La pequeña peluquería que vendió en pesetas el primer premio de la Lotería del Niño: “Hubo muchas reparaciones, coches nuevos...”
Épila recuerda el sorteo de 1990, cuando una peluquería del municipio repartió casi 3.000 millones de pesetas entre sus vecinos.

Épila (Zaragoza) guarda en su memoria colectiva un número que todavía hoy muchos recuerdan y algunos siguen jugando: el 96.722. Fue el que, el 5 de enero de 1990, llevó el primer premio de la Lotería del Niño a este municipio zaragozano gracias a una pequeña peluquería que repartió participaciones entre decenas de vecinos.
“Imposible olvidar a Olvido”, recuerdan en el pueblo sobre la mujer encargada de distribuir el premio que llegó incluso a hacerse eco en medios internacionales como el Daily Telegraph.
El premio fue excepcional incluso para los estándares de la época. Hubo dos premios especiales de 500 millones de pesetas por décimo y, al haberse vendido todo en participaciones, el importe total repartido alcanzó los 2.888 millones de pesetas, una cifra equivalente a unos 18 millones de euros de 1990. Cada participación suponía un premio de seis millones de pesetas.
Un sorteo poco habitual para la peluquería
La peluquería no solía vender lotería del Niño. Habitualmente solo repartía participaciones para el sorteo de Navidad, pero ese año había tocado una pedrea. Al cambiarla, decidieron volver a jugar para el sorteo del Niño. Aquella decisión se tradujo en 36 millones de pesetas cobrados en ese primer momento y, después, en uno de los premios más recordados de la historia del pueblo.
Treinta y cinco años después, encontrar a los agraciados no es sencillo. Muchos prefieren no hablar o mantener el anonimato. Aun así, algunos vecinos accedieron a recordar ante las cámaras de Aragón TV lo que supuso aquel premio.
En una cafetería del municipio lograron encontrar a una de las vecinas a las que sí les tocó la lotería. Recuerda que su marido estaba repartiendo pan cuando se enteraron del premio. “Fue una alegría muy grande”, relata. La noticia se extendió rápidamente por el pueblo y la celebración fue inmediata. “Abrió la furgoneta para que se llevara toda la gente los huevos, las magdalenas”, cuenta entre risas.
El impacto económico se notó durante años. “Algunos nos hicimos nuestras casas, otros se compraron tractores nuevos”, explica esta vecina, que recuerda el ambiente de euforia que se vivió en Épila. A ella le correspondieron 12 millones de pesetas. “Me podían haber tocado más, pero bienvenidas fueron”, señala.
Alfredo, sobrino de la peluquera, enseña el lugar donde estaba el establecimiento y describe la revolución que supuso el premio. “La gente era todo un burbullo, todo el mundo celebraba”, recuerda. Las botellas de champán, poco habituales entonces en el pueblo, se multiplicaron aquellos días.
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En su casa también tocó la lotería. A él le correspondieron algo más de seis millones de pesetas, que invirtió íntegramente en la vivienda. “Para mí aquello era como si hubiera sido una fortuna, porque entonces yo no tenía nada”, explica. A su juicio, el efecto del premio fue visible durante mucho tiempo: “Hubo muchas reparaciones, hubo muchos coches, hubo mucho de todo”.
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