagan una cena pantagruélica para los compañeros que piden comida hasta decir basta. Este año les ha tocado a Víctor Claver y Mario Bruno Fernández. El valenciano acaba de aterrizar del Mundial Sub-19 de Novi Sad y es una de las apariciones más (muchas) ilusionantes del baloncesto español en los últimos tiempos. Mario, base del Gran Canaria ya en la agenda de alguno de los grandes, realiza también su primera concentración como pre-seleccionado. Los dos pagarán la cena, que este año ha cambiado de escenario. El Ventorrillo del Chato, lugar fetiche de la cena de matrícula, cerraba por descanso en domingo. Un fastidio para los que descubrieron el restaurante (en medio de la Bahía y el Atlántico) hace tiempo. Tampoco tardaron demasiado en resolverlo. Lo sustituyeron por El Faro, otro enclave clásico junto a la playa de La Caleta en Cádiz. La cena permitió el primer receso en cuatro días a los jugadores. Algunos hasta acumulan agujetas por el trabajo al que les somete Pepu. Más de cuatro horas diarias en medio de un fenomenal calor en Bahía Sur. Algunos, como Garbajosa, las superan en su carrera por recuperar el tobillo izquierdo antes del primer partido ante Portugal en Sevilla. Todo transcurre, además, en medio de las mismas claves de camaradería y solidaridad que tan buen resultado dieron el año pasado. Una de ellas, por supuesto, la cena de matrícula.



