El triunfo de un Hernández es seguro en las semifinales

Tras la medalla de oro conquistada en los Juegos Olímpicos Atenas-04, Rubén Magnano renunció a seguir en el banquillo argentino. Emigraba, como tantos jugadores, a Italia, a Varese. La Federación del país suramericano se puso manos a la obra y encontró en Sergio Hernández (el ex madridista Julio Llamas también aspiraba al cargo) al nuevo técnico para su equipo campeón.
La Oveja, por cómo llevaba antes el pelo, entró de puntillas en su selección en marzo de 2005, y ha acabado devolviendo a la albiceleste la brillantez en el juego de campeonatos anteriores Es un Pepu Hernández a la argentina, o al menos eso asegura el propio técnico: "Le conocí hace poco, pero me siento muy identificado con él".
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¿Será cuestión del apellido? "Pepu es una persona encantadora -añade Sergio Hernández-, me gusta mucho su manera de ver el baloncesto. Hace su trabajo de forma sencilla, sin misterios, sabiendo que esto no es una ciencia exacta, que no hay fórmulas definitivas. No dramatiza cuando le toca perder y tampoco se subirá a la Puerta de Alcalá de Madrid para que le saluden si gana".
El caso es que un Hernández, Pepu o Sergio, estará en el banquillo de unos de los finalistas. El triunfo está asegurado entre colombroños.



