Un jefe reparte un ‘Gordo’ de casi 400.000 euros a sus 539 empleados tras vender su empresa: “Nos pareció justo”
La suma millonaria que tuvo que pagar la empresa a los antiguos trabajadores para poder cerrar el contrato de propiedad de la manufacturera.

En un contexto donde la distribución de la riqueza corporativa ocupa un lugar cada vez más céntrico en el debate público, Graham Walker, antiguo director ejecutivo de Fibrebond, muestra un ejemplo de equidad y responsabilidad social corporativa. La empresa manufacturera con sede en Minden, Alemania, se vendió a la multinacional Eaton por un valor aproximado de 1.700 dólares, el equivalente a 1.444 euros, pero el contrato no acabó ahí.
La venta de la fábrica de Luisiana venía con una condición no muy frecuente en el sector: el nuevo director debía asignar el 15% de las ganancias a sus 540 trabajadores a tiempo completo en un plazo de cinco años. Una condición que acabó con el pago de 443.000 dólares, aproximadamente 376.500 euros, a cada uno de los antiguos empleados de la empresa.
Esta iniciativa surgió ante el deseo de Waker de mantener el puesto de todos los trabajadores que habían ayudado a levantar la empresa y que esta siguiera funcionando durante tantos años, además de una compensación por su esfuerzo. La condición que se le impuso a los empleados para recibir estas ganancias fue mantener sus puestos de trabajo en la empresa durante ese periodo inicial de cinco años.
Viajes, ahorros y negocios
Mas de 240 millones de dólares fue la suma final de las bonificaciones que recibieron los 540 trabajadores de la empresa, donde los más veteranos pudieron recibir unas ganancias superiores en comparación al resto. Como resultado, muchos de los empleados utilizaron el dinero para gastos universitarios, pagos de hipotecas o aumentar sus ahorros. Otros prefirieron gastar el dinero de las bonificaciones en caprichos, viajes y sueños como abrir una tienda o emprender su propio negocio.
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Con esta iniciativa, Walker pretendía mantener la estabilidad operativa durante la transición de propiedad y supo que sus antiguos empleados eran clave para ello. Desde la inauguración de la empresa en 1980, la familia Walker tuvo que enfrentar grandes desafíos, entre ellos incendios, recesiones y crisis económicas. El salvavidas que consiguió sacar a flote la empresa fue, sobre todo, la lealtad y el esfuerzo de sus trabajadores. Ahora, con la venta de la empresa, Walker no solo consiguió mantener al personal de su equipo en sus puestos de trabajo, sino también agradecerles su tiempo y dedicación.
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